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Hemeroteca :: Edición del 01/03/2011 | Salir de la hemeroteca
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Por Paco Torres

Última actualización 01/03/2011@11:57:02 GMT+1
A ninguna de las partes, las tres que acordaron en su momento proteger a jugador español con los cupos de tantos seleccionables por plantilla en la ACB y en el baloncesto profesional federativo, le ha sorprendido que la Comisión Europea haya trasladado al Gobierno español, vía Consejo Superior de Deporte –precisamente el fedatario de aquel acuerdo– su denuncia contra el baloncesto de nuestro país por no estar abierto a todos los jugadores comunitarios, tal y como ocurre en cualquier profesión. La libre circulación de trabajadores de la Unión Europea es un derecho ineludible que está por encima de cualquier acuerdo menor… y que además lo vulnera. Las partes están preparadas para que la alegación que traslade el CSD al Consejo de Europa antes de tres meses no tenga más éxito que el de lograr que se permita que acaben esta temporada con los cupos que se aprobaron en su momento, o como mucho tras los Juegos Olímpicos, con lo que la ABP, la ACB y la FEB saben que el marco con el que afronten la temporada 2011/2012 o la siguiente será muy distinto al actual.

No importa tanto saber por qué se destapa esto ahora, cuando el acuerdo tripartito lleva en vigor desde 2005, no siendo otros países europeos ajenos a acuerdos similares. Lo verdaderamente fundamental de cara al futuro es trabajar TODOS de forma que no haya que echar mano de los cupos porque aquí seamos capaces de formar y luego dar la posibilidad de jugar y crecer –si no se juega raramente se crece– a los jóvenes. Y como quiera que el baloncesto de base no es profesional, es por ahí por donde debe empezar a protegerse nuestro baloncesto. Habrá jugadores que lleguen –por aquello de los movimientos geográfico de profesionales– muy pequeños con sus familias, o incluso que nazcan aquí y tengan por tanto los mismos derechos que todos los españoles, pero la llegada de jugadores no comunitarios cada vez más jóvenes, sin que en ocasiones se sepa claramente si el jugador tiene la edad de los jugadores con los que juega o un par de ellos más, en poco o en nada favorece a nuestro baloncesto. De todo esto charlo con José Luis Llorente, presidente de la ABP, esto es, presidente de todos los jugadores profesionales, sean o no españoles, pero vivamente interesado, como es normal por otra parte, en que el jugador nacional tenga al menos las mismas posibilidades que el resto de baloncestistas.

Piensa Llorente que es a la cantera a la que hay que proteger para que, cuando lleguen a profesionales, hayan tenido el suficiente recorrido y acumulado la cantidad de trabajo necesaria como para salir al mercado en igualdad de condiciones. Otra cosa es, evidentemente, la genética, pero no es desdeñable tampoco la cantidad de jugadores españoles altos que se acaban perdiendo por la falta de paciencia… o por la falta de maestros, como dice Pepe Laso.

Hay ejemplos de jugadores con los que no se tuvo la paciencia necesaria en un momento crucial de sus carreras –una vez que acabaron la edad junior y hasta bien entrada la veintena, y sobre esa etapa ya escribió en Gigantes Josep Bordas– y que solo la constancia o la vista de algún entrenador o de algún director deportivo ha sacado adelante. A todos estos se les colocó por delante a jugadores comunitarios o extranjeros. Me vienen a la memoria unos cuantos ejemplos, como Xavi Rey, Rodrigo San Miguel o incluso Fernando San Emeterio a quien al final de la temporada 08/09 el Baskonia puso en el mercado; unos meses después fue pieza fundamental en la conquista de la ACB… Hay un par de compañeros de Xavi Rey que no tuvieron cabida en los dos clubes de la capital de donde salieron –Javier Beirán en el Estudiantes y Tomás Bellas en el Real Madrid– que se están abriendo camino al lado de Rey en el Gran Canaria con Pedro Martínez. Curioso el caso de Pedro Martínez, que ha recuperado a no pocos jugadores a los que en otros clubes dieron por ‘perdidos’. La paciencia es primordial, aunque el mundo profesional case mal con esa virtud.

Pero en el de la cantera la paciencia debería ser una cualidad indispensable en los entrenadores-formadores. Y otra más: no poner la victoria por encima de crecimiento global del jugador. Enseñar requiere muchas veces que hay que renunciar al resultado. A los clubes seguro que le viene mucho mejor que un jugador llegue al primer equipo a la segundo, si tiene, o incluso poder hacer negocio con él traspasándole en su momento, que un título infantil, cadete o junior. Una cantera cuesta lo suficiente como para invertir con sentido común. Sobre la capacidad de un club para sacar adelante jugadores, Ángel Palmi defiende la teoría de que los éstos no puedan cambiar de club hasta los 15 años. Piensa el director deportivo de la FEB que así se evitarían dos problemas: sacar al chico del entorno y acumular jugadores que se quiten espacio y minutos unos a otros. Eso no quiere decir que el club, llamémoslo grande, no haya captado previamente al jugador y que le tutele incluso técnicamente, pero de esa forma se le dejaría crecer con naturalidad.

Son caminos a estudiar y que nos llevan a una lógica que no siempre se cumple: invirtamos, con sentido común, en formación de jugadores. Y luego, pongámoslos a jugar en la competición adecuada. Y que en el mercado sin cupos peleen en igualdad de condiciones. Es, entre otras cosas, la obligación de TODOS.

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