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Hemeroteca :: Edición del 12/01/2010 | Salir de la hemeroteca
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Columna por Paco Torres

Última actualización 12/01/2010@17:36:25 GMT+1
El Unicaja encaraba la última jornada de la primera vuelta con una buena noticia que hubiera sonado a pésima –por lo agorera e impensable– si se hubiera especulado con ella al inicio de la competición ACB: que dependía de sí mismo para estar en la Copa del Rey; si ganaba, a Bilbao aunque fuera como último equipo clasificado. La encaraba también con una mala noticia: que esa plaza debía defenderla en Vitoria ante un Caja Laboral al alza. Pesó más esto último y el Unicaja de Aíto García Reneses, finalista del año pasado, precisamente ante el Baskonia, no podrá optar este año al título. Fiasco grande. Sin paliativos. Patinazo monumental que va a poner muchas cosas en tela de juicio. Ni el equipo malagueño mereció más en el Buesa Arena, ni ha demostrado en ningún momento de estos primeros meses de competición estar a la altura de lo que demanda historia y presupuesto. Aíto, cuando las cosas empezaron endemoniadamente mal ya empezó a preparar la venda antes de que la herida fuera a mayores. ¿O ya era una herida difícil de suturar aquel 0-4 que dejó tambaleante al proyecto del Unicaja 09/10. ¿Qué dijo Aíto? Para el que no lo recuerde: que el club antes contrataba lo mejor que había en el mercado y que esta temporada se tenía que conformar con fichajes de menos enjundia. Bueno; es su opinión, pero si echamos un vistazo a esos fichajes y a esos sueldos, al menos a cinco de los que sí se han clasificado para la Copa le sonarían a gloria bendita.

Lesionado Berni Rodríguez, su capitán, y sin otro referente como Carlos Cabezas, con el que no llegaron a un acuerdo para renovarle y emigró a Rusia, lo que sí le echo en falta a este equipo es algo tan complicado de evaluar como lo que hemos dado en llamar, el alma del equipo. Ya lo escribía la semana pasada refiriéndome al Real Madrid. Lo mismo le puede pasar al Unicaja. Jugadores que sí, que son buenos, pero que hoy están aquí y mañana allí. Llegan, entrenan, juegan, las meten o no ­–si aciertan, perfecto; si no, desde despachos y gradas se maldice la hora en que se les ocurrió ficharles– y a otra cosa.

Esta semana va a ser muy dura en Málaga. Ya durante el partido de la Euroliga ante el Entente Orleanaise, último clasificado del grupo, hubo muestras de profundo desagrado entre la extraordinaria afición malagueña. En algún sitio leí que el equipo había decidido dejarse llevar para estar más entero de cara al decisivo encuentro de Vitoria. Si así hubiera sido –que lo dudo muchísimo– la cosa no ha salido nada bien. Cabreo entre semana y cabreo el domingo. Cómo responda ahora el Martín Carpena es muy previsible: bronca para todos. Para la directiva, para los que han fichado, para el entrenador y para los jugadores. Escuché a Aíto después del partido contra el Caja Laboral referirse a falta de actitud. También algo sobre los árbitros en relación con algunos detalles, pero me niego a que –aunque pueda tener alguna queja fundada– el debate sobre si el Unicaja está dando la talla se desvíe hacia esos terrenos.

Y cuando un equipo llora es porque otro anda de fiesta. En esta ocasión hubo que esperar a que se disputara el último partido de la jornada entre el Ayuda en Acción Fuenlabrada y el Lagun Aro para certificar el pase del Asefa Estudiantes que había hecho los deberes por la mañana al derrotar por 24 puntos al Xacobeo, equipo que también tenía opciones antes de comenzar la jornada. Tuvo que esperar a que el equipo fuenlabreño se hiciera con las riendas de un partido que durante toda la primera parte dominaron los donostiarras. Con que hubieran ganado por dos puntos, al equipo de Pablo Laso le hubiera bastado para estar en Bilbao. El Estu de Luis Casimiro, que empezó la competición ACB aún peor que el Unicaja (0-5), ha enderezado el rumbo y se ha metido entre los siete mejores.

Quien no va a poder disfrutar de la Copa es Txus Vidorreta, el entrenador que más años llevaba en un mismo equipo. Desde la temporada 01/02 en que cogió al Bilbao Basket en la LEB2 hasta la noche del domingo triunfando en su ciudad. Estas 17 jornadas nefastas para el club y para él no pueden empañar la trayectoria ejemplar de un entrenador que se ha ganado a pulso esa tranquilidad que se ha truncado nueve temporadas después. Ha presentado la dimisión –lo que habla asimismo muy bien de él– y el club se la ha aceptado. Un revulsivo, que se dice. Veremos si es para bien. En Bilbao necesitan tranquilidad de cara a la Copa. La que no va a haber en, de momento, en Málaga.
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