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Hemeroteca :: Edición del 24/08/2010 | Salir de la hemeroteca
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Columna por Paco Torres

Última actualización 24/08/2010@11:26:28 GMT+1
Siete de los doce jugadores que conforman la selección española defenderán en Turquía la medalla de oro que conquistaron, junto a otros cinco compañeros en Japón hace cuatro años. Son Navarro, Calderón, Reyes, Garbajosa, Mumbrú, Marc Gasol y Rudy. Los que no están son Jiménez y Pau Gasol, por decisión propia, además de Cabezas, Berni y Sergio Rodríguez. De los siete, excepto Calderón, son campeones de Europa junto a Ricky, Llull y Claver. Así pues sólo Fran Vázquez y San Emeterio no saben lo que es subir a un podio. Es muy posible –yo diría incluso que muy probable– que lo hagan el día 12 de septiembre durante la clausura del Eurobasket. No hay ninguna señal que impida que seamos optimistas. Todo en la selección que dirige Sergio Scariolo es positivo: Llull, que era quien presentaba una lesión más preocupante y a quien se le esperó hasta los partidos de Logroño, ya demostró en la capital riojana que está perfectamente recuperado. Como quiera que también Rudy –al que vaya embolado le ha metido su agente, ¿o eran unas declaraciones pactadas con el jugador y van a pagar la multa a medias?– y Marc parecen estar ya bien físicamente de sus respectivas dolencias, el equipo está como quieren/queremos todos: sano... con un ojo puesto en Calde tras su retirada ante USA.

Y es que estar sano es la mejor garantía para comenzar la conquista de algo que tiene tintes de gesta: volver a ganar el título mundial cuatro años después, algo que sólo dos selecciones han sido capaces de conseguir: la Brasil de Marqués y Pasos en 1959 y en 1963, y la Yugoslavia de Bodiroga y Djordjevic en 1998, y la de Bodiroga y Stojakovic en 2002. Ni siquiera la antigua URSS en los sesenta-setenta, y USA después de España’86 pudo repetir triunfo, así que hay que convenir que nos hallamos ante un reto muy complicado, no sé si tanto como apasionante, pero casi.

Con todas estas consideraciones y teniendo en cuenta que los partidos de preparación se han saldado todos de manera positiva y que Scariolo ya tiene un conocimiento perfecto de lo que debe y de lo que no debe hacer este equipo, no como el año pasado en el que las partes (jugadores y cuerpo técnico) se andaban conociendo. Esa parte del camino se lleva ahora adelantada. Yo no tengo ninguna duda de que el equipo va a seguir rindiendo a un altísimo nivel y que cuando comience la competición mundialista el equipo español estará en disposición de luchar por la medalla de oro, tal y como viene haciendo desde hace cuatro años. Dos otros y dos platas. Excelente cosecha. Todo apunta a que estos jugadores van a seguir dándonos grandes alegrías.

Si el equipo continúa aumentando –como es lógico en toda preparación, que se trabaja para alcanzar el cénit durante la competición– el caudal baloncestístico demostrado hasta ahora, no tengo ninguna duda de que el equipo español estará el domingo día 12 luchando por subir a lo más alto del podio. O al tercer peldaño, que parece que ya no no sirve otra cosa que no sea el oro y tampoco es eso. Es verdad que de todas las plantillas que ha presentado Fernando Martín –excelente y detallado trabajo el suyo en una Guía que ha elaborado desde la primera a la última letra– la que más me gusta es la de España; es equilibrada, sabe a qué hay que jugar, ha demostrado que sabe llegar hasta el final con el viento a favor –ganándolo todo, como en el Mundial de Japón– y también con los aires muy en contra, como sucedió en el Europeo de hace un año en Polonia, donde se recuperó después de unos inicios deprimentes. Así pues, está preparada para todo; escasísimas selecciones que se dan cita en Turquía pueden decir lo mismo. Me da miedo Serbia, pero no por el excelente juego que pueda desarrollar –eso lo que me produce es respeto, como me lo producen las selecciones de Estados Unidos, muy buena atrás contra España en Madrid, Argentina, Lituania, Eslovenia o Brasil, entre otras– sino por la violencia que han demostrado que son capaces de desatar en una cancha de baloncesto. Los griegos no le fueron a la zaga, pero se quedaron en la bravuconería, el empujón y los golpes (que ya es malo), sin caer en la canallada de estampanar una silla –como hizo Nenad Krstic– en la cabeza de un rival, en este caso Boroussis. Es de esperar que la FIBA tome cartas en el asunto y demuestre que su campaña sobre el Juego Limpio es algo más que buenas palabras y mucha pose. En el baloncesto no hay sitio para este tipo de cafres. Mal harían en mirar para otro lado por temor a un escándalo en la antesala del Mundial. Si lo hacen, se pagará cara tal desidia.



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