Columna por Paco Torres
Última actualización 23/11/2010@11:27:22 GMT+1
Al Cibona y al Prokom les gustaría que el Real Madrid estuviera encuadrado en sus respectivos grupos de la Euroliga. Así estarían seguros de que al menos se estrenarían. Los blancos ya lo han hecho en dos ocasiones y nada indica que no fueran capaces de hacerlo un par de ellas más. El Real Madrid fue a Alicante en la quinta jornada de la ACB cuando el Meridiano no había vencido en ningún partido: ganó por 78 a 67. El Real Madrid visitó Charleroi el miércoles de la semana pasada, en la que era quinta (¿casualidad?, ¿mal fario?) jornada de la Euroliga, con el Spirou aún ayuno de victorias: el equipo belga ganó por 67 a 49. Si los madridistas quieren ver la botella medio llena pues deberían pensar que el equipo ha mejorado en defensa. Si ven la botella medio vacía, pues apuntarán que han empeorado en ataque. Pero si lo que están es cabreados, que es lo más probable a no ser que sean unos santos, lo más seguros es que no estén para ironías. Pero algo tendrán que hacer para no deprimirse del todo. Ya sabemos que esto es un deporte, que lo mismo esta semana le ganan al Olympiacos en la Caja Mágica (ahora que sale el nombre, luego escribiré sobre ella) y se olvidan todas las penas. Ettore Messina dijo, tras la derrota ante el Meridiano, que el equipo no había estado a la altura ni mental ni físicamente y, más enigmático, aseguró que una cosa así –inexplicable para muchos– podía volver a pasar. Pues estaba en lo cierto: ha vuelto a pasar en Charleroi y Messina ha vuelto a decir que el equipo no estaba ni mental ni físicamente a la altura de las circunstancias. No ha dicho, o al menos a mí ni me consta, que volverá a pasar. A lo mejor los madridistas firman que el equipo la pifie cada cierto tiempo, pero que luego brille –y gane– cuando se jueguen los títulos.
Especulaciones a fin de cuentas. Porque lo constatable es que el equipo es incapaz de ser mínimamente constante unos cuantos partidos seguidos. Es inestable hasta límites que van más allá de lo razonable. ¿Cómo cabría calificar a un equipo que con un presupuesto respetable (no voy a entrar si más alto o más bajo que otros), viviendo de esto todos sus componentes, entrenado para meter canasta y no recibirlas, anote 17 de los 70 tiros de campo que intenta que un partido oficial? Que cada uno ponga el adjetivo que considere oportuno, pero a mí me parece lamentable. Un mal día lo tiene cualquiera y unos cuantos teniendo un mal día, también. Pero muchos teniendo varios malos días da que pensar. En la distancia, a través de las imágenes de televisión, tuve la sensación de que aquello era difícilmente reconducible. Que el entrenador hablaba y hablaba –y hasta callaba para que pensaran– y nada. No sé yo si Messina será capaz de enderezar el rumbo de unas voluntades que en ocasiones sólo parecen ir al unísono en el error.
De la visión del partido me quedaron pocas dudas; de la lectura de la estadística, alguna más. Llama la atención, claro, ese 1 de 15 en triples; ese 3 de 14 de Tucker; ese 8 a 17 en asistencias. Pero me da mucho que pensar que un jugador que permanece 5 minutos y 44 segundos tenga todos sus casilleros inmaculados, sin nada. En blanco. ¿Es posible? Lo es. Acudan a la estadística. Garbajosa –griposo parece ser– jugó ese tiempo y salvo los balones que pasaran por sus manos y devolviera es como si no hubiera saltado a la cancha. ¿Puede ser una traslación de lo que le sucede al Real Madrid durante muchos minutos?
Es posible que la Caja Mágica sea el menor de los problemas. Que nos quedemos con la boca abierta ante la magnífica arquitectura no quiere decir que nos guste a nadie como cancha de juego. A los abonados, los que menos. Ni por el emplazamiento ni por cómo llegar y salir. Han pedido jugar en el Madrid Arena de la Casa de Campo y el club se lo está pensando. En el Pressing del número 1.295 escribí sobre el asunto. Salió rana, como no podía ser de otra manera. Ya veremos en qué acaba el asunto y si se soluciona antes de que Messina acierte, definitivamente, con los males del equipo.
Los males del equipo, según ha declarado el entrenador a Radio Marca, nacen de las urgencias históricas del baloncesto madridista. Tiene razón. Lo que me chirría de la teoría es que esas urgencias aprisionen a los jugadores en Alicante o en Charleroi.