Columna por Paco Torres
Última actualización 12/07/2011@17:45:17 GMT+1
A partir del día 14 de julio el futuro del baloncesto español tiene una cita muy importante en Bilbao. Dicho así suena muy solemne, pero por aquello de la edad que tienen los jugadores (19 y 20) los convocados por Juan Orenga están llamados a ser los protagonistas absolutos en los próximos años.
Estos doce jugadores, los que han estado trabajando en la preselección, y aún algunos de los que se quedaron en las puertas conforman una buena parte de unas generaciones que tendrán que dar el paso adelante, que tendrán que asumir el relevo en el Mundial de 2014 en algunos casos y después de ese campeonato que va a suponer una frontera por dos motivos: uno, porque un Mundial siempre marca un antes y un después para el país en el que se disputa, y dos, en esta ocasión el relevo generacional sí que está perfectamente marcado.
Es muy probable que de los grandes jugadores, aquellos que formaron y forman la columna vertebral que dio –y esperemos que siga dando– los mayores éxitos al baloncesto español, llegarán unos pocos. Ojalá que Pau, Navarro, Reyes y Calderón estén en 2014 al nivel que esperamos y deseamos. El resto de los jugadores que componen la selección actual llegarán a esa cita en plena madurez. Se despidan o no de la selección en ese Mundial esos cuatro jugadores nombrados, a varios de los que jugarán este Europeo, junto a otros algo mayores como Aguilar y Rabaseda, por poner dos ejemplos, les tocará dar el paso al frente. Para eso les va a servir este Europeo U20 en casa, que por el hecho de jugarse aquí les va a suponer un mayor alto grado de presión. Y hay que ver cómo se manejan en una situación que se va a parecer mucho a las que tengan que soportar en adelante cuando lleguen al primer equipo… jueguen donde jueguen.
Esa prueba de madurez para ellos no debe consistir en si ganan o no el campeonato, o si suben o no al podio. La prueba de madurez la superarán si son capaces de competir para ganar, si son capaces de no atenazarse por el hecho de jugar aquí y dan de sí el máximo que pueda el equipo. Esa será la prueba de madurez real. Competir para ganar y hacerlo sin ningún complejo pero también sin ninguna mochila a cuestas. Somos muy dados a simplificar las cosas. La ecuación puede ser esta: jugamos en casa + Mirotic que estuvo a punto de jugar con la absoluta = medalla segura.
Y no tiene por qué ser así. No conozco lo suficientemente a fondo el nivel de los equipos rivales, pero seguro que los jugadores de los países bálticos y balcánicos juegan muchos minutos en sus respectivas ligas y que por no tener el nivel de la ACB les va a servir de menos de cara a un campeonato de este tipo. A veces los países llevan a equívocos porque medimos su potencial por los equipos que tengan en la Euroliga, y no es eso. Habrá otro componente añadido para la peligrosidad de algunas selecciones: el escaparate que para muchos de esos jóvenes jugadores va a suponer el Europeo. Para muchos de ellos, además de intentar llegar con su país lo más alto posible en la clasificación, va a suponer la oportunidad perfecta para que se fijen en él equipos de países más poderosos económicamente, aunque en estos tiempos de crisis en ninguno sobra el dinero. Pero sí es cierto que lo que aspira, de momento, a ganar un jugador de esos países es menos que lo puede aspirar un jugador español bien en la ACB o bien en la LEB Oro.
Los jugadores de la selección española mientras compitan en el Bilbao Arena estarán disputando otro torneo que tendrá enorme trascendencia en su futuro. Se jugará en los despachos –¡otra vez los despachos!– y será un triangular entre clubes, asociación de jugadores y FEB, y el resultado incidirá en gran medida sobre su futuro profesional. Pero de eso mejor que se enteren al acabar. Y que acaben como sabemos que empiezan: con todas las ganas del mundo. No es para menos. Es su hora.