Última actualización 03/04/2012@11:30:10 GMT+1
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Ufffff! Un enorme suspiro de alivio se escapó de no pocos pechos en la lejana Kazán. Y también aquí, a miles de kilómetros de distancia de donde el Barcelona Regal selló su pase a la Final a Cuatro de la Euroliga. Era la manera de soltar la tensión acumulada tras dos partidos, el segundo de Barcelona y el de Kazán, ciertamente complicados. Pero sobre todo era la sensación de bienestar tras haberse sacado una espina que tenía muy hondo todo el barcelonismo. Porque solo accediendo a la F4 de Estambul podría cerrarse la herida que le produjo no haber podido defender el título conquistado en 2010 en su ciudad, Barcelona. El equipo se debía a sí mismo y a los aficonados este desquite. Navarro y el Barcelona pelearán en Estambul, entre el 11 y el 13 de mayo, por conseguir la tercera Euroliga para ambos, campitán y equipo, ya que Juan Carlos es el único jugador de la plantilla que permanece en ella de aquel mítico equipo de 2003, con Pesic en el banquilo, Bodiroga al mando y De la Fuente como capitán. En la de 2010 Navarro ya era el jefe indiscutible del Barça, pero quien levantó la copa era Rger Grimau. La Historia le debe a Navarro la posibilidad de levantar el trofeo tantas veces perseguido por el club azulgrana –once Finales a Cuatro hasta ahora– y tantas veces no alcanzado –diez–.
El Barça y Navarro van a la par en éxitos y de la plantilla que conquistara la segunda Euroliga en París hace dos años, además de Xavi Pascual y su equipo técnico, siguen el ya mencionado capitán, Sada, Mickeal, Vázquez, Lorbek y Ndong. No es una cuestión menor esa circunstancia, ya que en este tipo de competiciones haber participado antes... y haberla ganado evita dos cosas: la sensación de pardillo y el vértigo ante la posibilidad proclamarse campeón, que a veces juega muy malas pasadas. Esas son dos asignaturas ya las lleva bien estudiadas el Barcelona que también saben que las cosas no siempre son como los demás –e incluso ellos mismos– piensan que han de ser. El equipo de Pascual conoce todo tipo de situaciones y a buen seguro que, pasado este trago del Unics, viajarán a Estambul sin la incomodidad de ser el unánime favorito, tal y como le sucedió hace dos años en París, situación que solventó ganando su segundo título con una gran solvencia y autoridad.
A Estambul no acudirá el Barça con esa condición; esa vitola la tiene adjudicada el CSKA desde que Andrei Kirilenko fichó por los moscovitas y se refrendó –e incluso se amplió– cuando se acabó el lockout y el alero decidió que no ficharía por ninguno de los equipos de la NBA que le pretendían. Condición que ha puesto en entredicho un fabuloso Gescrap que mostró que el CSKA es al menos... un poco mortal. El equipo de Katsikaris mostró el camino para doblegar a los campeones rusos: correr, correr mucho, hacerles que corran hacia atrás, algo que no les gusta en absoluto. Claro que el Barça –que en Estambul sólo se enfrentaría al CSKA en una hipotética final– no es precisamente el ejemplo de equipo dispuesto a correr, con lo que si quiere que el pronóstico se invierta tendría que incidir en lo mismo que lleva haciendo toda la temporada y que le salió de maravilla en el partido de Kazán: ser un muro atrás; desmoralizar al rival con una buena defensa y aprovechar en ataque las situaciones que en el 5x5 le generen los movimientos pensados para que sus muchos jugadores talentosos, en especial Navarro, aparezcan.
En Estambul el equipo azulgrana tendrá enfrente al Olympiacos, que no dejó escapar en su incomodísima cancha de El Pireo la oportunidad que se concedió a sí mismo al quitarle al favorito Montepaschi el factor cancha tras ganarle el primer partido de la serie en Siena. ¿Es mejor –dentro de lo difícil que es cualquier equipo que llegue a una F4- rival para el Barça el conjunto de Dusan Ivkovic? No sabría decirlo a ciencia cierta tal y como ha transcurrido la eliminatoria, pero sí tengo claro que no tener enfrente a un jugador como McCalebb debe de ser un alivio para cualquier jugador y para cualquier técnico.
Tampoco ha sido fácil para el CSKA jugar en Bilbao. Más bien ha sido todo un trago. Los moscovitas debieron pensar que el Gescrap no sería ningún obstáculo en el tercer partido y no reservaron hotel, convencidos de que ganarían por 3 a 0. Pero los de Katsikaris fueron algo más que un obstáculo: fueron un dolor de muelas. No sólo se tuvieron que quedar dos noches más, sino que casi tienen que defender en Moscú su opción a estar en Estambul; salvaron la cara y la eliminatoria por una sola canasta, algo que dignifica el trabajo de los bilbaínos que han disputado una Euroliga impecable. No han podido hacerlo mejor y de caer, hacerlo ante el que para la inmensa mayoría es el mejor equipo del continente. Los de Kazlauskas no saben aún ante qué equipo disputarán la semifinal de Estambul, ya que la eliminatoria entre el Panathinaikos y el Maccabi es la única que está en el aire. Si hay que apostar, lo hago por los de Obradovic, quizá el rival al que el Barça le gustaría enfrentarse en la final. Para cerrar totalmente la herida.
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