Columna por Paco Torres
Última actualización 30/03/2010@12:12:45 GMT+1
Así como en Bilbao reconocí que, una vez vistos a ambos finalistas en los partidos de cuartos y de semifinales, mi favorito para ganar la Copa del Rey era el Real Madrid, ahora debo reconocer que, después de ver el primer partido del Palau, pensé que el equipo blanco había dejado escapar una ocasión excelente –y única– de batir al Barcelona en su propia cancha y que, al desperdiciarla, poco menos que firmaba su sentencia en la Euroliga. No apuesten nunca conmigo, aunque creo que los argumentos que emplee entonces tenían una base, y también creo que la tienen los que paso a explicarles ahora.
Dejar al Barcelona en 70 puntos, desperdiciar una ventaja sustancial –cuatro puntos en cancha ajena con esos guarismos lo son– y no saber rematar a un rival sin la chispa de antes me llevaron a pensar que si no habían ganado el martes, los blancos no ganarían nunca al Barcelona. Sin el mejor Ricky enfrente y con un Navarro errático, el Real Madrid no acertó a rematar. La conclusión que saqué, después de que Prigioni se eternizara botando ante los largos brazos de Ricky cuando ya el tiempo apremiaba y Mickeal había dado sus zarpazos, es que al Madrid le había paralizado el miedo a ganar. De ahí el brutal 11-1 que devolvía al Madrid a la tierra.
No tenía pues ninguna duda: el Barcelona era el claro favorito para el partido del jueves. Así se lo argumentaba a Josep Bordas en una conversación a menos de doce horas para el partido. Ojo, me dijo él, que la defensa que hizo el martes el Real Madrid es de las mejores, si no la mejor, que he visto esta temporada. Pues para lo que le sirvió, respondí yo. Pero le sirvió. Y mucho. El Real Madrid se quedó con los 33 minutos iniciales del partido del martes y no con los siete últimos, como quizá pensé –pensamos muchos- que pasaría. Bordas no. Y acertó. El Real Madrid defendió aún mejor que durante tantos minutos en el primer partido. Fue una demostración de fortaleza mental –la que tantas veces le echamos en cara que careciera- y de piernas y muñecas –las que en tantos partidos cruciales le fallaron- ciertamente deslumbrante. Los atléticos pivots barcelonistas esta vez sucumbieron ante la ‘espátula’ Tomic, el flacucho que dos días antes no metió para abajo la canasta que pudo lanzar a su equipo cundo ganaban por 45 a 49. Tomic, el que había llegado a Madrid para aprender y crecer, fue el amo del Palau. Prigioni, la primera opción blanca para llevar el timó, que siempre había sucumbido ante Ricky, se mostró esta vez majestuoso. El base valoró negativo (-1), Navarro, -2. Entre todo el Barça, 54. Peor le fue a los exteriores azulgranas a la hora de anotar: Entre estos dos, Basile y Lakovic, 17 puntos. Sólo Prigioni, 12.
Para pensárselo. Lo hará el Barça. Más de dos veces. Y ahí está el quid de la cuestión; el Barcelona va a viajar a Madrid con una extraña sensación no sentida hasta ahora: la de que no puede fallar, la de que es tan favorito que si pierde esta eliminatoria sólo va a tener algo a sus pies: el abismo. Es una incómoda novedad para el equipo de Xavi Pascual, que se examina al tiempo que lo hace su grupo de jugadores. En Vistalegre le pueden pesar como una losa los dos abultados tanteos con los que finiquitó al Madrid en la Liga y en la Copa. Esa es la medida que esperábamos casi todos del Barça en esta serie. Quizá no tanto, pero lo que desde luego no pensé es que el Madrid haría que el equipo azulgrana se desplomase de esta manera en ataque. Messina ha dado con la tecla. Ahora le toca a Pascual encontrar el antídoto. No va a tener mucho tiempo para hacerlo. Es la ley de los play offs, esos que hace un año manejó tan certeramente el entrenador azulgrana cuando se enfrentó al Baskonia primero en la Euroliga y luego en la ACB.
¿Dictará sentencia Vistalegre? ¿Se repondrá el Barça de este KO técnico que le propició el Real Madrid en un Palau atónito? Aturdido o no, al Barcelona no le quedará otro remedio que espabilarse. Como el Madrid, que no puede dejar que le ciegue el resplandor de esta victoria ahora que tiene el factor cancha a favor. Los dos se juegan mucho, pero, tal y como ha ido la temporada hasta el momento, es el Barça el que más tiene que perder. Si el Barcelona no pasa estaremos ante un fiasco de proporciones descomunales cuyos efectos pueden ser devastadores para el futuro. Creer o no creer en sí mismos. De eso va a depender todo para ambos. Que siga la serie.
Tal y como ha ido la temporada, si no pasa el Barça el fiasco será descomunal