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Durante los dos primeros días de concentración he compartido trabajo y cancha con el equipo técnico y los jugadores de la selección española U16, que entre el 5 y el 8 compite en Íscar (Valladolid) en el veterano y prestigioso Torneo Internacional Villa de Íscar. De allí viajé hasta Castellón para colaborar con la FEB en la III Operación Talento que se convocó durante los días 5 y 6. Dos actividades complementarias del Gabinete Técnico de la Federación que lidera y dirige Ángel Palmi y que entre sus más destacados colaboradores se encuentran Dani Sainz, Betty Cebrián, Juan Orenga, Manuel Aller, Josep Alemany y José María Silva, entre otros muchos que procuran primero detectar, luego formar y más tarde poner a competir a esos talentos que se busca por toda España de manera continua y no sólo en convocatorias de este tipo. Pero quiero escribir hoy sobre esos ‘rastreos’ que, en lo que conozco y he formado parte de las tres que se han llevado a cabo, han dado muy buenos resultados. Excelentes diría yo. Hay que contar con que los jugadores y jugadoras que acuden a las distintas Operaciones Talento, o Altura, que de ambas maneras se las denomina, no están en las listas definitivas que las distintas Federaciones Autonómicas confeccionan para disputar el campeonato de España que en categoría Infantil y Cadete se disputa tradicionalmente en los primeros días de cada año –del 5 al 10 de enero en Zaragoza en esta ocasión–. De la Operación de 2007 hay ahora un jugador (Guillermo Hernangómez) que está precisamente compitiendo en Íscar a las órdenes de Manolo Aller. De la de 2008, dos jugadores (Adrià Cantenix y Jaime Unzúe), disputaron con la U14 el Torneo del BAM en Eslovenia con Josep Bordas como entrenador. He llegado de Castellón hace unas horas y me atrevo a asegurar que algunos de los jugadores con los que allí he trabajado serán también internacionales.
Pero no me voy a quedar sólo con estos deslumbrantes datos que ya de por sí justificarían la razón de ser de concentraciones de este tipo. Me quedo sobre todo con la actitud (y aptitud) y esfuerzo de todos los jugadores y jugadoras que han estado en Castellón. Y de los que estuvieron en las anteriores, por supuesto. Me quedo con el fondo de la cuestión: que la mayor cantidad de jugadores posibles sepa y sienta que desde la FEB se va a seguir su progresión una vez que hemos podido disfrutar con su talento. Seleccionadores autonómicos, técnicos con dilatada experiencia, preparadores físicos, médicos, fisios, delegados. Todos, absolutamente todos los que han estado trabajando estos días en Castellón por y para estos chicos, han formado parte estos últimos años de alguna de las selecciones nacionales (de la U12 a la U15). Su olfato para detectar el talento está más que demostrado. También para trabajar y moldear ese talento.
Lo están haciendo los entrenadores de la U16 y U15 femenina que están concentradas estos días en el Colegio Aristos de Getafe, los de la U16 masculina que compite en Íscar, los de la U18 que lo harán en Baracaldo y los la U15 que viajarán en Navidades en Ginebra para disputar allí un Torneo Internacional. Los resultados que están cosechando los respectivas selecciones cada verano avala el trabajo realizado. Talento para competir. De eso se trata. No para ganar, sino para competir, porque no conozco mejor método para terminar ganando que el de aprender a competir. Y es un duro aprendizaje porque en no pocas ocasiones te topas antes con alguna dolorosa derrota. El ejemplo más claro lo tuvimos este pasado verano con la selección absoluta. Talento, a raudales. Compitieron regular tirando a mal al principio, pero la base del talento no podía evaporarse y eso fue fundamental para seguir compitiendo y ganando en las condiciones más adversas. Al final, la victoria. En categoría de base también pasó algo similar y sucedió precisamente entre los precursores de estos chicos que están jugando en Íscar. Hace justo un año la selección española U16 quedó quinta en Íscar. Fue muy duro para los jugadores y técnicos. El reportaje que firmé entonces lo titulé ‘Test para tomar impulso’. Siete meses después esos mismos jugadores y esos mismos técnicos se proclamaron campeones de Europa de la categoría... tras perder dos partidos en las primeras fases. Hubieran seguido siendo igual de buenos si el resultado final hubiera sido otro menos alentador. Hay que celebrar como se merecen esos triunfos, pero sobre todo premiar la capacidad de competir desde un talento que lleva puliendo mucha gente –y los jugadores los primeros– durante muchos años.