Poco le ha durado al Barcelona la alegría por derrotar al eterno rival. En la segunda jornada del Top 16 el equipo de Xavi Pascual no pudo con el Khimki, entre otras cosas, por esa falta de equilibrio fuera-dentro que se suele hacer patente cada vez que falta Navarro.
No fue el único problema; su defensa tampoco fue la de la primera fase (63.6 puntos recibidos por partido; la mejor). En ninguno de los once partidos europeos anteriores había encajado 46 puntos antes del descanso, cifra que sí alcanzó el conjunto de Rimas Kurtinaitis.
Por supuesto, hay que reconocer el extraordinario acierto del Khimki: por encima del 50% en tiros de dos y de tres durante casi todo el encuentro.
El Barça sólo mandó en el marcador en el primer cuarto, y fue siempre de manera fugaz (sólo dos ventajas: 8-9 y 14-15).
El Khimki atacaba con mayor fluidez, haciendo circular el balón por el perímetro hasta encontrar la mejor opción, que cada vez tenía un protagonista distinto. Seis jugadores locales superaron los 7 puntos, ninguno hizo más de 16.
El Barça sumaba con balones interiores a Tomic (16 puntos) y Lorbek (12), con una salida refrescante de Jasikevicius en el segundo cuarto (6 puntos con 3 de 3 en tiros) y con un Mickeal hiperactivo (14 puntos, 5 rebotes), pero poco más.
El tercer cuarto resultó decisivo. El Khimki salió con más confianza y su defensa empezó a complicar mucho las cosas. Tras dos ataques casi consecutivos en que el Barça consumió los 24 segundos Kurtinaitis no podía reprimir una sonrisa de satisfacción. Su rival estaba herido de muerte (60-48, min. 27).
En el último cuarto el Barça no pudo reaccionar y Fridzon fijó la máxima renta, irremontable, en 15 tantos (70-55, min. 34).
El próximo viernes (11 de enero) el Barça debe enmendar este tropiezo ante el Olympiacos en el Palau.