Marca Eduardo Portela las cuatro prioridades estratégicas del que será su último periodo al frente de la ACB.
Cuatro prioridades para cuatro años, aunque ninguna de ellas puede posponerse en el tiempo; quizá la única novedosa, la que Portela... enuncia en último lugar, sea la que más pueda dilatarse aunque es la que ha despertado más interés. Que el presidente de la ACB anuncie durante su reelección que uno de los afanes será encontrar un relevo no deja de ser atractiva periodísticamente. Ya lo tuvo –o pensamos que lo tendría– cuando durante tantos años estuvo a su lado Jordi Bertomeu, que ahora es su enemigo deportivo –que no personal, en absoluto– número uno. El paso de Bertomeu a la Euroliga supuso un posicionamiento importante para el baloncesto español –hay que recordar que Portela es presidente de la ULEB– en Europa pero dejó a la ACB sin un valiosísimo secretario general, artífice de muchos proyectos, y sin el delfín perfecto. Bertomeu es uno de esos dirigentes con los que Portela deberá entenderse dentro de lo que él denomina ‘marco institucional’. De momento la denuncia al Tribunal de la Competencia es lo que marca las relaciones entre antiguos compañeros de viaje, así que ese punto parece que va a resultar complicado. ¿Sólo con la Euroliga tendrá que desplegar Portela sus dotes para el diálogo? Hay más, hay más…
En estas mismas páginas habla Felipe Llamazares, presidente de la Asociación de Árbitros, sobre las conversaciones que los colegiados mantienen con una comisión de la ACB con un trasfondo ciertamente histórico: el paso al profesionalismo con todo lo que ello conlleva; unos pasos que una y otra parte quieren dar con la seguridad de que no equivocan sus estrategias. Hay mucho en juego; que los árbitros terminarán siendo profesionales es algo que todos dan por hecho, pero lo que no está tan claro es si el camino será o no tortuoso. ¿Qué puede empañar a corto plazo la quinta reelección de Portela? Que los árbitros actúen ‘en consecuencia’ si antes de los play offs no se ha llegado a un acuerdo. ¿Plante? ¿Huelga? Ninguna de las dos palabras son pronunciadas por los dos protagonistas, pero ahí quedan ambas flotando en el ambiente.
Las otras dos prioridades a las que se refiere Eduardo Portela están íntimamente ligadas: dotar a la ACB de unas condiciones que la haga más cercana y conocida para el gran público, y posicionarla en el nuevo mercado televisivo. No seré yo el que se autofustigue (como parte integrante de nuestro baloncesto) con las audiencias de televisión. Días, horarios… Se ve lo que interesa. Y no quiere decir que lo que se vea menos no interesa, simplemente que interesa a menos aficionados. Llevo pensando y exponiendo desde hace muchos años que el baloncesto ACB está absolutamente implantado localmente. En todas y cada una de las canchas la asistencia es mayoritaria y el seguimiento en la ciudad o comunidad del equipo, máximo. Que se ve más un Madrid-Barcelona. Evidentemente. E incluso por personas que no tengan una especial afición por el baloncesto. Esa rivalidad vende. ¿Hay que rasgarse las vestiduras si un, pongamos por ejemplo, Baskonia-Valencia (que están clasificados en tercer y cuarto lugar respectivamente) no es seguido mayoritariamente a través de la televisión? Pues no. Por mucho horario que cambien, interesará a los que sean. ¿O es que acaso se sigue en Estados Unidos con igual entusiasmo –y televisores encendidos– un Lakers-Celtics que un Pistons -Grizzlies? ¿A que no? Pues eso. Trasladar el seguimiento de la selección española al de la ACB es otra falacia. Competiciones cortas y exitosas. Es más: ¿se siguió igual el España-USA de los juegos de Pekín que el España-China por el 7º puesto en los de Atenas? ¿Se sigue igual un Barça-Madrid de fútbol que un Sporting-Almería? Pues eso.
Deseo como el que más que el baloncesto ACB tenga toda la repercusión que nosotros le otorgamos. También que encuentre el marco adecuado para el nuevo contrato televisivo, aunque a mí me gusta muchísimo cómo es tratado en La2, pero tendrán que sopesar no pocas cuestiones comerciales. No parece que los últimos cuatro años de Portela como presidente de la ACB vayan a ser tranquilos. Quizá sea lo menos importante. Habrá tensiones y habrá negociaciones complicadas, pero así es el mundo empresarial en el que se mueve la ACB. Yo, más que tranquilos, lo que le deseo a Eduardo es que estos cuatro años sean fecundos, que él y los clubes avancen en las conquistas como deporte, que tengan grandes éxitos como negocio, que los equipos fichen bien y que trabajen aún mejor las canteras. Que crezcan. Porque su crecimiento –como el de todo el baloncesto español– es el nuestro. Como medio de comunicación especializado y como aficionados.