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Hemeroteca :: Edición del 06/04/2010 | Salir de la hemeroteca
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Por Paco Torres

Última actualización 06/04/2010@12:53:11 GMT+1
La única victoria de esta temporada del Real Madrid sobre el Barcelona después de cuatro derrotas fue tan inesperada e impactante que durante los días que transcurrieron hasta el tercer partido de la serie parecía que el equipo de Ettore Messina podría dar la vuelta a una eliminatoria que, antes de empezar, sólo tenía un favorito: el equipo de Xavi Pascual. ¿Qué le pasaba al Barça para que en el Palau se mostrara tan corto de ideas y tan errático en el lanzamiento? ¿O es que acaso era que el Madrid había dado con la clave para que los azulgranas parecieran un equipo vulnerable? Porque vulnerable es no pasar de setenta puntos en dos partidos en casa. En el segundo fue cuando se colapsó todo el, hasta entonces, perfecto engranaje azulgrana.

La doble cita de Madrid estuvo precedida de una cascada de datos que evidenciaban que Navarro había dejado de ver aro, que su porcentaje de triples era desastroso y que ese detalle parecía tener un efecto contagioso sobre sus compañeros, que también se ofuscaron ofensivamente; por su parte, Ricky se había colapsado por primera vez desde que vistiera esta camiseta y eso dio pie para pensar que por fin Prigioni podía haberle tomado la medida a aquel que siempre le había dominado y, en ocasiones, de manera abrumadora. Por si faltaba algo resultó que Tomic, el pívot croata que había llegado con la temporada empezada para crecer y ser útil para el futuro, se convertía en un huracán que ninguno de los atléticos interiores azulgranas pudieron frenar. De repente pasamos de buscar el anti Navarro o el anti Mickeal a buscar el anti Tomic. Cosas de los vaivenes de los partidos.

La doble cita de Madrid tampoco respondió a los parámetros preestablecidos: en un par de jugadas los miles aficionados que abarrotaban Vistalegre comprobaron que Navarro había recuperado el instinto asesino –quizá espoleado por las críticas– y que su equipo se disolvía como un azucarillo. Otra vez a remar contra corriente, otra vez a no dar con las teclas para que el equipo funcione. Otra vez a pagar con el banquillo errores que Messina considera injustificables. Kaukenas pagó incluso con no salir ni un minuto en el partido del jueves; Lavrinovic sí lo hizo, pero quizá más le hubiera valido a Messina mantenerlo junto al escolta. Apuntó el Madrid a que quizá pudiera levantar el resultado, pero al final los errores le llevaron a perder un partido que terminó siendo la clave; por dos motivos: porque el Barça recuperó la autoestima que le serviría para afrontar el cuarto, y porque el Madrid no pudo mantener el efecto de haber ganado el partido anterior en el Palau.

En el igualado cuarto fue en el que Barcelona consiguió el billete para la Final a Cuatro de París; fue más parejo en el marcador que en las sensaciones de que el Madrid pudiera forzar el quinto. Cada vez que el equipo blanco parecía en disposición de ganar aparecían Navarro o Ricky –¡otra vez ellos!– para frenar la escalada blanca. Si Navarro mantuvo, Ricky sentenció. Y de una manera harto elocuente: le defendía Jaric, para intentar robar un balón que les acercara al milagro –¡otra vez apelando al milagro!– el serbio se fue ostentosamente al suelo; ¿falta, teatro? El caso es que Ricky, en vez de conservar el balón para que se consumieran los segundos, seguro de que acertaría, se levantó y clavó un triple lejanísimo que sepultó las pocas posibilidades del Madrid de estar en París. Estará el Barça, que ahora buscará transformar esta extraña serie en aprendizaje para la F4 en la que se medirá primero al CSKA, verdugo del Caja Laboral, para buscar la final ante el que venza del duelo entre el Olympiacos y el Partizán, único equipo que superó el factor cancha al derrotar al Maccabi.

El Madrid y el Caja Laboral entre tanto buscarán reforzar su estima para afrontar lo único que les queda: la Liga. En el Madrid dicen que esta eliminatoria les ha venido muy bien porque se han quitado el complejo que pudieran tener con el Barça; cuatro partidos más o menos igualados y una victoria tras los dos anteriores varapalos pueden ser usados por los blancos como palanca para intentar el asalto al trono de un equipo que parece más ganable que hace unas semanas pero que será el único ACB que estará en París para intentar ganar por segunda vez un trofeo que conquistara en 2003. Pensamos por momentos que podría haber tres equipos españoles en la Final a Cuatro. Primero se inmoló el Madrid ante el Maccabi y de tener tres posibles opciones se quedaron en dos. Luego, el Caja Laboral quemó sus opciones en Moscú y Vitoria no fue suficiente. En París estará el mejor, el Barça. Le toca seguir demostrándolo.

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