Columna por Paco Torres
Última actualización 31/07/2012@23:46:50 GMT+1
Es recurrente cada vez que la selección norteamericana disputa unos Juegos Olímpicos mirar atrás y recordar al Dream Team que jugó en Barcelona 92.Durante unos cuantos años tuvimos que soportar hasta la nausea que desde ciertas tribunas a las sucesivas selecciones americanas se les denominara como Dream Team II, III, etc. Más que soñar, alguno de aquellos grupos nos hicieron dormir y más si pretendíamos establecer la más mínima comparación con el equipo que maravilló aquel inolvidable –por muchas razones y alguna no tan venturosa- verano del 92.
Aquella ensoñación que algunos tuvimos la fortuna de disfrutar en directo todos y cada uno de sus partidos, y además contarlo para esta revista, era y sería irrepetible. Porque, si exceptuamos a Laettner –universitario el año antes y guiño hacia los jóvenes- aquel grupo era difícilmente mejorable. Si en vez de éste hubiera estado Isiah Thomas, aunque su mala relación con alguno/s de los componentes del equipo lo impidió, no podría haberse reunido a un grupo mejor. Tal vez, ya por fabular, si unos tales Julius Erving y Kareem Abdul Jabbar hubieran alargado -¡aún más!- sus carreras podrías haber tenido ya un 12 perfecto. Hablo de aquellos años.
Claro que algunos de los jugadores que están compitiendo en Londres hubieran tenido cabida en aquél. Pero son épocas distintas. Por eso es en vano querer trasladar a un hipotético enfrentamiento la disputa de quién hubiera ganado a quién. Lo intentó Kobe Bryant, quizá llevado por esa espléndida madurez que él posee ahora, pero inteligentemente reculó. Claro que en aquel equipo había jugadores al borde de la retirada y que físicamente y salvo algunas excepciones, estos de ahora son mucho más poderosos físicamente. Eso nadie lo pone en duda. Pero mientras aquellos nos mantuvieron con la boca abierta porque nunca hubiéramos soñado que se pudieran juntar ¬–en el All Star, además de ser otra cosa jugaban en equipos separados- tantas estrellas. Magic, siempre en el Oeste, pasando balones a Bird y a Jordan, siempre en el Este. Maravilla de maravillas.
Con todo esto no quiero menospreciar en absoluto al equipo de Mike Kryzewski, que me parece espléndido y más que lo podía haber sido de no haber sido por algunas lesiones. Bien haríamos en disfrutar con su juego, porque de cumplirse la propuesta de USA Basketball esta será la última ocasión de ver juntas a unas estrellas de tal magnitud. Ya saben que desde Estados Unidos, debido a que algunos jugadores pusieron sobre la mesa la posibilidad de cobrar mucho más por ponerse el uniforme USA, quieren que a partir de Londres los equipos que representen a su país están compuestos por jugares de menos de 23 años; esto es: jóvenes con poca experiencia en la NBA y universitarios. Ya veremos si esa norma dura mucho tiempo… si es que de verdad se lleva a efecto. Porque en cuanto se queden un par de campeonatos en el segundo o tercer escalón del podio volverán de nuevo a tirar de los mejores.
Pues a este equipo, al mejor posible en estos momentos, es al que quiere ganar España. Al mejor posible entonces. Con algunos aún en sus filas ahora, unas cuantos de los jugadores españoles estuvieron a punto de ganarles en la final de los Juegos de Pekín. Cuatro años después siguen pareciendo los mejores equipos y es probable que el enfrentamiento de la pasada semana en el Sant Jordi vuelva a repetirse, esta vez con el oro en juego en la final olímpica del día 12. Ojalá. Hoy por hoy tienen más posibilidades los norteamericanos de estar ese día en la final que el equipo español. Negarlo, además de poco inteligente, sería exponerse a una relajación previa que podría dar al traste con todos los planes. Afortunadamente, Sergio Scariolo, su equipo técnico y los jugadores tienen los pies en el suelo y saben que para volver a tener la ocasión de jugar contra los norteamericanos en Londres hay que hacer muy bien las cosas previamente. En ello están.
Y luego, si esa oportunidad se diera, a aprender de ese partido de Barcelona que dejó un tanto desinflada a una buena parte de la afición española. Yo, al contrario, pienso que ha sido una muy buena experiencia para saber qué se debe hacer y qué no se debe hacer de tener a los USA boys otra vez enfrente. Hay muchas cosas mejorables, empezando porque dos jugadores tan importantes para el equipo español como Marc Gasol y Sergio Rodríguez sí estarán la próxima vez. Confiemos pues en que en estas dos semanas de competición el equipo español se afine lo suficiente como para poner en tantos aprietos al rival como hace cuatro años.
Ésta también sería una diferencia notable con respecto a la participación española y el partido ante el Dream Team aquel mágico verano de 1992.