«Estoy muy ocupado como para poder sentarme y ponerme a ver partidos por la tele». Con estas palabras responde John Amaechi cuando se le pregunta si su agenda le permite seguir los play offs de la NBA, la misma competición en la que jugó cinco temporadas y que dejó con 33 años cansado de su «aislamiento» y de una situación en la que no podía ser como le hubiera gustado. Desde que llegó a las librerías ‘Man in the Middle’ su imagen ha pasado a la primera plana de la actualidad, algo que contrasta enormemente con sus escasos momentos de gloria en el baloncesto. Aquel rechazo suyo a una oferta de 17 millones de dólares de los Lakers hubiera cambiado mucho las cosas…
Ha concedido cientos de entrevistas a medios americanos de todas las ideologías («mis favoritas son en las que el entrevistador se pone en mi contra»), ha dado multitud de conferencias, se ha convertido en la cabeza visible de un movimiento pro derechos humanos y, de paso, ha removido alguna que otra conciencia. El sexto jugador (retirado) de una de las cuatro Grandes Ligas norteamericanas que confiesa su homosexualidad no cree que en un futuro cercano alguien coja su testigo. No en la actual NBA.
John, ¿cómo han sido estos meses desde la publicación de tu libro?
Amaechi: Han sido frenéticos. He estado muy, muy ocupado, pero en su mayor parte ha sido una experiencia positiva, muy positiva.
¿Por qué decidiste que la mejor manera de hacer pública tu homosexualidad era a través de un libro?
A: La mejor manera de hacerlo en Estados Unidos era con un libro. En Inglaterra no hacía falta porque no había nada que ocultar ya. La gente no hablaba de ello simplemente porque no les interesaba, pero lo conocían. En América yo sabía que iba a ser visto como un gran acontecimiento y quería asegurarme de que todo quedaba suficientemente claro. Si escribes un libro el mensaje está ahí y queda ahí. Así no puede ser tergiversado por nadie.
¿Te sorprendieron las reacciones tanto positivas como negativas que hubo entre jugadores y dirigentes de la NBA? (Tim Hardaway dijo que los gays «no deberían existir ni en este mundo ni en los Estados Unidos»; LeBron James afirmó que fue una falta de respeto no decírselo a sus compañeros de equipo y que por ello no era una persona de confianza; Mark Cuban, en cambio, declaró que «en eso consiste el espíritu americano, ir en contra de la opinión general y defender lo que eres»)
A: Sorprendido, no. A ver, en todos los sitios hay negros que saben que hay gente que les odia. Del mismo modo, hay gays que se dan cuenta de que hay cierta gente que también les odia. Yo esperaba y sabía que iba a haber reacciones de ese tipo.
¿Alguna vez pensaste en anunciarlo cuando todavía eras jugador profesional? Por supuesto no mientras jugabas en los Jazz (en el estado de Utah se puede despedir a una persona homosexual por su orientación sin tener que indemnizarla).
A: No. Se me pasó por la mente, pero la verdad es que no creo que nadie, honestamente, pueda pensar que mi carrera hubiera sido la misma de haberlo hecho.
¿Crees que tu carrera en la NBA se hubiera acabado?
A: No creo que hubiera sido el final, pero desde luego no habría sido igual. Y eso no es justo. Cuando haces un trabajo que es tan difícil, si encima tienes que preocuparte por algo en lo que nadie te va a ayudar…
¿Es la NBA, y los deportes profesionales por extensión, más o menos homofóbica que la sociedad?
A: Creo que es un reflejo de la realidad. Pero no sólo en Estados Unidos. ¿Hay atletas gays que lo hayan dicho en Europa? No. Exactamente, porque no es sólo en América, es en todas partes. Es un reflejo de la sociedad en que vivimos. La gente acepta que haya gays en ciertos puestos laborales, como peluqueros, maquilladores, asistentes de vuelo… Pero cuando se trata de otros trabajos suelen desconfiar. Esto es lo que pasa aquí.
Pero lo que sí ocurre a menudo en las grandes Ligas americanas es que la diferencia no se acepta. Ya sea acerca de política, religión o, en este caso, de orientación sexual…
A: Sí, yo creo que en América las grandes estrellas del deporte son muy… ‘vainilla’, esa es la palabra. Ellos no tienen una opinión política ni sobre temas sociales, tienen 2.5 hijos, son muy… ‘average’ [término inglés para referirse a ‘media estadística’] en muchos aspectos. Pero particularmente en los deportes sí es verdad que la gente se siente más cómoda cuando las estrellas que ve en la tele no tienen opiniones demasiado fuertes ni son muy diferentes.
¿Se debe eso a que el deporte es un gran negocio y a nadie le interesa que se convierta en otra cosa?
