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Hemeroteca :: 20/10/2009
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Última actualización 20/10/2009@11:45:59 GMT+1
Sin él la vida y las canchas serán menos maravillosas
[Por Paco Torres
Fotos: Javier López]
Andrés Montes, periodista, inventor de un lenguaje, creador de una forma de comunicación, hombre que amó mucho al baloncesto, murió el 16 de octubre en Madrid, la misma ciudad en la que había nacido hacía 53 años. Hijo de padre gallego y madre cubana, padre de Orson y de Nelson, amante de las conversaciones y de la amante buena mesa, propietario y modelo de centenares de pajaritas, coleccionista musical. Andrés Montes creó un estilo de contar aquello que veía, primero en una cancha de baloncesto y luego en un campo de fútbol. Su manera de enfocar el juego no dejó indiferente jamás a nadie, pero los que le tenían como un ídolo eran sobre todo los jóvenes aficionados que crecieron levantándose de madrugada para seguir las retransmisiones de la NBA que hacía junto a Antoni Daimiel. Fue a partir de mediados de los 90 cuando Montes puede dar rienda suelta a ese filón que llevaba dentro.

Antes, en los primeros años 80, Andrés Montes comenzó su andadura en las ondas a través de la radio. En la COPE, con Pedro Pablo Parrado, se estrenó en el mundo del fútbol –entonces el baloncesto no tenía aún mucho hueco en el medio hablado– pero luego, tras pasar por Radio Cadena, recaló en Antena 3 Radio y ahí sí se acercó a las canchas bajo la dirección de José María García y al lado de Siro López. Viajes, campeonatos, infinitas anécdotas al lado de otros históricos –«somos los viejos rockeros», decía del grupo en el que se encontraban Manolo Lama, Chema Forte, José Joaquín Brotons, Valentín Martín..., voces que llenaron una etapa única y dorada para un baloncesto seguido por todos. En el Mundial de Argentina, en 1990, tuvo un problema de hipertensión por el que fue ingresado; nunca fue fuerte de salud, pero nadie lo diría cuando se ponía delante de un micrófono. Al cierre de Antena 3 Radio siguieron unos años de ostracismo y luego el renacer jubiloso de Canal +, donde, al lado de Antoni Daimiel, creó escuela. Inventó un lenguaje que caló rápidamente entre los jóvenes aficionados que lo aceptaron como propio. Durante ese tiempo regresó a la radio, a Radio Marca, con Paco García Caridad, y ‘No sabes cuánto te quiero’ se convirtió en un programa de culto en el que Montes se quitó el ‘mono’ de la radio.

Un periodista, un personaje
Pero sería nuevamente la televisión la que le diera el espaldarazo definitivo. La Sexta lo fichó para el Mundial de Japón y para que condujera las retransmisiones de los partidos de fútbol de los sábados. Juanma Iturriaga y Juan de la Cruz le acompañaron en el oro de Japón, y después Itu y Epi en los Europeos de España y Polonia, y Julio Salinas en las tres temporadas en las que narró el fútbol. Fiel a su manera de contar las cosas, no varió un ápice cuando tuvo que hablar de fútbol. A los aficionados a este deporte les sorprendió; a unos les cautivó; a otros, acostumbrados a unas retrasmisiones más monocordes, no tanto. Pero sus modos y su verbo traspasaron lo puramente periodístico y Andrés Montes se convirtió en un personaje, situación que él nunca acabó de asimilar.

Hace un mes se despidió de los millones de aficionados que en ese momento acababan de ver el triunfo de la selección española en Polonia. Rodeado de Itu, Epi y Calderón, ‘Mister Catering’ para Andrés, comentó, como de pasada, que ésa era su última transmisión para La Sexta y acabó recitando unas de sus coletillas favoritas: ‘Amigos, recuerden que la vida puede ser maravillosa’. No escuchamos su voz desde aquel día. Iba a volver a las ondas en Radio Marca. No ha podido ser. Quedan los recuerdos y los vídeos. Pero nunca será suficiente.

Hay un jugón en el cielo
por David Carro

No es fácil decir adiós a alguien con quien se ha crecido, a alguien a quien se aprecia y se quiere porque, además, ha sido la voz que narraba tus sueños. No llevamos ni una línea y las lágrimas brotan, la emoción del ‘no puede ser’. Cuando uno veía sonreír a Andrés lo único que venía a la cabeza era aquello de ‘¿Por qué todos los jugones sonríen igual?’. Él lo era, un jugón de la vida y de la comunicación.

