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Si echamos un vistazo a las estadísticas comparadas (ver página 17) de los cuatro equipos que la próxima semana dirimirán la supremacía continental en París nos encontraremos con un detalle muy elocuente: mientras Olympiacos y Partizán se muestran mucho más efectivos en sus respectivas Ligas, hasta el punto de que el equipo de Belgrado tiene balance negativo en la Euroliga en los puntos anotados y recibidos, mientras el griego gana en casa por una media de 16 puntos mientras que en Europa lo hace por 8, el CSKA y el Regal Barcelona mantienen prácticamente el mismo balance ya jueguen en sus Ligas o en el continente, pero mientras el equipo ruso gana sus partidos por una media de 6 puntos, el Barça lo hace por 15. La primera lectura sería que la semifinal que enfrenta a los de Xavi Pascual con los de Pashutin la disputan dos equipos muy equilibrados en sus respectivas propuestas, mientras que la que enfrenta a los de Giannakis con los de Vujosevic es mucho más volcánica, con dos equipos capaces de ofrecer grandes picos y también pronunciadas simas en su juego. La primera pregunta que me asalta es: ¿qué cualidad es mejor para afrontar una Final a Cuatro, la regularidad o la genialidad? No quiero decir con esto que los equipos estén tan estereotipados como para realizar estas divisiones, pero los números bien podían llevarnos a alguna confusión de este tipo.
Pero el baloncesto es más que números, mucho más. Si no, sería muy aburrido y los campeones se sabrían casi siempre de antemano. Y lo que nos enseña la historia en este tipo de Finales es que si algo no cuenta, eso suele ser el pronóstico, quizá porque en no pocas ocasiones la diferencia entre dos o tres equipos –o incluso entre cuatro– es mínima. Un detalle y todo se va al traste. Un detalle y se alcanza la gloria. Si por números fuera el Barcelona sería por este orden: claro favorito y campeón. A estas alturas ya puedo asegurar que la primera condición la cumple y la segunda la refrendará el domingo. Porque el juego del Barcelona, que se termina plasmando en números, en estadística, esconde las dos virtudes de las que hablábamos antes: muestra una regularidad apabullante en defensa y la genialidad que puede ofrecer en ataque es ciertamente inigualable en Europa aunque el Olympiacos –segundo favorito– se muestre más efusivo cara al aro. Si algo también nos enseña la historia de esta competición es que los títulos premian más a los equipos con defensas fuertemente estructuradas que a los que tienen ataques brillantes. La máxima de que en la F4 no se puede correr es cierta en la mayoría de los casos y sólo en raras ocasiones los equipos se han desmelenado olvidando los balances defensivos. Faltas tácticas, cargar mucho el rebote, presionar el primer pase... hay muchos métodos para impedir que un equipo corra y si un equipo sólo sabe jugar corriendo en estos partidos de largos ataques posicionales suele acabar pagando el desgaste mental que supone no poder jugar como les gusta.
El Barça tiene la mejor defensa y es un maestro jugando a la carrera o resolviendo en 15 segundos; cuando no ha podido hacerlo, ha sufrido. Incluso ha perdido. Los pocos encuentros que los azulgranas han cedido esta temporada lo han hecho de la misma forma: ante equipos que nos les han dejado correr. Si al Barcelona le niegan el primer pase a Navarro, o si hacen ayudas sucesivas –nada fácil de hacérselo por otra parte– el equipo ha sufrido. Nada de esto se les habrá escapado a sus rivales, como al equipo técnico de Pascual no se le habrá escapado ni un detalle del juego de los rivales. Llegados a este punto, sabiendo que todos intentarán hacer el máximo daño posible al rival tratando asimismo de mantener intactas sus armas, hay que manifestar que el Barcelona es el que mejores jugadores tiene para solventar ambas cuestiones. Nadie como Ricky, Sada o Grimau para comenzar a desactivar al rival, y nadie como la batería de interiores para salvaguardar el aro con las ayudas que le permiten los larguísimos brazos de Vázquez o Ndong. Nadie como Navarro y Ricky para activar el juego ofensivo: movilidad, amenaza constante... y buenos receptores de cualquier tipo de pase, sobre todo si va por encima del aro.
Con todas las prevenciones de haber vivido muchas Finales a Cuatro en la que los favoritos no terminaron levantando el trofeo, soy de los que no tiene ninguna duda de que el Barcelona tiene los mejores jugadores formando además el mejor equipo. Eso debe traducirse en que el domingo el Barça conquiste su segunda Euroliga.