Columna por Paco Torres
Última actualización 24/01/2012@11:02:07 GMT+1
En aquella temporada Ricard Casas fue destituido como entrenador del Valencia en la quinta jornada; a Curro Segura le hicieron abandonar el Menorca en la séptima; y Paco García, en Valladolid, corrió igual suerte que sus colegas en la novena. Antes como ven de que acabara la primera vuelta. Aquella temporada, todavía cayeron otros tres entrenadores más: Pedro Martínez, fue destituido del Estudiantes en la 20, igual que Velimir Perasovic en el Baskonia, aunque en éste intervino un amago de infarto, así que no puede tomarse como despido puro y duro, y Manel Comas, que fue invitado a dejar Sevilla en la jornada 22. Seis de 18. Un tercio.
Aquella temporada era la 2006/2007 y la España baloncestística vivía el clima embelesante que proporcionaba el hecho de que la selección española se había proclamado campeona del Mundo en Japón, pero eso no pareció importar a los directivos que se mostraron bastante efectivos a la hora de tomar decisiones drásticas que afectaban sobre todo a los técnicos. Aquella temporada reunía otra característica importante: era la última antes de entrar España y el mundo en la crisis galopante que ahora parece que se ceba con más ahínco en las menguantes economías (micro y macro).
Quiero pensar que nada tiene que ver, que no es decisivo el hecho de que entonces se manejaran cifras millonarias para indemnizar a los que echaban y para fichar a los sustitutos. Quiero pensar que si esta gozosa temporada 2011/12 en la Liga Endesa todos los entrenadores siguen en sus puestos....
(¡Uyyyy casi! Según escribo la columna llega la noticia de la destitución de Paco Olmos al no haber clasificado al Valencia para la Copa del Rey).
Sigo, eso sí cambiando el paso sobre lo que tenía pensado glosar porque Paco Olmos ha caído en el último suspiro del último partido de la última vuelta. Adiós pues a la primera vuelta (iba a ser histórica) sin víctimas, aunque a nadie se le escapa que el Valencia salía en la Liga Endesa con muchas más opciones de estar en Barcelona que otros de los que sí estarán. Por presupuesto y por plantilla. Por eso tiene que escocer que, aun habiendo sido un equipo irregular, estuviera con muchas opciones a falta de dos jornadas en las que recibía a uno de los aspirantes –el sorprendente Fuenlabrada– y viajaba a Badalona para jugar ante un equipo que lleva coqueteando con la zona baja desde el inicio, y las haya dejado escapar cayendo en los dos encuentros.
Por tanto, y conociendo la casa –el año pasado destituyeron a Manolo Hussein– no ha sido tan de extrañar que Paco Olmos haya sido, desgraciadamente, el primero de la lista esta temporada. Ha sido algo así como ‘la hora después’ de la primera vuelta.
Que hasta ahora no haya habido cabezas cortadas quizá se debiera a que las economías andan muy apretadas y se mira muchísimo el euro, aunque sería más gratificante pensar que el sentido común se va instalando en aquellos que tienen que tomar ese tipo de decisiones. Quizá se pueda explicar también por el hecho de que no hay equipos descolgados y que nadie, salvo el Valencia, ha perdido la esperanza. Algunos estarán ahora, tras la caída de Olmos, más inquietos porque dicen que el gato escaldado del agua fría huye, y casi todos los técnicos se han llevado ya algún chapuzón, y puede que piensen además en el temido ‘efecto dominó’. Esperemos que no.
Todo lo contrario que en Valencia, en Fuenlabrada y en San Sebastián se viven momentos de euforia. Porfirio Fisac, que clasifica contra todo pronóstico al Fuenlabrada de la misma manera que el año pasado clasificara al Blancos de Rueda, precisamente el equipo ante el que los fuenlabreños sellaron su presencia en Barcelona, será un hombre feliz porque sin grandes expectativas –y sin mucho dinero– ahí está, llevando a su equipo a pelear por título copero. Más inesperada ha sido la presencia del Lagun Aro, que ha aprovechado al máximo todas las variables de terceros al ganar al UCAM en Murcia. Bravo por Sito Alonso y su equipo, que se sobrepusieron a un inicio muy frustrante cuando perdían y perdían partidos por muy pocos puntos. Sonó su nombre como posible primera víctima, pero tuvieron paciencia y ahí está la recompensa. Gana el baloncesto.