Columna por Paco Torres
Última actualización 21/06/2011@11:24:34 GMT+1
Excepcional Final de la Liga ACB –las cinco próximas se llamará Liga Endesa (gracias por la confianza en este deporte, directivos de la compañía energética), que es la mejor noticia que podía tener el atribulado baloncesto ACB–, una final ciertamente impactante por todo lo sucedido en la cancha y en las gradas –¡qué pasión en Miribilla!–, con la (re)consagración de Juan Carlos Navarro, timón y proa de este Barcelona que está haciendo historia y el refrendo de un proyecto como el de Bilbao que nació con vocación de crecer y que ha pegado un estirón en un momento que casi nadie esperábamos.
Pero aquí están los dos y es motivo de satisfacción ver cómo el Barça no se descompuso tras el palo que supuso no clasificarse para la Final a Cuatro del Sant Jordi hasta firmar un impecable e implacable 8 a 0 en el play off final. Y es asimismo un motivo de júbilo ver cómo el baloncesto cala en Bilbao como ya lo hiciera el mítico Águilas de Paco Díez y Emiliano, precursor del Kas de Lester Lane y José Luis Sagi Vela. Llegaron luego tiempos en blanco –¿o habría que decir en negro?– hasta que volvió a asomar la cabeza el basket en Bilbao con el Cajabilbao de Kopicki y Davalillo. Y otra vez el ostracismo hasta que, en el año 2000 surgió este proyecto que desde la LEB2 ha llegado hasta la Final de la ACB y la Euroliga de mano de Jon y Gorka Arrinda, Txus Vidorreta, Savovic –ahora presidente sustituyendo a Davalillo– y Katsikaris. Este BBB que puede y debe convertirse en un referente que venga a sumarse a otros proyectos que han permitido ensanchar el panorama del baloncesto español.
Y una vez acabada la Liga el aficionado parece abocado a adentrarse en variados laberintos. Si intenta saber, por ejemplo, qué cara tendrá su equipo, en algunos casos le será imposible atisbar cómo va a jugar porque o bien no tiene aún a la mayoría de jugadores, o porque no conocen quién será el entrenador y por tanto quien marque el estilo o, en algunos casos, ambas cosas. El marco de contratación aún no está definido, con los que el mercado se está moviendo con mucha lentitud. Los clubes, entre otras cosas apremiantes que tienen en la cartera, definir este marco con la Asociación de los jugadores y la FEB, es quizá la más prioritaria, ya que mientras no sepan a qué atenerse no podrán definir plantillas. Quizá la lógica les lleve a firmar un acuerdo similar al que ha adoptado la FEB en el que se incluyan los jugadores formados en las canteras –no hace falta evidentemente que sean las propias, ya que alguno no tiene, basta con que se hayan formado en España– aunque en menor número que la Oro y la Plata. Puede pasar asimismo que los clubes decidan adoptar la libre contratación a imagen de la Euroliga, lo que desembocaría finalmente en un conflicto con los jugadores. Si así fuera esta vez el CSD quizá no pueda mediar, ya que fue el CSD a través del Gobierno el que recibió la advertencia de Bruselas. Veremos.
Otro laberinto es en el que está a punto de meterse la NBA si clubes y jugadores -en todos los sitios cuecen habas, como ven- no firman un convenio; el riesgo allí es de cierre patronal, lo que afectaría de rebote a millones de personas: jugadores, franquicias, aficionados, medios de comunicación, sobre todo televisiones que han invertido muchísimo dinero, federaciones que tendrán que pagar mucho más por los seguros de los internacionales que disputen el Eurobasket… Ricky Rubio salió del laberinto personal de decidir qué hacer a partir de la próxima temporada y eligió marchar a Minnesota, aun a riesgo de esa amenaza de cierre. Creo que ha acertado plenamente. Un nuevo reto le permitirá salir de la dinámica en la que había desembocado, primero un estilo de juego que no le iba mucho, y después una desconfianza en el tiro que le ha hecho estar muy por debajo de los números de la temporada pasada. Una cosa hizo bien Ricky en este tiempo: no dejó de tirar si tenía opción. En la NBA te pueden perdonar que falles –y ahí están las estadísticas de las grandes estrellas para corroborarlo- pero no te perdonarán si renuncias a un lanzamiento claro. Y Ricky no ha tenido miedo, ni a tirar aunque fallara ni a marcharse a la NBA, a una franquicia en construcción. Empiezan juntos, equipo y él, a moverse por un intrincado laberinto que tiene un premio suculento si se entra en el camino correcto. No hay por qué dudar de ello como no lo duda Dan Fegan, su agente, en la entrevista que le realiza Fernando Martín. En esa tarea de regresar a sus frescas raíces, de correr a campo abierto y jugar más con la inspiración que con el manual, estará Ricky en cuanto lo permita el lockout.