Columna por Paco Torres
Última actualización 15/02/2011@11:03:59 GMT+1
Está demostrado: al Real Madrid siempre le sobra un cuarto en cada partido que juega con el Regal Barcelona. Hasta la final de la Copa del domingo lo que le sucedía es que solía llegar diez minutos tarde; pasó en los dos partidos que habían disputado hasta ahora, en la Supercopa y en la liga. Cuando los de Messina querían pestañear, los de Pascual ya les triplicaban –o peor– en el marcador. Diez minutos a la basura y luego a agarrarse con las uñas al partido para que el descalabro no tuviera proporciones escandalosas. Alguna vez, las tuvo. En esta ocasión lo que le sobró al equipo blanco fue el último cuarto. Esta vez al menos tuvimos incertidumbre durante muchos más minutos. Y partido. Duro, rocoso, de los que curten. El Real Madrid hizo muy bien los deberes hasta que pasó lo inevitable: que los azulgrana duran y duran mientras que a los rivales –DKV Joventut, Caja Laboral y Real Madrid, sucesivamente– se le acaban las pilas. De entrada, el Real Madrid tuvo un acierto muy visible: Messina puso a Prigioni a seguir a Navarro de manera que no recibiera cómodo ni un solo balón y que cuando lo hiciera estuviera lo más alejado posible de su zona de influencia. Eso en defensa; en ataque puso a quien defendía Navarro –sobre todo cuando salió Llull, que quizá fue lo único positivo que hizo en la final y casi, casi en el Torneo– a cruzar de lado a lado por la línea de fondo de manera que el escolta tuviera que recorrer muchos más metros de los que está habituado. Acierto pleno en ambas decisiones: Navarro no metió su primera canasta, un triple, hasta el ¡¡minuto 22!!, que celebró como un gol. Casi lo era, habida cuenta del raquítico tanteo.
Como quiera que el partido se decantó hacia derroteros poco propicios para finos estilistas, los mejores fueron los que se supieron adaptar a las duras circunstancias. Y en ese terreno, de momento también es mejor el Barça. Cuando a los azulgranas les permiten exhibirse, ahí aparecen Navarro, Ricky, Morris... Cuando de lo que se trata es de mantenerse a flote y el rival te pega al menos tanto como puedes pegar tú –y el Barça pega, en el mejor sentido de la palabra, un rato– es el momento de que aparezcan los jugadores como Víctor Sada y Roger Grimau. El base fue para mí el indiscutible MVP de la Final, que es lo que en definitiva se premia en la Copa, por mucho que cegaran los triples de Anderson en momentos muy puntuales y calientes del partido. El Real Madrid nadó hasta donde pudo, que fue hasta donde le dieron las piernas de algunos jugadores. Para ganar al Barcelona o a otros equipos europeos de similar fuste necesita que los jóvenes sigan creciendo y también que alguno, como Tucker, no se crea en la necesidad de decidir con cada balón que le llegue a las manos; si además regresa el mejor Llull, pues puede que en unos meses –los que faltan para llegar a la Final a Cuatro o a la Final de la ACB– este equipo pueda seguir arañando minutos al Barcelona, porque lo que no va a ser posible es que la FIBA acorte la duración de los partidos.
¿Cómo digerirán los dos equipos este título? Nada debería enturbiar la felicidad del Barcelona, que ha conseguido la gesta de repetir título de Copa, algo que no se lograba desde que el propio Barça ganara las ediciones de 1987 y 1988, pero sobre la mesa tiene dos temas muy candentes que no va a poder obviar. Uno, en el vestuario: ¿Qué va a pasar con Pete Mickeal? Al jugador no le ha sentado nada bien que Pascual le descartara para la Copa después de haber trabajado duro y recibir el alta médica. ¿A quién descartará ahora el entrenador para la Liga? En la ACB sólo pueden jugar dos extracomunitarios, no así en la Euroliga. ¿A quién deja fuera en la Liga, a Anderson, que juega en el mismo puesto que Pete, pero que luce galardón de MVP de la Copa, o a Morris, un ‘cuatro’? Una pista: Mickeal ha estado entrenado en esta última posición. El los despachos también se avecinan tiempos de negociaciones complicadas. No todos los que tienen voz y voto en la sección de baloncesto tienen claro que deba seguir Joan Creus. Habrá que estar atentos.
Como no habrá que perderse detalle tampoco de lo que se mueva en el Real Madrid. Me da la sensación de que las palabras de Messina antes de la Copa no han caído en saco roto. Es muy posible que hayan esperado a que termine la competición para llamarme a consulta desde los despachos del Bernabeu. O tal vez no, tal vez ya haya habido alguna reacción. Dar la mano no es lo mismo que abrazar, aunque a Sandro Rosell lo vea más de tarde en tarde que a Florentino y quizá de ahí la efusividad.