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El martes 23 estuve con Pepu Hernández y Juanma Iturriaga participando en una charla en el Colegio Mayor San Juan Evangelista, de Madrid, el popular Johnny. A la misma hora en que el ex seleccionador contaba a los alumnos asistentes sus vivencias en los banquillos del Estudiantes y, sobre todo, de la selección española, a muchos kilómetros de distancia, en Salónica, otro entrenador, Sito Alonso, estaba dirigiendo su último partido desde el banquillo del DKV Joventut. Mientras Pepu desgranaba su filosofía envuelta en anécdotas –o quizá lo que contaba eran anécdotas impregnadas con su filosofía– el equipo de Sito era arrollado por el Aris en partido de la Eurocopa precipitándose de esa manera una destitución que ya se venía rumiando desde hacía unas semanas. Un comienzo de temporada fulgurante se había ido diluyendo hasta terminar mostrando los verdinegros una cara muy triste, la misma que les mantiene en el filo de la navaja respecto a disputar o no lo play offs y que le va a hacer jugarse el todo por el todo en la Eurocopa ante el Alba de Berlín... con Pepu de estreno en el banquillo del Olímpic.
No sé si el martes Pepu ya tenia un pre aviso desde Badalona, si estaba alerta a través de sus agentes, o si se gestó todo el miércoles; el caso es que yo no pensé nunca que Pepu fuera a hacerse cargo de un equipo con la temporada ya empezada, aunque si un club podía hacer que aceptara, ese sería el Joventut... o el Estudiantes, claro. Y fue el Joventut. ¿Por que? Sobre todo porque tiene mucho futuro. Más que presente. Eso no quiere decir que no pueda pelear esta temporada por alcanzar los play offs, plantar cara en ellos y también tratar el hacerse con la Eurocopa en Vitoria. ¿Qué ha de ocurrir para que esto pueda darse? Pues que Pepu equilibre el juego de los verdinegros. Y que les insufle agresividad en la pelea por los rebotes. Es la plantilla de la Penya mucho más aficionada a lanzar desde lejos que a acercarse por los alrededores del aro. Su excelente 40% desde el triple anima constantemente a los exteriores a lanzar, pero olvidándose demasiado de la penetración y, sobre todo, de doblar balones a los hombres altos. Esa exuberancia en el tiro, esa facilidad para buscar buenas posiciones y armar la muñeca de hombres como Tucker, Tripkovic, Bodganovic... es un arma de doble filo. Tiran casi tanto de tres como de dos y eso, además de jugar constantemente a la ruleta rusa, les convierte en previsibles, lo que termina facilitando la defensa de los equipos rivales. Que el DKV es un equipo con más vocación ofensiva que defensiva lo testifica que vayan mejor al rebote ofensivo que al defensivo. Bien hará Pepu en diversificar esos riesgos, potenciar el juego dentro-fuera y convencer a sus jugadores de que penetrar y doblar a los pivots suele ser algo muy provechoso y que sumar de dos en dos también es muy rentable.
Pero más allá de lo que pueda exprimir Pepu a esta plantilla –con algún refuerzo interior si lo hubiera– lo más gozoso es, por una parte, la vuelta a las canchas de un entrenador que llevaba alejado de ellas desde que acabara el Eurobasket de 2007, y por otra, lo rentable (filosófica y deportivamente hablando) que pueda ser esta unión entre la Penya y Pepu. Suena bien, desde luego. Lo argumenta él y estoy convencido de que lo que le ha impulsado a aceptar este reto son las inmensas posibilidades que ve en esa inagotable cantera. No es nada fácil –imposible a lo que se ve para todos los demás– sacar a un jugador por año. La Penya lo hace desde hace unas cuantas temporadas: Pere Tomàs en el 89, Ricky en el 90, Franch en el 91, Joan Tomàs en el 92... Trabajan bien en Badalona y hacen de la necesidad virtud. Pepu va a potenciar aún más ese empeño. Las generaciones que vienen también resultan muy ilusionantes y es lo que, en definitiva, ha llevado a Pepu a aceptar este reto, que no es fácil por otra parte.
Lleva muchos años Badalona acostumbrada a estar entre la élite del baloncesto español e incluso europeo. Acostumbrada a ganar también. No se conforman en el Olímpic con sacar jugadores de la cantera. Quieren que el equipo juegue bien y que ello redunde en los resultados. Que optimice sus recursos. Para Pepu es la primera experiencia lejos del Estu. En el Ramiro siempre tuvo el viento a favor, trabajó con tranquilidad y hubo paz social en aquellos años en los que ocupó el banquillo estudiantil. Se marchó como un triunfador y siempre le han añorado. En la selección tuvo a los mejores; tocó el cielo en el Mundial y también supo que quedar segundo a veces es un estrepitoso fracaso. Ahora sale a campo abierto. A demostrar que también sabe hacerlo bien lejos de casa.