Columna por Paco Torres
Última actualización 25/10/2011@11:27:59 GMT+1
De todos los equipos de la Liga Endesa que he visto hasta el momento el que más confianza me genera es el Barcelona Regal; a pesar del partido que perdió en Sevilla, la plantilla parece muy solvente como lo avalan los 19 partidos que había ganado –entre amistosos y oficiales– esta temporada hasta el partido ante el Cajasol. Y después ha seguido ganando: en la Euroliga en Ljubljana y en el Palau ante el Bilbao Basket, quien fuera su rival en la final de la última liga. El de Xavi Pascual es un grupo sólido que no suele mostrar sus carencias más que de muy tarde en tarde y cuando haya que jugarse los títulos estará, como ha estado siempre, a una gran altura. Partidos como el de Sevilla lo tienen él y todos los campeones y más a estas alturas de la temporada.
El que más me ha sorprendido –para bien– ha sido el Lucentum, que lleva un magnífico balance de 3 a 1, algo realmente notorio para un equipo que se debatía en verano si salía o no en la Liga Endesa por motivos económicos. El fichaje de un joven talento llamado Kyle Singler, que la pasada semana era protagonista en nuestras páginas, le está saliendo muy bien a Txus Vidorreta y los directivos alicantinos. Es un apuesta perfectamente entendible porque, si bien el club asume el riesgo de perder a su piedra angular si hay finalmente temporada en la NBA, los partidos que ha ganado con su presencia no se los va a quitar nadie, y ha ganado nada menos que al Bilbao y al Valencia –a éste fuera– y esta semana a un equipo como el Blancos de Rueda, con el que quizá esté riñendo al final de temporada por seguir en la Liga Endesa, por la sonora ventaja de 27 puntos, que pueden ser decisivos en el caso de que haya que echar mano del basket average
Del líder, Unicaja, me gusta el sentido práctico del baloncesto que propone Txus Mateo y ese primer puesto puede dar alas a un equipo que ha sufrido demasiado en ocasiones por sus malos comienzos –recuerden que lleva dos años sin disputar la Copa del Rey– y que va a estar muy ocupado intentando entrar en el Top 16 de la Euroliga. El Unicaja, no obstante, no ha tenido un calendario excesivamente exigente, aunque es en esos partidos no muy comprometidos donde se metía en los charcos otros años. Habrá que esperar a que viaje a Valencia la próxima semana y que reciba al Real Madrid en la segunda semana de noviembre para testar con más rigor las posibilidades reales de los malagueños.
El Valencia de Paco Olmos es quizá el equipo más desconcertante en lo que llevamos de campaña: pierde en casa con el Lucentum hace una semana y en ésta le gana al Caja Laboral en Vitoria. Cuanto menos, sorprendente. Para rivalizar con él en ese ‘título’ de equipo desconcertante también suma votos su último rival, el Baskonia de Dusko Ivanovic, que a la paliza que recibió en Zaragoza la semana pasada, une este tropiezo en su casa... y entre medias, triunfo en la Euroliga ante el Fenerbahçe en Estambul.
Pero de todos los equipos, el que me parece que hace un baloncesto más divertido es el Real Madrid de Pablo Laso. Alegre, dinámico, divertido... Claro que tampoco ha tenido enfrente unos rivales de los que podemos considerar duros y cuando los ha tenido, ha perdido: perdió con el Barça en la Supercopa y perdió con el Bilbao en la Liga Endesa. Su propuesta de baloncesto, no obstante, es muy de agradecer y consiste en algo muy sencillo de concebir en una pizarra, pero muy difícil de ejecutar sobre el parquet: robar mucho, correr mucho y meter mucho en transiciones y contraataques; como tiene Laso jugadores exteriores de manos rápidas y que defienden con mucho olfato la línea de pase, el equipo blanco, acaudillado por Llull y Rudy –ahora Fernández por un exceso de celo de la ACB... menos mal que ya estás retirado, Epi– cuando se trata de correr a campo abierto, lo borda. No sé si esta exuberancia le servirá cuando se enfrente a grandes equipos, de esos que no pierden balones fácilmente y que cargan mucho el rebote ofensivo y no permiten montar contraataques, pero me gustaría que la arriesgada apuesta le saliera bien a su entrenador porque al menos ha demostrado mucha valentía. El juego vertical que propone no sé si terminará dándose de bruces cuando los Obradovic, Blatt y compañía se pongan a amasar el balón, o cuando no le dejen correr y tenga que atacar posicionalmente una vez sí y otra también, pero me gustaría felicitar a Laso porque intenta que su equipo juegue el baloncesto más atractivo y divertido. El problema es que no siempre esas cualidades casan con la palabra victoria. Y en este país somos más de ganar que de disfrutar de un deporte.