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Hemeroteca :: 08/06/2010
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Editorial

Columna por Paco Torres

Última actualización 08/06/2010@11:46:31 GMT+1
Que Pau Gasol es uno de los siete u ocho mejores del mundo en la actualidad lo está demostrando en la Final de la NBA en la que los Lakers han comenzado ganando a unos Celtics que viniendo desde muy abajo en el Este buscan seguir dominando en la historia de las finales entre ambos equipos. Pau puede invertir esa tendencia. Pau, de hecho, fue el jugador más determinante del encuentro que suele marcar tanto el devenir de las series. Pau es sin duda el jugador con más peso específico en el baloncesto FIBA cuando todos los grandes astros se ponen las camisetas de sus respectivas selecciones. Cierto es que Pau está rodeado de otros once magníficos jugadores, cosa que no le sucede por ejemplo ni a Nowitzki ni a Parker, por poner otros ejemplos de grandes y decisivos jugadores europeos, pero es constatable verano tras verano que Pau puede llegar, individualmente, a cotas que ningún otro puede alcanzar. Pero no sólo es lo que pueda hacer en un momento determinado –y decisivo- con un balón, es lo que genera colectivamente dentro y fuera de la cancha. Lo que aglutina y lo que protege.

Sin esa protección va a tener que defender la selección española el título de campeona del Mundo en Turquía dentro de un par de meses, título que ganara hace cuatro años en Japón… sin la presencia de Pau en la final. Es un detalle que debe ser alentador, aunque las circunstancias no sean las mismas, aunque puede ofrecer ciertas pistas de cara al futuro inmediato. Es cierto que en Saitama eran 40 minutos a vida o muerte, contra una selección griega inferior técnica y físicamente aunque vinieran de tumbar a USA y ahora es todo un campeonato con los rivales ya advertidos. De aquella final ante Grecia se pueden sacar conclusiones positivas. Veamos: Yannakis había dispuesto todo para frenar a Pau; sin él en la cancha, ¿a quién frenaban, a todos? Por ahí puede ir la clave de lo que suceda en Turquía. Sergio Scariolo va a tener a su disposición a doce magníficos jugadores y todos pueden, algunos con más asiduidad que otros, aparecer en un momento determinado. ¿En quién se deben centrar los rivales? Lo bueno sería que en la cancha el equipo respondiera con su juego exigiendo al rival que no se centrara en ninguno porque todos pueden hacer daño. Pau Gasol, precisamente porque podía hacer cosas a las que los demás no llegaban, en ataque era referencia permanente: muchos de los movimientos de los seleccionadores que han pasado desde que Pau debutó con la absoluta en 2001 estaban diseñados para que, cuando el pívot ahora en L.A. recibiera el balón, él decidiera qué hacer: entro, la tiro, la doblo… Pau, acostumbrado a que en la NBA no hay dobles y triples marcajes, sufría demasiado los rigores de las defensas FIBA y el balón no circulaba con la fluidez necesaria en algunas ocasiones y la solución entonces era Pau… o Pau.

Cuanto antes asimilen/asimilemos todos que Pau no estará y que sin Pau también se puede aspirar a todo, mejor. En el equipo estarán doce grandísimos jugadores que podrán hacer un baloncesto tanto o más incisivo que cuando estaba Pau. Distinto pero igualmente capaz de llevar a España otra vez a la cima del Mundo.

Con Llull

Quien sí estuvo en el quinto partido de la serie semifinal entre el Caja Laboral y el Real Madrid fue Sergio Llull, que fue duda tras resentirse de la lesión del pie izquierdo en el cuarto partido del que sólo disputó siete minutos. Jugó Llull y fue el mejor de su equipo, pero eso no le valió al Madrid para cerrar en falso una temporada ciertamente mala del equipo que entrena Ettore Messina. No estuvo en la Final a Cuatro de la Euroliga y no estará en la final de la ACB, que disputarán por tercera vez consecutiva barceloneses y vitorianos. El Barça arrolló al Unicaja y el Baskonia acabó dejando fuera a un Real Madrid que tuvo dos bolas para ganar en cada uno de los dos primeros partidos en el Buesa Arena, que se llevó los dos de Vistalegre con bastante claridad, pero que sólo fue capaz de meter 56 puntos en el quinto. Demasiados pocos para tanto fichaje y demasiados pocos para impedir que el Baskonia se llevara por primera vez una eliminatoria que llega hasta el quinto partido. Mientras que los dos clubes que comparten colores en el escudo disputan esa esperada final, alguien en el Real Madrid tendría que ofrecer explicaciones a sus aficionados. Que Kaukenas se quede fuera para que quien le sustituyó juegue un minuto en el cuarto partido es, cuando menos, kafkiano. ¡Y menos mal que jugó Llull!
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