A: El deporte es un gran negocio en todos los sitios, sí, y mucha gente seguro que no quiere que ese negocio tenga demasiadas distracciones. Pero yo pienso que sí se pueden expresar determinadas opiniones. No directamente, pero sí en el subtexto de algunas declaraciones.
En el deporte profesional, ¿qué hay más: racismo u homofobia?
A: Creo que hay una buena cantidad de ambos. No necesariamente dentro del deporte, quiero decir dentro de los equipos, en el vestuario… Son los fans, los propietarios y todo lo que lo rodea. Eso es lo que impide a la gente ser como realmente es.
En tu libro afirmabas que durante tu carrera como jugador de la NBA te sentías como «un prisionero». ¿Cómo de difícil fue vivir así?
A: Era muy duro saber que yo no podía hablar de mi vida con mis amigos, mis compañeros de equipo. Yo no podía salir, no podía tener vida social… Tuve que aislarme bastante.
¿Y cuando jugaste en Europa te sentiste igual?
A: Sí, bueno, probablemente la diferencia fue que cuando jugué en Francia [Cholet y Limoges], Italia [Kinder Bolonia] o Grecia [Panathinaikos] yo estaba muy centrado en mejorar como jugador para poder volver a la NBA. Estaba mentalizado en mi juego y no en mi vida personal, pero eso no quiere decir que no estuviera aislado.
¿Qué te pareció que David Stern dijera que «la homofobia no es asunto de la NBA»?
A: Yo respeto a David Stern, pero eso es una tontería. La homofobia es un asunto de la sociedad en general, y por tanto también lo es de la NBA. Sin duda.
Ya ha habido otros jugadores profesionales de las grandes Ligas americanas que han confesado su homosexualidad. Muchos dicen que el siguiente paso lógico es que lo haga un jugador en activo. ¿Tú crees que eso pasará pronto?
A: (Rotúndamente) No. Piensa que la gente tiene que cambiar antes. No se trata sólo de que un jugador en activo sea valiente y confiese su homosexualidad. El mundo tiene que cambiar mucho primero. Yo espero haber ayudado a la gente, pero lo que yo he jugado es sólo un pequeño papel en todo esto.
‘Man in the Middle’, expectación recompensada
Un año tardó John Amaechi en escribir su libro y dos en encontrar a alguien que quisiera publicarlo. Ese alguien fue la editorial de la cadena ESPN (ESPN Books), a pesar de que ‘Man in the Middle’ no es en sí un libro deportivo al uso ni en el que el deporte salga demasiado bien parado. La editorial creó una buena campaña de marketing al filtrar semanas antes de su publicación (el 20 de febrero) que un ex jugador de la NBA iba a anunciar su homosexualidad. Saltaron a la palestra multitud de nombres pasados y presentes, entre los que estaba el del jugador inglés. Una expectación descontrolada.
En ‘Man in the Middle’ Amaechi narra cómo empezó a jugar al baloncesto con 17 años y la rápida progresión posterior que le permitió llegar a la NBA en unos pocos años. Pero, sobre todo, el libro es la historia de lo que diferenciaba al ex jugador de Cleveland, Orlando y Utah de la gente que le rodeaba. De madre inglesa blanca y padre nigeriano (que les abandonó), criado en Inglaterra y formado como jugador en Estados Unidos, con inquietudes culturales y filosóficas que en nada se parecían a las de sus compañeros de profesión y con una orientación sexual que le convenía no contar a nadie, Amaechi pasó su carrera en la NBA dentro de una espiral de silencio y aislamiento.
De todos los pasajes del libro los que más han llamado la atención son los relacionados con su etapa en los Jazz (sus dos últimas campañas en la NBA), sobre todo por la ubicación de esta franquicia en el ‘especial’ estado de Utah. Amaechi detalla el trato de un Jerry Sloan que «me odiaba», llama «fanático religioso» al propietario Larry Miller y afirma que Karl Malone es un xenófobo. El inglés también cuenta cómo entre tanta incomprensión recibió la amistad de sus compañeros de equipo Greg Ostertag y Andrei Kirilenko (en el libro apodado ‘Malinka’). «En mi propia paranoia y mi deseo de privacidad había fallado al no darles a mis compañeros el beneficio de la duda», escribió.
Amaechi incluye también alguna reflexión propia, como que los profesionales juegan por una variada serie de razones (dinero, fama, mujeres, autoestima…) pero que muy pocos aman el baloncesto. «El aficionado sentado frente a la tele en su casa quiere que amemos el juego como él. Si supiera por qué jugamos la mayoría, no sólo no podría amar tanto el juego. Incluso podría dejar de verlo». Su libro no ha dejado indiferente a nadie, y aunque haya habido muchos jugadores que se han mostrado muy comprensivos en público con su revelación, es significativo que el propio Amaechi diga que apenas un par de ex compañeros le han llamado para decírselo directamente.