Personaje
Anthony Morrow
Última actualización 03/11/2009@12:50:31 GMT+1
En unos Warriors con más problemas que alegrías, ese artillero llamado Anthony Morrow es uno de los pocos motivos para sonreír
[Por Carlos Gil
Fotos: Getty Images]
Todo son problemas en la Bahía de San Francisco en los últimos meses. Su capitán Stephen Jackson anda a tortas con la franquicia y reclama su traspaso a los cuatro vientos (verbalmente y mediante su actitud), Monta Ellis sufre un ataque de celos y la emprende con el rookie Stephen Curry… Y mientras tanto, el jugador de segundo año Anthony Morrow va a lo suyo y se convierte en uno de las pocas caras amables de los Golden State Warriors, tanto para su entrenador, como para la franquicia y los fans. Su pretemporada ha sido para enmarcar. El hecho de haber sido el máximo anotador de la pre season no debería ser más que otro motivo para sentirse orgulloso de su trabajo personal y su perfecta adaptación a una NBA que el verano de 2008 le volvió la espalda para ahora abrirle los brazos.
Tras una destacable temporada en la universidad de Georgia Tech, Anthony Morrow no recibió el reconocimiento de la NBA y no fue elegido por ningún equipo en la noche del draft de 2008. Con la decepción todavía latente y sus posibilidades de jugar en la Liga esfumándose, ‘A-Mo’ hizo las maletas y firmó un precontrato con un equipo ucraniano para dar rienda suelta a su espectacular muñeca en la otra punta del mundo, lejos de casa y de su deseada NBA. Sin embargo, el destino le tenía guardada una sorpresa en forma de una posible última oportunidad y los Golden State Warriors requirieron sus servicios para disputar con ellos la Liga de Verano. Morrow dejó momentáneamente aparcada su aventura en Ucrania y se marchó a la ciudad del pecado con una única mentalidad: demostrar de que pasta estaba hecho y ganarse un hueco en el equipo de Don Nelson.
Impacto inmediato
Los minutos que jugó Anthony Morrow en Las Vegas y el baloncesto que enseñó en ellos fue más que suficiente como para que Golden State subsanase el error de todas las franquicias de la NBA al haber pasado de él en un principio. Adiós a Ucrania y hola a la NBA. Aunque el haberse ganado una ficha no era sinónimo de que se le fueran a regalar los minutos. Por este motivo, Morrow volvió a aprovechar las oportunidades que iba teniendo y en su primer partido como titular superó todas las expectativas. Mejor dicho, dejó a todos con la boca abierta y la expresión casi desencajada.
El choque que enfrentó a los Warriors y a los Clippers en noviembre de 2008 fue toda una presentación en sociedad del que sería el jugador revelación del año sin ninguna duda. Morrow ejemplificó a la perfección la frase de ‘tener uno de esos días’ y vio como le entraban todos los tiros. El equipo angelino no encontró el modo de frenar al escolta y éste les endosó 37 puntos, bien acompañados por 11 rebotes. «No sentí ninguna presión mientras jugaba. Sentí que no tenía nada que perder. Soy un rookie», medio bromeó el jugador al término del partido. Desde luego que cerrar el encuentro de su vida con 15 lanzamientos anotados de los 20 intentados es una buena muestra de la tranquilidad y la seguridad con la que fluyó todo en manos de Anthony Morrow. «Ha sido una de las mejores actuaciones que recuerdo. Llevo 30 años en la Liga y nunca había visto hacer algo igual a nadie en su primera oportunidad». Por si alguien aún dudaba de la magnitud de la hazaña, Don Nelson se encargó de abrir los ojos a los pocos incrédulos que todavía quedasen.
Para nada es producto de un día
Para evitar ser el protagonista de los tópicos, a veces convertidos en excusa por un bajón en el rendimiento, y ser considerado flor de un día, Morrow mantuvo el nivel durante el resto de la regular season. A los tres días de su primera exhibición en la Liga repitió repertorio anotador y se marchó hasta los 25 puntos contra unos Portland Trailblazers que ya estaban sobre aviso de lo que era capaz este, hasta el momento, desconocido jugador.
Al final de su primera temporada en la NBA, Anthony Morrow acabó con unas medias de 10.1 puntos, 47.8% en tiros de campo y 46.7% en tiros de tres, convirtiéndose en el primer novato de la historia de la Liga en acabar la regular season con el mejor porcentaje en triples de toda la competición. Fin de especulaciones sobre las posibilidades del chico que llegó de la nada para dar un portazo al entrar en la mejor liga del mundo, dejando claro que ya no iba a salir de la habitación. Morrow no es ninguna broma y su participación en el equipo californiano está llamada a ganar enteros para esta temporada que acaba de empezar, tal y como ha quedado claro al ser el máximo anotador de toda la NBA esta pasada pretemporada.
En los partidos de preparación se ha visto que el escolta de segundo año es una de las opciones más fiables, si no la que más, de los Warriors en ataque. Sus penetraciones y su defensa siguen siendo su punto más débil, pero que es compensado a la perfección por la mortal puntería que tiene con su tiro en suspensión, sobre todo más allá del arco de los tres puntos. Aún con mucho que mejorar en su juego, las posibilidades que ofrece Morrow sobre el parquet son más que halagüeñas. «Sólo tengo que seguir trabajando duro y mejorar en mis puntos flacos. Tengo que ir a mejor y seguir creciendo continuamente. Todo eso sólo se consigue trabajando». Al menos la forma de lograrlo es algo que el propio jugador ya tiene claro.
Como mejor arma de ataque de los Warriors, Morrow certificó 34 puntos ante New Orleans, anotando 18 de ellos en el último cuarto, y fue el máximo atractivo del partido disputado contra los Suns en el descubierto Indian Wells Tennis Garden con 30 dianas. Todo esto después de haber destrozado el récord de anotación en la liga de verano de Las Vegas, endosándole a los Hornets 47 puntos, con 7 de 9 en triples incluidos. Está claro que su puntería será su mejor argumento de que su sitio está en la liga que no se acordó de él en un principio, pero que ahora está pagando con creces el despiste. «Es duro. Juego contra los mejores del mundo cada partido, pero también lo hago cuando entreno con mi propio equipo, por lo que voy siendo mejor cada día que pasa». Que no se pare el tiempo por favor.