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Hemeroteca :: 27/04/2010
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Editorial

Columna por Paco Torres

Última actualización 27/04/2010@11:04:21 GMT+1
Pocas cosas hay tan descriptivas como el refranero español. Me agarro a uno de esos refranes para describir la escaramuza –¿sólo es eso realmente?– entre Jordi Bertomeu, director ejecutivo de la Euroliga, y Eduardo Portela, presidente de la ACB. La enésima desde que la Euroliga rompiera amarras y decidiera –de acuerdo con las ligas de una serie de países– hacer una competición semicerrada en la que invitación primará por encima de los méritos deportivos. Sonar, suena raro. Duro. Para mí, hoy por hoy y mientras no se cambien las reglas del juego, es inaceptable, porque se acaba con la esencia misma del deporte. ¿Para qué sirve ganar una competición nacional si no hay recompensa de participar en la de rango internacional? Ya he escrito muchas veces sobre este tema, así que no quiero dar más vueltas al asunto. Entiendo la universalización del deporte, pero que en una Euroliga (o Copa de Europa) participen 24 equipos (los terceros y cuartos de algunas Ligas), la abarata tanto, la hace tan poco atractiva durante tantos meses, que pierde la esencia misma para lo que fue creada: para que participara la élite. ¿Que el quinto o sexto equipo de la ACB es mejor que el primero de la mayoría de las Ligas de Europa? Pues sí. ¿Que no se pueden dejar fuera a los campeones de ciertas Ligas? Pues también. Pero que la fórmula al final no termina de cuajar es obvio. Hasta llegar al play off que da paso a la Final a Cuatro, hay demasiada jornada, demasiado viaje, demasiado queme y demasiado desinterés deportivo en las gradas.

¿A qué viene este preámbulo tan de sobra conocido? A que Jordi Bertomeu incendió un tanto el ambiente cuando el día 21 en Madrid, en ‘Los desayunos deportivos’ de Europa Press, aconsejó a las Ligas, incluida la ACB, que rebajaran sus participantes a 14 equipos. ‘Consejos vendo... y para mí no tengo’, es como acaba la primera parte del refrán con el que titulo esta columna. No digo que no le falte razón en el fondo sobre el número de equipos, pero si empieza por equiparar Ligas con relación al número de clubes, mal vamos. Si él considera que la ACB debería quedarse en 14, no deja de ser una opinión que quizá tenga su lógica, pero ¿en cuántos se deberían quedar las demás? ¿En los mismos? Algunas que con siete ya le sobrarían. Así que consejo por consejo, y como yo no tengo que administrar clubes sino páginas, pues le diré a Bertomeu –ya se lo he dicho personalmente en varias ocasiones– que la Euroliga ideal sería con 16 equipos. ¿Qué hará la Euroliga? Si acaso, ampliar.

En España, en la ACB, teníamos que estar bien contentos porque nuestro baloncesto será el que más equipos tenga en la Euroliga 2010/11; tras la victoria del Valencia en la Eurocopa serán cinco los clubes que representen a la ACB. ¿Dónde está el problema? En el que no podrá haber más de cinco. ¿Pero es que aún queremos más? ¿Y si el campeón de Liga es otro distinto a los cuatro invitados y al Valencia? Pues que no podría participar. Ahí está el problema, ahí está el meollo de la cuestión: que cuatro clubes la disputarán como invitados queden como queden en la ACB. Ya saben: el Barcelona, el Real Madrid, el Baskonia y el Unicaja, que protestó y le admitieron cuando nuestro ‘cupo’ era de tres. También protestó el Valencia, pero para él no hubo ya sitio. La posibilidad de que haya otro campeón que no sea uno de esos cinco lo considera Bertomeu ciencia-ficción. Yo, como director de una publicación como Gigantes, puedo escribir y lo hago sobre posibilidades y favoritos; lo que no puedo hacer es desear que gane uno u otro, pero como periodista, les aseguro me apasionaría que ganara un sexto equipo. ¡Qué divertido sería! A ver cómo se las ‘maravillaría’ Jordi Bertomeu, aunque me temo que lo que haría sería esperar a que el Tribunal Europeos de la Competencia decidiera, como espera la ACB que se pronuncie sobre la denuncia que ya interpuso en su momento sobre el tema de las invitaciones. Dios dirá...

No tardó Eduardo Portela en responder a su antiguo colaborador. Le acusa de ser un gurú, de defender posturas de las que hace unos años abominaba –que las invitaciones pesaran más que los méritos deportivos– y de comprar voluntades mediante esas invitaciones. Dice Portela que a Bertomeu no le salen las cuentas y que no tiene sentido que exija pabellones de 10.000 espectadores cuando a algunas canchas sólo van mil. Tendrá que salir aún más veces Portela a protestar. Y si no, al tiempo. ¿Cuándo? Pues cuando la Euroliga decida que sus partidos se disputen –como quieren no pocos grandes clubes europeos de Ligas aburridas– los fines de semana. ¡Más madera!
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