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Con la boca abierta nos hemos quedado todos. El Barcelona, el mejor equipo de la temporada, está a punto de zozobrar cuando le quedaban diez días para cerrar gloriosamente una extraordinaria temporada, sólo comparable a la que consiguió el triplete en el año 2000. El Barça que causó sensación en Europa al dominar majestuosamente la Euroliga y que no tuvo más rival hasta ahora en la ACB que los deslices propios de una temporada larga y con varios frentes abiertos, está a un paso de que su sueño de coronar a lo grande la temporada se convierta en una cruel pesadilla. El Caja Laboral, que venía de pasar mil y un apuros en su semifinal contra el Real Madrid, ha asestado a los azulgranas dos golpes de esos que anticipan un KO prematuro e inesperado. El equipo de Xavi Pascual se ha visto desarbolado por los acontecimientos. Quizá habría que decir atropellado. Y el más impactado es el entrenador. Se nota en su expresión a través del televisor. Y tras él, en cascada, sus jugadores. Ricky, que ha sido el factor diferencial de este Barcelona, parece desactivado Y sin él enchufado, el Barcelona es un equipo de muchas menos prestaciones. Sin chispa no hay balones para que pivots que con otros no lucen parezcan exuberantes. Y sin los hombres altos volando por encima del aro el Barça se hace humano, se hace de carne y hueso; y recibe golpes que encaja mal y que le dejan al borde de la eliminación; al borde del desastre.
Porque de desastre hay que considerar que el mejor equipo del continente –hecho constatado– pierda dos veces seguidas en su canchas con un equipo que en ninguno de los encuentros supera los setenta puntos. Al Caja Laboral de Ivanovic le basta con meter en el primer partido 63 puntos para ganar a un equipo que sólo llega a ¡¡¡58!!! Ciertamente difícil de explicar y muy complicado de asimilar para quienes sienten esa impotencia con dos días de diferencia. Cuando Dusko Ivanovic manifestó que el Caja Laboral era el único equipo capaz de ganar al Barcelona pensé que era una frase destinada a reforzar la moral de sus jugadores a los que todos (o casi todos) veíamos como víctimas propiciatorias de un Barça destinado a entrar en la leyenda de los equipos que hacen y escriben la historia. Pero no. Había algo más que motivación. Había una creencia en las posibilidades del equipo propio que ha desactivado la maquinaria que hace tan sólo dos semanas parecía perfecta.
Escribí la semana pasada que la única posibilidad que tenía el Baskonia de ganar la ACB era que el Barça se encogiera ante el temor a no cerrar la temporada perfecta. Más que encogerle, ese miedo parece haberle paralizado. Y el equipo vitoriano, causante primero de ese efecto en el Barça, se ha sabido aprovechar de él no sólo una vez, sino dos. Porque lo que me parece asombroso no es que el Caja Laboral pille al Barça despistado y frío en el primer partido. Vale que la inactividad de diez días haya podido perjudicar al Barcelona al dejarle sin ritmo de competición, pero que no reaccionase tras ese primer traspié es lo que de que pensar que quizá haya otros motivos. ¿Demasiado optimismo? ¿Quizá se vieron coronados antes de tiempo? ¿Van las piernas a distinto ritmo que la cabeza? ¿Alguna de esas partes se había tomado ya de vacaciones?
¿Qué pasará ahora en Vitoria? ¿Rematará el Baskonia o reaccionará el Barça? Si hay un equipo con capacidad para ganar dos partidos fuera, aunque sea en la mismísima final y en el Buesa Arena ése es el Barcelona. Xavi Pascual ha dicho que no les demos por muertos y luego apela al orgullo. Mala cosa cuando se tiene que tirar de escudo para sacar algo adelante. Más le preocuparía a Dusko que el Barcelona tirara del manual que ha estado utilizando a lo largo de la temporada. Yo pienso que el Barcelona para remontar debe recuperar su juego, su ritmo. El orgullo, que sin duda lo tienen en grandes cantidades los jugadores del Barça, puede ayudar a meter algunas canastas pero no creo que dé para ganar tres partidos. También podría suceder que de Dusko y los suyos se apodere ahora el vértigo. Quizá el viaje les enfrente a una realidad que por inesperada se ha convertido para equipo, club y afición en más deseable. Quizá ahora los que se enfrenten al miedo de hacer historia sean los baskonistas. Sea como sea, la pasión será desbordante en el Buesa Arena y sobre su parquet se comprobará si el Caja Laboral tiene la suficiente pegada como para tumbar definitivamente al Barça, o si éste es capaz de recuperarse de los golpes recibidos y proclamarse campeón. A estas alturas cualquiera de las dos posibilidades nos dejaría atónitos.