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Perder por 34 puntos ante un rival al que se supone que debe hacer frente a lo largo de la temporada no es la mejor receta para que un equipo se ponga en funcionamiento. Que ésa sea la mayor diferencia por la que ha perdido ese equipo frente al otro, no es precisamente un buen augurio cuando pretende exorcizar antiguos fantasmas. El problema no es que el viernes pasado en Vitoria-Gasteiz el Real Madrid cayera puntualmente y en el primer partido de la temporada oficial por esa diferencia, o que incluso llegara a hacerlo por 40 en un momento determinado de la semifinal de la Supercopa ante el Regal Barcelona, aun siendo estos guarismos sonrojantes para quien los padece y más si quien está enfrente es el rival más ancestral; el problema verdadero va a estar en el daño que esta paliza va a dejar en el cerebro de todos componentes de la plantilla blanca. Individual y colectivamente, porque, a los agravios deportivos sufridos la última temporada (1 a 7 en el balance entre ambos) ahora viene a sumarse esta afrenta.
Da la sensación de que este equipo se ha asentado en el fatalismo. Da igual que hayan llegado cinco jugadores nuevos; ha sido ver enfrente las camisetas azulgranas y el equipo de Ettore Messina se ha desintegrado. Materialmente. ¡Paff! Volatilizados todos. No tengo duda de que el equipo blanco terminará haciendo un juego acorde con la calidad de los jugadores que tiene. Lo que no sé es si será suficiente. La duda que asalta con respecto a este equipo es si, aunque llegara a dar el cien por cien, le sería suficiente para hacer frente al Barcelona, e incluso a otro par de equipos, como pudieran ser el Caja Laboral y el Power E. Valencia, que también estuvieron en Vitoria. Y en la Euroliga, pues más o menos lo mismo; éstos, más otros cuantos. Y no es tan importante que yo tenga esa duda, como parece que la tengan que la tengan también ellos, los jugadores y los técnicos blancos. Tras un partido como el del viernes es muy posible que todos piensen que ya pueden echarle horas y horas de entrenamiento que al final, estando a tope, no van a poder ganar los partidos decisivos. A eso le llamo yo fatalismo. Y, o me convencen con hechos de lo contrario, o es lo que se ha enseñoreado de las mentes blancas. ¿O habría que decir mentes en blanco?
Felipe Reyes habló de meterse bajo tierra y también que así no le ganaban ni a un EBA; Messina se echó toda la culpa. Algo así como asumir la mayor para no tener que entrar en detalles. Deberá hacerlo ante los suyos para tratar de evitar que ese fatalismo se apodere sin remisión de una plantilla que está por ahormarse, sí, pero que dio evidentes signos de parálisis total al mejor contratiempo. ¿Tan rápido se han contagiado los nuevos de la melancolía con que jugaron gran parte de la temporada pasada los veteranos? ¿Qué debe hacer un entrenador en casos como éste? ¿Cabrearse aún más de lo que parece Messina? ¿Templar gaitas para que la plantilla no vaya ya encabronada desde del minuto 0? No apunta la cosa a una solución fácil.
Tampoco debió ser sencillo para el Regal Barça –que regresó a la cancha donde sufrió la pesadilla final de la temporada pasada– afrontar el inicio de ésta manteniendo los mimos principios. Pero así fue; parece que a lo largo del verano nadie ha dudado de ellos pese a aquel amargor inesperado con que se marcharon de vacaciones. Quizá la diferencia entre ambos equipos estribe en que el equipo de Xavi Pascual se halle inmerso en la evolución de una idea que ya ha demostrado que es válida, mientras el de Messina esté aún por encontrar esa idea. El técnico la debe de tener, claro, pero o bien no ha sabido trasladarla a sus jugadores, o bien éstos no la han podido, sabido o querido captar. Mal cariz tiene la cosa para el club que ahora lidera Juan Carlos Sánchez. Por el contrario, en Vitoria el Barça, con su encomiable actitud, con la exigencia de Pascual de que sus jugadores no se relajaran ni cuando iban 40 arriba estaba haciendo algo más que ganar por paliza ese partido: estaba empezando ya ganar alguno más; o unos cuantos más.
En las antípodas de la tristeza del Real Madrid está la alegría y el optimismo con el que la selección española femenina está disputando el Mundial de la República Checa. Las jugadoras de José Ignacio Hernández cuentan sus partidos por victorias y cuando estas líneas vean la luz ya estarán inmersas en la segunda fase. Ojalá la próxima semana podamos contar la gesta de las jugadoras españolas habiendo luchado por las medallas mundialistas por primera vez en la historia.
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