Editorial
Columna por Paco Torres
Última actualización 02/03/2010@11:52:45 GMT+1
Erazem Lorberk, Sergio Llull y Mirza Teletovic. Tres nombres propios al rescate de los tres equipos españoles que defendieron con uñas y dientes sus opciones en el durísimo Top 16 de la Euroliga. (¡Ésto sí es una competición con todas las de la ley!). Tres dioses paganos de las canchas; tres héroes de carne y hueso sobre el parquet. Hazañas no bélicas. Espejos en los que reflejarse, ídolos a los que imitar. En otros partidos han sido Navarro, Ricky, o Fran con la camiseta azulgrana; Felipe o Bullock con la del Real; Splitter o Ribas con la baskonista. El jueves 25 de febrero los que deslumbraron –y de qué manera– fueron estos tres. Los tres forman parte de un colectivo sin el que ellos poco serían, pero hay ocasiones en los que los individuos se elevan de tal manera por encima del resto que difuminan todo lo que hay a su alrededor. Es el caso. Merece la pena detenerse en ellos porque ninguno se parece entre sí y alguno incluso parece bastante alejado del prototipo de jugador heroico.
Erazen Lorbek no es un atleta perfecto ni vuela cada dos por tres para machacar el aro, pero es un jugador que tiene tres partes de su cuerpo que se coordinan a la perfección para producir un efecto devastador en los equipos rivales: una cabeza privilegiada que codifica todo lo que pasa en la cancha, unos pies maravillosos jugando de espaldas al aro, y una mano que nunca tiembla. En el Regal Barcelona está acompañado por muchos jugones –uno de ellos, Jaka Lakovic unió su chispa con dos demoledores triples finales– pero fue Lorbek el que con su constancia y talento lideró a su equipo en la tarea de echar de la Euroliga al campeón vigente (por poco tiempo) Panathinaikos. Lorbek fue el que dio la puntilla a un equipo y a un entrenador que al menos este año no podrá seguir sumando eurotítulos. Quizá no venda el esloveno muchas camisetas, pero tendrá mucho que ver con los logros –ya conseguidos y los que quedan por conseguir– en este [Super]Barça.
¿Cuántas vidas deportivas le debe el Real Madrid a Sergio Llull? Juega como un felino que ya ha salvado, con sus acciones temperamentales –y acertadas, claro, porque no todo van a ser huevos– unos cuantos pellejos. ‘Balones a Sergio, que los arrolla’, debieron pensar sus compañeros. Los arrolló. A unos italianos muy atléticos –otra vez el Madrid pasándolas canutas ante equipos con más kilos y centímetros– que tuvieron al Madrid casi fuera de Europa cuando ganaban por 8 puntos a poco de acabar el tercer cuarto. Entonces aparecieron –como si un dejà vu se tratara– Sergio... y Felipe para rescatar a la entidad del abismo. Fíjense que quinteto más extraño para salvarse: Prigioni, Llull, Hansen, Reyes y Tomic. Cuando menos, curioso. ¿Cambio de planes y de roles a partir de ahora? Veremos. Este quinteto –u otro cualquiera, tampoco voy a demonizar otros y santificar éste– según mi opinión funcionó porque estuvo en cancha muchos minutos; tengo la sensación de que, en no pocas oportunidades, lo que hacen las rotaciones –en el Madrid o en cualquier equipo– es no dejar asentarse a nadie. Por muy automatizados que estén los movimientos, hay ocasiones en los que los quintetos tienen que tener su poso, su rodaje. En este baloncesto parece imposible. Y a veces, funciona, ¡vaya si funciona!
El caso es que Llull volvió a ponerse el traje de Supermán, buscó las esquinas para acribillar y ajustó las clavijas en defensa a McIntyre. Ganó el Madrid por 8; si hubiera ganado por menos las cosas se le hubieran complicado de cara a un diabólico desenlace final del grupo. La épica volvió a Vistalegre y ahora lo que hay que ver es si este Madrid vuelve a recuperar el tono de hace un par de meses o va a seguir dependiendo de actuaciones iluminadas de Llull. Como plus a un equipo, perfecto; como tabla de salvación permanente, peligroso. Los gatos tienen siete vidas y el felino Llull ya le ha regalado al Madrid unas cuantas.
El tercer héroe es Mirza Teletovic, el jugador que mejor va a adaptarse al alejamiento de la línea de triples. Sufrió en alero un calvario en el aeropuerto de Moscú, donde estuvo retenido durante siete largas y duras horas por supuestos problemas con un visado... que él no necesita por ser bosnio. A las dos de la madrugada le dejaron marcharse y horas después se vengaba de todo lo que sonara a ruso –y el Khimki lo es– con una actuación descomunal que lleva al Caja Laboral a empatar el basket average con los de Sergio Scariolo y mantenerse a flote en la Euroliga... a pesar de no contar con Tiago Slitter. Dioses y héroes de carne y hueso. De ahí su celebrada grandeza.