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Hemeroteca :: 20/07/2010
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Editorial

Por Paco Torres

Última actualización 20/07/2010@11:21:17 GMT+1
Mientras los internacionales de Sergio Scariolo disfrutan de los últimos días de vacaciones –siguiendo, eso sí, el plan de trabajo físico que les impuso Nacho Coque– antes de comenzar en Las Palmas la preparación para defender en Turquía la corona mundial que conquistaron hace cuatro años en Japón, los internacionales de Vicente del Bosque gozan de su primera semana como campeones del Mundo de fútbol. Como escribiera la semana pasada Fernando Martín en el Pressing, el sueño de millones de personas se cumplió y desde el pasado domingo al filo de la medianoche, España cuenta con los campeones de Europa y del Mundo de los dos deportes colectivos más mayoritarios, baloncesto y fútbol, y pongo este orden no porque el sea nuestro deporte sino por estricto orden de consecución de los logros. Es como para sacar pecho. Algo tenemos que estar haciendo bien desde la base hasta la élite. Los astros –y los trabajos de los jugadores y entrenadores, por supuesto– se han conjuntado para que en dos deportes tan distintos hayan aflorado talentos de la envergadura de Gasol –dos anillos de la NBA además de los máximos títulos con la selección–, Navarro, Rudy, Ricky, etc. en basket, y Xavi, Iniesta, Casillas y demás en el fútbol.

Si a estos fantásticos logros le añadimos que la selección femenina se cuelga medalla tras medalla en los Europeos (fue pionera de nuestro deporte al proclamarse campeona de Europa en 1993), que España es campeona de la Copa Davis de tenis, que la selección de balonmano siempre pelea por el podio y que también ha sido campeona del Mundo (en 2005), y que individualmente hay deportistas de la talla de Nadal, número uno del deporte de la raqueta, de Contador, dominador del panorama ciclista mundial, o de Alonso, también campeón del Mundo de F1, o de los Pedrosa, Lorenzo, Bautista… todos campeones del Mundo de motociclismo, o de Gemma Amengual, un icono en natación sincronizada… El deporte español domina claramente en los deportes mayoritarios y eso tiene que ser, además de un motivo de orgullo, un ejemplo para todos los chicos y chicas que empiezan ahora a decantarse por cualquiera de estos deportes o de otros que no tengan tanta repercusión pero que sí pueden ser muy gratificantes.

Tiene enorme mérito que en un deporte cada vez más planetario, con llegadas masivas de jugadores cada día más jóvenes –hablo ahora de baloncesto–, los jugadores españoles sean capaces de competir a un gran nivel como vienen demostrando verano tras verano en categorías de formación. He leído a Ángel Palmi que expresaba su ilusión porque alguno de los jugadores nacionalizados se convirtiera en los Luyk y Brabender de los años 70. Ojalá. Ya firmaba yo que Mirotic o Mamadou supusieran en el futuro la mitad de lo que supusieron en su momento para el desarrollo del baloncesto español los dos jugadores nacidos en Norteamérica. Eran otros tiempos. Ahora el baloncesto español da grandes pasos sin necesidad de ayudas externas, aunque sin son para ayudar a crecer, bienvenidas sean.

Estas semanas pasadas he convivido y trabajado con la U15 que dirige José María Silva y he podido comprobar muchas de las cosas que hacen posible la eclosión del deporte español y del baloncesto en particular: el talento, la capacidad de trabajo, la excelente preparación que reciben en sus equipos... También las trabas que han de superar para competir a nivel internacional: la altura, sobre todo. La migración de los jugadores que rozan los dos metros –los superan muy pocos en las generaciones del 94 y del 95, algo que se va a notar en el futuro– a puestos exteriores dificulta la pelea bajo tableros, algo fundamental sea cual sea la categoría. Emplear sólo el talento frente a la fortaleza física y los centímetros termina pasando factura; luego, con el trabajo y la competición que se desarrolla en España, esa desventaja se va paliando, aunque no sólo por la competición se puede medir a los jóvenes, aunque éstos tengan en los deportistas profesionales españoles a los mejores ejemplos posibles. Para llegar a las metas más altas hay que enseñarles más a competir que a ganar; hay que dejarles crecer con cierta tranquilidad para que luego lleguen los resultados. No podrán convivir con la gloria aquellos que vivan la derrota como un drama porque no podrán recuperarse nunca plenamente. Miren cómo empezó la selección de basket el Europeo pasado y cómo empezó la selección el Mundial. Al final, campeones.

Cuando celebremos dentro de mes y medio una nueva hazaña de la selección española y pida más páginas para un número extra, no podré hacerlo ya a Carlos González, un impulsor entusiasta con el que tuve la suerte de coincidir y trabajar durante los dos últimos años. Descanse en paz.
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