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Nada más acabar el Real Madrid - Barcelona me asaltan unas cuantas dudas: ¿Afecta tanto la baja de Sergio Llull al Real Madrid como indican todos los [malos] resultados que han cosechado los blancos sin el base, exceptuando el partido que ganaron en Atenas ante el Panathinaikos? ¿Es posible que un equipo dirigido por Ettore Messina lea tan mal la defensa del Barça –excelente, por otra parte– como para anotar tan sólo 57 puntos... y los 10 últimos ya con los azulgranas de celebración? Por contra, tengo una certeza: la de que tanto Antonio Maceiras como Ettore Messina estaban equivocados con sus palabras sobre la resolución al ‘caso Ricky’ y que, una de dos: o hablaban desde el despecho por la negativa de Rubio a fichar por el Madrid cuando dijeron que el base prioritario era Prigioni, o de verdad pensaban que así era, aunque por lo visto no se están cumpliendo sus expectativas. En la tarde del domingo, en un horario excelente aprovechando que no hay fútbol, Ricky ha expresado sobre la cancha todo lo que había callado en este tiempo, si es que acaso le pedía el cuerpo decir algo, que la verdad es que lo dudo. ¿Seguirán pensando hoy lo mismo Maceiras y Messina?
Ricky ha hablado de la mejor manera que debe hacerlo un baloncestista: sobre el parquet. Su partido ante el antagonista, ante el base prioritario, para enmarcar. Tengo también una gran devoción por Prigioni, pero este domingo la diferencia entre él y Ricky ha sido sideral. Como la que hubo entre los blaugranas y los blancos. El base de El Masnou ha asistido sin mover un músculo a la diatriba de si tira lo suficiente y de si lo hace bien. Xavi Pascual –clarividente planteamiento el suyo, por cierto– decía el mismo domingo en El País que tiraba lo suficiente y que el jugador seguiría mejorándolo, al igual que otras facetas, porque tenía tan sólo 19 años. En Vistalegre ha tirado suficiente (no me atrevería a decir que mucho) y lo ha hecho bien: 3 de 5 de dos y 3 de 4 de tres. Pocos argumentos quedan para seguir dando vueltas al tema. Prigioni y Ricky se enfrentarán en muchos más partidos y unas veces le saldrán mejor las cosas a uno y otras, a otro. Pero en el partido en el que todos querían calibrar el qué, el cómo y el porqué no hubo color. Vean las estadísticas y saldrán de dudas, pero por encima de ellas están las sensaciones. Esas ya no se ven sobre un papel pero son quizá mucho más determinantes.
Pero ese enfrentamiento era sólo la punta de lanza de una cita en la que se medían las que todos los analistas hemos coincidido en definir como las dos mejores plantillas de la ACB y también de la Euroliga. Después del excelente aperitivo de la Supercopa había mucho interés en saber qué nos deparaba el segundo, que se disputaba además en el feudo del aspirante. Si esperábamos desafío, no hubo tal. O sí. Lo hubo. Y lo ganó el Barcelona. Por apabullamiento. Lo que no hubo es la igualdad que todos pretendíamos o que nos hubiera gustado que existiera por aquello de dar emoción a la cosa. La próxima vez –¿en la Copa?– ya no podremos hablar de igualdad. Hablaremos de venganza. De venganza blanca, porque estos 22 puntos van a pesar lo suyo. Al margen de las bajas –que las tenía y en buen número: Felipe, Van den Spiegel, Llull y Hansen– y de que Messina no ha podido contar con el recien fichado Jaric– ahora la afición va a acordarse de Raül y de Hervelle. Es ley de vida. Cuando las cosas van bien, toda decisión es la acertada. Cuando las cosas llegan mal dadas siempre se echa de menos al que no está.
La conclusión a la que podemos llegar hoy es parcial. Y quizá sesgada. Pero hay una evidencia: el Barcelona está mucho más ahormado que el Madrid. Muchísimo más. La capacidad defensiva de los azulgranas –ha habido momentos en que la defensa de la línea de pase rozaba lo sublime– está muy por encima de la del Real Madrid. Y mientras el equipo blanco no mejore en esa faceta Messina sabe que el equilibrio no va a llegar. ¿Lo conseguirá? Equipo tiene para lograrlo. Lo ha dicho también Pascual, que tiene una superplantilla. A mí también me lo parece. A ver qué tal trabajan ahora ya con algo más de presión encima. Quizá el siguiente partido Prigioni vuelva a ser el jugador que puede y no la sombra que fue el domingo. Pero eso será ya en 2010. A la vuelta de la esquina está. Que para el baloncesto español esperemos que sea como 2009, pero sumando la Euroliga. Por lo menos.