Siempre preocupado por algo, así era el Andrés cercano con el que vivimos ocho años de viajes al All Star y a las Finales de la NBA, pero también alguien siempre ocupado en hacer ver a los demás la parte lúdica de la película. La de la vida que, como bien decía, puede ser maravillosa.

Montes era igual fuera del estudio que dentro. Hablaba de idéntica forma, singular, inimitable, centro de atención total. Siempre había una anécdota divertida con él. Alegraba el momento de cualquiera. Ya fuera un paseo o una cena, Andrés nunca pasó desapercibido. Su estilo, su talento, eran únicos. Eso, señores, no se enseña en ninguna facultad de periodismo, con eso se nace. Que sepan todos aquellos que han opinado alguna vez sobre él que la propia NBA le consideraba el mejor, y por ello le otorgaba los mejores puestos de comentarista en sus pabellones. Lo dice alguien que estaba allí para verlo y que ha oído a los jefazos de la Liga asegurarlo. La NBA no incluye a ningún locutor en sus promociones mundiales. A Andrés, sí.
‘Estamos aquí para pasarlo bien’. Ése era su lema en las retransmisiones de Canal +, cuando popularizó el ‘ra-ta-ta-ta-tá’ para los triples y aquello de ‘¡¡Brrrrrrrrrrrrruuu, el helicóptero!!’ para los mates. Cuando llamaba a Dennis Rodman, uno de sus favoritos, ‘Cruela de Vil’ o ‘Adivina quién viene esta noche’, ‘el Carpanta de los rebotes’. ¿Qué consiguió Andrés? Pues que gente como mi padre, lo más opuesto a un ‘freak’ de la NBA, viera un Nuggets-Pacers de temporada regular sólo por reírse con él. Por disfrutar de su espectáculo comunicativo. Por oírle bromear con el ‘McIlvaine Fund, los reyes del crudo’, al referirse a los jugadores mediocres que se llevaban contratos imposibles, el ‘Vilma ábreme la puerta’ para cantar los ladrillos o las ‘visitas al psicólogo’ tras sufrir los encuentros dirigidos por Jeff Van Gundy, máximo exponente del ‘amarrategui blues’. Tenía miles de apodos que se le ocurrían al azar, cosas de un genio. El que esto escribe recuerda con cariño el ‘es muy fácil, si lo intentas’ del amado MJ. ‘Aerolíneas Jordan, les habla el comandante de la aeronave: Bienvenidos al vuelo número 23, destino sexto anillo’ o el ‘Bonilla a la vista’, cuando alguien se tiraba un ‘churro’ indecente. El ‘Cicuta Mix’ del protestón Jerry Sloan, el ‘Artículo 34: hago lo que quiero, cuando quiero y como me da la gana’ de Shaquille, presidente del consejo de administración de ‘Gepetto Brothers’, por no meter un tiro libre. ‘Los pinchos de merluza’, ‘La Fiebre Amarilla’ de L.A., el ‘Se dejaba llevar’ de Antonio Vega para aquellos que relajaban sus carreras hasta pasar desapercibidos… Los recuerdos siguen y siguen. Andrés es inolvidable. Él nos trajo el oro de Japón y el de Polonia, a ‘Espartaco Reyes’, a ‘Ricky Business’ y hasta el futbolero ‘tiqui-taca’. Genio.

La risa, la felicidad y el entretenimiento con guiños que te hacían olvidar lo malo que hubiera podido traer el día. Eso era lo que nos ofrecía el don de Andrés, uno que la muerte nos quitó el pasado 16 de Octubre de 2009. A los 53 años su voz se fue, pero no se apagó. Hoy, mientras lloro como un niño al escribirlo, le daré las gracias a aquél bloggero que una vez me llamó ‘el hijo bastardo de Andrés Montes’. Intentaba, en su ignorancia, insultar. Yo le dije a Andrés que estaba orgulloso de ello. Y sigo estándolo. Quiso entonces hacerme un regalo, y se invento en varias retransmisiones lo de ‘Daivid Carro, universidad de Illinois, raza blanca tirador… Hemos de poner esos vídeos de Carro jugando, Daimiel. Qué crack’. Menos mal que nunca los puso, pero la ilusión de mis padres al escucharlo no se me olvidará jamás. Que sepas que nunca te irás, jugón. Nos vemos en el cielo.
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