Última actualización 04/09/2012@11:14:26 GMT+1
De las plantillas de los equipos españoles que venimos publicando en la sección de Mercado, además de la cantidad de nuevas incorporaciones –resaltan a primera vista por ir en rojo– a las que se refería Miguel Panadés la semana pasada, llama la atención otra cosa, aunque tengas que ir plantilla a plantilla para cuantificar el dato. Y el dato es muy elocuente, aunque nada gratificante. Me refiero a la proporción de jugadores españoles con respecto a la de los extranjeros.
He contado que a día de hoy hay 65 jugadores españoles entre 180. Me parece sencillamente una barbaridad, producto tal vez de que algo que pensamos que lo estamos haciendo bien, no sea cierto. ¿Salen tan poco jugadores de calidad como para que esa desproporción tan grande en las plantillas? ¿Es lógico que haya equipos que sufran para cumplir con los cupos y tengan que andar buscando un documento o un pasado más que un jugador de baloncesto? ¿Se pueden entender que algunos equipos consideren un castigo tener que contratar a ese mínimo de españoles o jugadores formados (necesitan para ello estar tres años entre los 16 y los 20) en las canteras?
No es la primera vez que hacemos este tipo de reflexiones, ni será la última. A nadie se le escapa que estamos en un mundo global en el que la ley de la oferta y la demanda es la que rige las leyes del mercado. Nunca me gustó el proteccionismo a base de cupos. Pero menos me gusta que se vaya a buscar fuera lo que estoy convencido que tenemos en casa. Quiero pensar que se invertirá la dinámica, que la crisis económica va a hacer que las apuestas por las canteras vayan más allá de querer ganar un campeonato de ésta u otra categoría. No hay nada más costoso para un club de la Liga Endesa que una cantera a la que no saque rendimiento. Bueno,, sí lo hay: fichar por fichar para cambiar y volver a cambiar. Pero fuera de esos palos de ciego –normalmente con jugadores foráneos de quita y pon– las canteras son un saco sin fondo si luego no se rentabiliza sacando adelante uno o dos jugadores por generación, bien para el primer equipo o bien para venderlos. Esa inversión se multiplica por mucho cuando esas canteras apuestan por jugadores becados de otras comunidades o incluso con jugadores que llegan de otros países.
A todo esto, hay que tener en cuenta que España es la punta de lanza de Europa; mejor dicho, de todo el baloncesto FIBA, si exceptuamos a [los grandes jugadores de] la NBA. Ahora, con la retirada de Pau, Navarro, Calderón, Reyes –la de éste ya efectiva– y compañía en el horizonte, no hacemos más que preguntarnos si hay relevo. Yo creo que sí, que lo hay, pero no porque se ganen o no medallas durante los veranos, sino porque hay talentos para poder aspirar a seguir luchando por la hegemonía en Europa y en el Mundo. Claro que es dificilísimo que salgan jugadores del tipo de Pau Gasol, porque morfológicamente no abundan cuerpos así en nuestro país, pero sí que pueden salir como Navarro, como Calderón o como Felipe. No seré yo el que dé nombres para que no recaiga sobre ellos ese peso añadido, porque bastante tienen con tratar de sacar la cabeza en las competiciones senior, bien sea en la Liga Endesa o en la Oro, pero haberlos, los hay. Segurísimo.
Echemos cuentas: este año –y hablo del baloncesto masculino, que el femenino tiene otras problemáticas, graves es muy cierto, pero también otros horizontes, por lo menos a la hora de vestir una camiseta y saltar a una cancha– ha habido alrededor de 150 jugadores, entre la U12 y la U20– en liza. Son la punta del iceberg. Y el año pasado, poco más o menos lo mismo. Y el anterior, igual. Retrocedan unos años atrás y vean cuántos de aquellos pujantes jugadores tienen cabida en el baloncesto español de élite.
Hagan un último ejercicio: repasen los nombres de los extranjeros que sí tendrán cabida en la Liga Endesa. ¿Cuántos harán fortuna –no hablo en el sentido crematístico sino en el del éxito– en nuestro baloncesto? ¿Un 10%? ¿Un 20%? Echen un vistazo a las plantillas de hace, por ejemplo, tres temporadas. ¿Cuántos siguen?
¿Merece o no la pena apostar por esos jóvenes a los que con tanto desvelo forman en sus clubes y sus colegios? ¿No estaremos malgastando tiempo, dinero y energías al trabajar con ellos durante tantos años para luego, cuando tenemos que ayudarles a dar el salto a profesionales, mirar hacia otro lado? Habría que ver si no les exigimos demasiado –o estrellas tempranas o nada– y estamos perdiendo a unos buenísimos jugadores de equipo.