Última actualización 24/08/2010@11:28:23 GMT+1
Ni Rudy se acerco en exceso, ni McMillan se levantó de la silla en la que estaba sentado en la primera fila del Palacio de los Deportes. Fue un saludo muy protocolario, demasiado, para ser entre un jugador y su entrenador durante dos temporadas. Pero es lo que hay. Ya saben: el alero español se queja porque juega poco y quiere marcharse de Portland, y el entrenador lo hace porque el jugador no acepta su rol... ni le coge el teléfono. Desencuentros.
Foto: Javier López