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Análisis NBA: El camino de Ben Simmons

Análisis NBA: El camino de Ben Simmons

Tras un año sin jugar, señalado por prensa, aficionados y compañeros, Ben Simmons se acerca en Brooklyn a su mejor nivel.

La mejor versión de Ben Simmons que hemos visto nunca llegó sin Joel Embiid. Cuando el camerunés cayó lesionado, todavía en Philadelphia, el base pudo brillar con luz propia rodeado de anotadores y ejecutores. Sin un jugador que necesitara el balón y con absoluta libertad de no tener que jugar para una referencia interior. Utópicamente, la opción de Brooklyn era un paraíso para Simmons: Seth Curry, Patty Mills, Joe Harris o incluso los nuevos llegados, Royce O’Neale, Markieff Morris o Yuta Watanabe. Los Nets eran el escenario ideal para recuperar ese Simmons. El problema es que el viaje no iba a ser solo en la pista para el australiano.

En los últimos 18 meses ha sido acusado de todo. Prensa, aficionados y hasta los compañeros apuntaron el dedo hacia Simmons desde el séptimo partido de las semifinales de conferencia de 2021. Ante Atlanta, y con dos abajo y tres minutos por jugarse, el base decidió no tirar a canasta pese a tener el camino libre. Prefirió pasarle el balón a Matisse Thybulle, quien recibió una falta y metió solo un tiro libre. Philadelphia acabó perdiendo el partido y la serie, una derrota que se puso en los hombros de Simmons. Esos fueron sus últimos minutos vistiendo la camiseta de los Sixers.

La siguiente temporada, Ben Simmons aseguró no estar listo para jugar por problemas mentales. Pidió el traspaso, la franquicia no aceptó y decidió no presentarse a los entrenamientos antes de iniciar el curso. “Ya estaba yendo a terapia desde el año anterior, estaba en un lugar muy oscuro en mi vida. Era una acumulación de todo: toda esa presión, y múltiples cosas que pasaban con mi familia” explicaba en una entrevista con el Sydney Morning Herald. Y fue claro: “Se supone que tus compañeros y tu entrenador van a cubrirte las espaldas, y no fue así”.

Ben Simmons, una vida bajo el foco

Al final, Simmons siempre ha tenido el foco encima. Es el jugador con más talento de la historia de Australia, el futuro del baloncesto en la isla. En 2015, cuando decidió que asistiría a la universidad en LSU, el mundo paró a su alrededor. Shaq le definió como “el mejor jugador del mundo”, Magic Johnson habló de él como “el mejor jugador total desde LeBron James” y hasta el propio LeBron le dijo, de manera privada, que podía ser mejor que él. Pero ni siquiera su periplo universitario fue escaso de drama. No llegó a la nota necesaria para poder aspirar a, por ejemplo, el premio a mejor jugador nacional y dejó de ir a clase en su segundo semestre sabiendo que iba a ser #1 del próximo draft.

Y en la NBA no cambió. Tras ser elegido primero por Philadelphia, se perdió su primera temporada por lesión y ganó el premio al mejor novato en su segundo año. Su impacto fue inmediato: All Star, All NBA, All Defense, lo tenía todo. Hasta fuera de la pista Simmons estaba en la prensa por sus relaciones personales, con Kendall Jenner o la presentadora Maya Jama. “Todo se fue sumando, y el baloncesto, que solía ser mi lugar feliz, dejó de serlo. Ya no me divertía”.

Uno de los responsables fue Doc Rivers, el entrenador en Philadelphia. Tras el incidente ante Atlanta, cuando a Rivers le preguntaron si Ben Simmons podía ser el entrenador de un equipo campeón, su respuesta fue tan dubitativa como clara al mismo tiempo: “No sé la respuesta a esa pregunta ahora mismo”. No fue el único incidente con Doc. Cuando Simmons por fin volvió a entrenar con el equipo, Rivers le lanzó directamente al fuego. “No estaba listo todavía para entrenar con normalidad y se lo dije, pero me puso igualmente”.

Desde ese momento, Philadelphia empezó a sancionar económicamente a Simmons por ausencias en los partidos, ya que no había un motivo real para faltar. Simmons contaba con su propio terapeuta, pero no quería trabajar con los médicos del club. La relación entre la franquicia y el jugador estaba rota. El nivel de aversión hacia Ben Simmons era tal que, incluso sus fundaciones y trabajos con la comunidad se vieron afectados. Melissa, una de las hermanas de Simmons, asegura que varios niños que recibieron una beca tecnológica, no la aceptaron por estar asociada con el jugador. Y para entonces solo había una opción: en febrero salía traspasado por James Harden rumbo a los Nets. Vida nueva, franquicia nueva. Y ahora una lesión de espalda.

