Y no fallaron en la primera de las dos citas necesarias para saber cuál de los dos pasaría a la siguiente fase: tensa de principio a fin fue la de Bilbao entre Gescrap y Montepaschi y perezosa en el inicio por parte de los blancos ante el Unicaja. En Miribilla ‘jugaban’ en realidad los cuatro equipos del grupo, aún con posibilidades, pero quien se jugaba en ese momento casi todo era el Bilbao. Y la tensa y emocionantísima cita fue resuelta al fin, con una canasta que pasará a estar en los anales de épica y la memoria colectiva de nuestro deporte por parte de Raúl López, quizá el base, junto a Corbalán, más talentoso técnica y físicamente que ha dado el baloncesto español, al que la esquiva fortuna en forma de lesiones le debe unas cuantas alegrías; la extraordinaria canasta que metió en el último segundo ante el Montepaschi para ganar el partido y alargar la esperanza de un club y una afición, es sin duda una de ellas.
El Real Madrid saltó a la cancha del Palacio 24 horas después para tratar de mantener sus opciones ante un Unicaja muy valiente, quizá porque ya lo tenía todo perdido. Quizá fruto del ‘mazazo’ que pudo suponer a sus aspiraciones la referida y celebrada canasta de su ex jugador, o quizá fruto de la relajación tras conquistar la Copa, el caso es que al equipo de Laso le costó 20 minutos reaccionar. Lo hizo a tiempo y, sin los agobios ni la heroicidad de los de Katsikaris, se dispuso, como los bilbaínos, a velar armas para la jornada final.
Y ante la jornada final, frente al espejo que le devuelve la mirada, a buen seguro retadora y decidida, se hallan Gescrap y Real Madrid esperando a los partidos del jueves en los que se jugarán el todo por el todo. Lo tiene mucho mejor el Gescrap Bizkaia, porque depende en gran medida de sí mismo. Si gana en Málaga, tendría que hacerlo el Real Madrid por una diferencia entre 23 puntos y 30 en Siena para quedarse fuera (ver en
www.gigantes.com todas las posibilidades). La lógica conduce a pensar que el equipo de Katsikaris tenga más fácil vencer en Málaga que el Real Madrid lo haga, y además por esa diferencia, en Siena.
Cuando escribo que el Bilbao lo tiene más fácil no quiero decir en absoluto que el Unicaja vaya a ser un rival entregado. En absoluto. Yo diría que lo contrario, que el equipo de Chus Mateo va a jugar el encuentro como si le fuera la vida en ello. Y es que le va mucho: la credibilidad, un tanto maltrecha después de tanto fiasco seguido, y también la fe en sí mismos y el respeto del entorno de un equipo que parecía estar llamado a hacer más cosas de las que ha mostrado hasta ahora. No hay que dar por sentado nada, que no parece si no que los bilbaínos viajarán a Málaga a cubrir un expediente. Y no va a ser así. Tienen, eso sí, los bilbaínos dos cartas a favor: ellos mismos y el Montepaschi.
Entre tanto, el Real Madrid tiene menos bazas porque si ganara el Gescrap –que juega a la misma hora, a los blancos no le cabría otra posibilidad que ganar por paliza –más de la que le dio el equipo de Siena en Madrid– para seguir adelante. ¿Un milagro? Pues tampoco. Una buena tarde, como la del Sant Jordi. No parece el Montepaschi un equipo propenso a dejarse arrollar y menos en casa, pero tampoco lo parecía el Barça antes de disputarse la Copa.
Ese Barça roqueño y duro atrás volvió a reaparecer en Cantú para asegurarse el primer puesto del grupo, algo que no parece estar al alcance de sus verdugos de hace una semana. Cosas del baloncesto, que como la vida no hace más que mutar a cada momento. Si todo va según la lógica –un eufemismo en el deporte, como ya saben– el próximo jueves los más felices deberían ser aquellos que ni siquiera estuvieron invitados a la Copa del Rey.