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Hemeroteca :: 16/03/2010
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Editorial

Columna por Paco Torres

Última actualización 16/03/2010@11:56:27 GMT+1
Justo cuando Hansen metió el triple desde la esquina izquierda que servía para empatar ante el Maccabi un partido que el Madrid tuvo controlado, ganado y perdido me dije, ‘ya tengo título para la columna: No diga Vistalegre, diga Lourdes’. Porque después de los dos triples que le cascó Llull al Montepaschi, si el triple tras el churro de saque de fondo, el milagroso toque de Garbajosa para que recibiera Hansen llega a servir al Real Madrid para ganar el partido habría que estar hablando de milagro más que de un partido de baloncesto. Pero no. El Madrid me arruinó el titular y quién sabe si él no se arruinó su futuro en la Euroliga porque el Maccabi terminó ganando un partido difícilmente tragable y más complicado aún de digerir. Con el partido el Madrid se quedó sin el primer puesto y se quedó con una cara muy parecida a la que mostró después de la final de Copa contra el Barcelona.

Barcelona… Allí tendrá que viajar el equipo de Messina para intentar adquirir un billete para la F4 de París. Vistos los antecedentes, bueno para el Barça, fastidiado para el Real Madrid. Pero así están las cosas. Es la penitencia blanca por jugar un último cuarto nefasto, por tirar demasiado el entrenador madridista de un Jaric que firmó un partido infame rematado con un falta estúpida que puso al equipo a los pies de unos caballos que finalmente le pasaron por encima. Quien no firmó nada fue Velickovic, que lleva dos partidos de la Euroliga sin quitarse el chándal. Misterios. Pero antes de entrar en la eliminatoria que nadie quería –¿o al Barça le daba igual y hasta quizá la prefiriera por tener un desplazamiento más cómodo y enfrente un rival acomplejado?– hay que detenerse en lo conseguido por el Caja Laboral, el más listo del mundo en un momento en el que tenía dos pies fuera de la competición.

Fue siempre a la rastra el Baskonia, siempre por detrás en el marcador pero tras un último cuarto enfurecido tuvo la posibilidad de ganar por uno o dos que evidentemente –y lógicamente– no utilizó. Estar cinco minutos más sobre el Buesa Arena era la única esperanza para ganar el partido por al menos 7 puntos, ya que el Khimki había ganado a un ‘motivadísimo’ Olympiacos en Moscú por 13. Imagino la cara que se le quedaría a Scariolo y a los suyos cuando se enteraron del empate en Vitoria. Tampoco creo que les sorprendiera, una vez que el partido entro en la dinámica de punto arriba, empate, punto abajo. Tiros libres para Huertas con 77-78, falla el primero (la idea era fallar el segundo, pero falló ese para agobio de todos) mete el segundo (¡menos mal!) y a rematar al Cibona por doce puntos en la prórroga. El CSKA –que no es el de hace un años ni mucho menos el de hace dos– espera. El listo de la película europea puede tener una suculenta recompensa.

Con la eliminatoria entre el Regal Barcelona y el Real Madrid –por cierto la Euroliga puso en su web que las eliminatorias a disputar eran Barcelona - Maccabi y Real Madrid - Partizán, aunque los escudos sí estaban bien colocados; les debió traicionar el subconsciente– el basket ACB se asegura un puesto en la F4. Este tipo de enfrentamientos nunca sabes si es bueno o es malo. Es como lo de la botella medio vacía o medio llena; los optimistas veíamos a los dos en París, los pesimistas pensarían que se podían quedar los dos fuera, así que ahora ya sabemos que uno estará fijo, además de lo que pueda sacar el Caja Laboral en su cruce con el ex equipo de Messina.

Tras el palo macabeo los madridistas se refugiaron en que hay que jugar la eliminatoria –obvio– que no se dan por vencidos –qué van a decir– y que prepararán la eliminatoria a conciencia –más les vale–, aunque explicar todo eso cuando te han remontado 16 puntos y que quitan el factor cancha en el camino a tu gran objetivo de la temporada, pues como que suena a topicazo. El Barcelona, que va sobrado (que no de sobrado, que es muy distinto, no vayamos a confundir términos) espera con la tranquilidad que da saber que cuando aprietan un poquito los equipos se terminan diluyendo como un azucarillo. Le pasó al Partizán en el Palau. Uno va sobrado y otro simplemente va, que no es poco para cómo han podido irle las cosas. Sin los triples de Llull hace unas semanas al equipo de Siena posiblemente estuviéramos hablando de una debacle similar a la del fútbol –deportivamente hablando, claro, que ya sé que económicamente ni punto de comparación, don Florentino– pero aquel día Vistalegre sí fue un lugar milagrero. El jueves se quedó en lo que es: una plaza de toros de la que más de uno salió para el arrastre.

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