Vida nueva en Brooklyn

Dos de las vértebras, L4 y L5, sufrieron daño que le alejaron desde su llegada a Brooklyn. Se le volvió a acusar a fingir para no jugar, de no querer salir a pista. En marzo, médicos confirmaban la lesión que le alejarían para toda la temporada; a punto estuvo de volver en playoffs ante Boston, pero no pudo. “El día antes estaba jugando 5 contra 5, pero no estaba del todo bien. Al día siguiente no me podía mover”. Leyendas de la NBA le volvieron a señalar, Reggie Miller, Shaquille O’Neal. Volvía a estar en el ojo del huracán hasta pasar por quirófano en mayo. “Tuve un año terrible, pero ahora sé como manejar mis emociones y sé qué tenía que hacer para volver a mi camino”.

La offseason de los Nets le ayudó. El caos que fueron Kyrie Irving y Kevin Durant hizo que, por un momento, la gente olvidara a Simmons. Empezó la temporada lejos de su mejor nivel, errático, nervioso y con molestias en la rodilla. Pero ahora las expectativas para él son diferentes, principalmente porque es el tercer mejor jugador del equipo. Y con tiempo, regularidad y confianza, estamos viendo su mejor versión desde la noche de Atlanta. “Todo el mundo me ha estado criticando por un año, y apesta. Pero me gusta cuando la gente quiere verme fracasando, porque estoy jugando con ventaja. Sé que no voy a salir ahí fuera y fracasar, sé que no va a pasar”.

En la última semana, Simmons ha jugado sus mejores partidos con los Nets. Ante Portland se fue a 15 puntos y 13 rebotes, en el duelo ante Memphis firmó su máxima anotación con 22 tantos y en la temida vuelta a Philadelphia repartió 11 asistencias. Tres partidos en los que su versión más pura brilló, aunque tuviera que cambiar de rol. Sin Claxton, Ben jugó de pívot. Sin referencia interior, sin un jugador necesitando el balón tanto como Joel Embiid. La última, pese a la derrota, fue la gran prueba de fuego. Ben Simmons volvía a casa, al pabellón de los Sixers.

“Siento que estoy en un buen lugar para venir aquí y jugar a baloncesto”, aseguraba Simmons tras el partido. “Estoy feliz, hago lo que me gusta, así que salir a pista y tener esa experiencia ha sido increíble”. Con esa experiencia se refiere a los abucheos de la afición local, quienes todavía no le han perdonado a Simmons la temporada en blanco el pasado curso. Ni siquiera fue tímido Ben, que tuvo tiempo de celebrar dos tiros libres al más puro estilo Michael Jordan o incluso mandar callar al público. Los Sixers, pese a las bajas de Harden, Embiid y Maxey, consiguieron la victoria.

Solo 24 horas más tarde, los Nets se resarcían en Canadá. “Ben está mejor físicamente”, explicaba Jacque Vaughn, entrenador de los Nets, tras el triunfo en Toronto. “Que sea capaz de subir el ritmo del partido, de conseguir tiros abiertos para el rival, de atacar el aro. Como más sano esté, mejor jugará”. Y el propio Simmons lo confirmaba. “Sé donde estoy y estoy trabajando para alcanzar el nivel a donde tengo que llegar para ayudar al equipo a ganar”. Suma, desde que se perdió el partido ante los Lakers, cinco noches seguidas en dobles figuras y han sido tres victorias para los Nets. En ellas promedia 14.6 puntos, 6.4 asistencias y 7 rebotes.

Lo importante es estar aquí. “Tomó tiempo, pero estoy en pazo con quien soy y con lo que está pasando a mi alrededor. Sé cuáles son mis prioridades y qué necesito hacer cada. Solo quiero ser yo mismo”, aseguraba Simmons en su entrevista en Australia. Ya no es el próximo LeBron o el mejor jugador del mundo, ni siquiera sabemos si volverá a ser All NBA o All Defense. Pero como mínimo en Brooklyn ha conseguido algo que no logró en su último año en Philadelphia: ser Ben Simmons, jugador de baloncesto en la NBA.

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