“Es hora de apagar la televisión, dejar de leer lo que se escribe sobre nosotros en los periódicos y volver a centrarnos en el equipo”. La valoración de Kendrick Perkins tras el espectacular Heat-Thunder de la noche de Navidad parece una llamada a la humildad.
“Tenemos que empezar a saber qué nos ha llevado hasta donde estamos. Tenemos que cerciorarnos de que sabemos quiénes somos, lo que somos y qué papel jugamos cada uno dentro de este equipo”, prosiguió.
Perkins no dio nombres ni apellidos, y, habiendo visto la reedición de la última final de la NBA (4-1 para los Heat), se podrían hacer múltiples interpretaciones; pero si algo chirrió de los Thunder en un buen partido que estuvieron a punto de ganar en la cancha de campeón fue la obcecación de Russell Westbrook en ciertos momentos del partido por irse al aro sin considerar otras opciones.
Westbrook acabó el partido con 5 de 19 en tiros y 5 pérdidas en 43 minutos.
Lo cierto es que los Oklahoma City Thunder hicieron un partido bastante convincente, exceptuando su lento inicio (15-3), y si no hubiera sido por la buena defensa de LeBron James a Durant -KD llegó a los 33 puntos; ¿cuántos hubiera hecho contra otro defensor?- bien podrían haber resultado los vencedores de un duelo espectacular en el que también hubo decisiones arbitrales poco entendibles, la mayoría contra el equipo visitante.
Se señalaron cinco técnicas y en el último cuarto una falta dura de Battier a Westbrook estuvo a punto de provocar una tangana.
LeBron James (29 puntos, 8 rebotes y 9 asistencias) hizo un partido casi perfecto, generando (lógicamente) gritos de ‘M-V-P! M-V-P!’
La victoria deja a Miami (19-6) como el mejor equipo del Este, todavía con un balance peor que el de Oklahoma (21-6).