Columna por Paco Torres
Última actualización 21/08/2012@11:04:41 GMT+1
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Los Juegos Olímpicos de Londres han coincidido con sendas concentraciones de selecciones de base de las que he sido partícipe. Es ciertamente interesante comprobar el efecto magnético que sobre las generaciones más jóvenes tienen los jugadores de la selección absoluta. En Guadalajara se concentraron gran parte (60) de los mejores jugadores de 12 y 13 años mientras el equipo nacional español iniciaba la andadura en Londres, y en Marín (Pontevedra) lo hacía la selección U15 para participar en el Torneo de la Amistad, que anualmente reúne a las selecciones de Francia, Italia, Grecia y España y que este año organizaba la Federación Española. Los jugadores vivieron durante la concentración los últimos partidos de los Juegos y, justo antes de disputar ‘su’ final –que ganaron ante Francia por 91 a 88–, disfrutaron de la de los ‘mayores’ ante Estados Unidos. Sobre ambas actividades hablaremos la próxima semana, pero en esta columna quiero reflexionar sobre esos efectos que la selección y sus componentes tiene sobre estas y otras generaciones.
No hay mejor forma de motivar a estos jugadores que la de ponerlos ante el espejo de los Gasol, Navarro, Rudy, Ricky –por supuesto y aunque no estuviera– y compañía. No hace falta más. No hay que venderles castillos en el aire, sólo hay que ponerles ante el televisor. Han crecido viéndoles jugar y ni los más mayores de las categorías de base, los sub 18, que han quedado quintos en el campeonato de Europa, clasificándose para el Mundial U19, pueden tener, por su fecha de nacimiento, el recuerdo de una mala vivencia. Han crecido viendo a sus ídolos luchando por todo y ganando Mundiales y Europeos.
La evolución del baloncesto español se puede explicar perfectamente con dos fotografías. La del podio de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles’84 y la del de Londres’12. Recuerden las caras de los Corbalán, Martín, Epi, Iturriaga, etc. y verán que son las de unos jugadores absolutamente felices... después de haber caído ampliamente ante los mejores jugadores americanos de la época. Comprueben ahora las de los doce españoles en el podio de Londres tras haber estado a punto de ganar a los mejores jugadores estadounidenses disponibles. Es de gran decepción. Pues ese es el gran logro del baloncesto español. Ese es el termómetro que marca la temperatura de nuestro deporte. Lo que hace casi una treintena de años era un sueño que suponíamos irrepetible, ahora es una constante que ha ido creciendo hasta convertirse en una realidad. Entre medias, una pesadilla –Barcelona’92–, una ausencia –Indianapolis’96– un volver a empezar –Sydney’00– y una jugarreta del destino, una deuda que quizá nunca podamos saldar –Atenas’04– donde España fue séptima tras perder solo el cruce de cuartos... ante una USA a la que luego fundió Argentina. Quizá ese era el oro olímpico que más cerca tuvimos y del que más lejos quedamos.
Luego llegó la otra final, la de los ‘pasos’, la de Pekín’08. Las caras de los jugadores reflejan un término medio entre la felicidad de Los Ángeles y el cabreo de Londres. Y así estamos ahora, de vuelta de Londres, ante lo que se supone un fin de ciclo... olímpico. Al menos olímpico. Porque la duda ahora es si el nucleo de este equipo va a jugar cada verano a partir de ahora. El Eurobasket de Eslovenia, donde se defienden los dos últimos títulos no lo olvidemos, pasa por ser un puente de paso hacia el gran reto: la Copa del Mundo de España 2014. Se da casi por descontado, aunque sólo Felipe Reyes haya dicho –por primera vez en esta revista– que no seguirá en la selección, que quizá Pau, Navarro y Calderón no vayan a disputar el Europeo... pero se espera fervientemente que sí estén en la Copa del Mundo, que es como se llamará a partir de ahora el Mundial.
Sería ese el momento de hablar de fin de ciclo... aunque pueda haber un ensayo de ‘día después’ en Eslovenia. Pero tras 2014 sí que España se quedará sin los grandes soportes. Es verdad que se han ido retirando grandísimos jugadores, pero será la primera vez que sepamos fehacientemente que no habrá más veranos con Pau, Navarro y Calderón, esa columna vertebral que casi siempre se ha descabalado cuando faltaba Pau.
Será entonces cuando los Marc, Rudy, Llull, Ricky e Ibaka ––que ha renovado por los Thunder y ganará 48 millones en 4 años– tomen el relevo de una manera definitiva, y cuando Sergio, San Emeterio, Claver, Abrines, tal vez Mirotic, entre otros, den pasos hacia delante. Será entonces cuando las generaciones que ahora alucinan comprueben que a pesar de las grandes pérdidas nada se rompe y el podio de Río se volverá a llenar de españoles... tal vez muy sonrientes.