El Barcelona, a base de trabajar atrás con unas defensas alternativas tan suculentas para sus intereses como desquiciantes para el Real Madrid, se apuntó un triunfo por 75 a 81 cuando más desarbolado parecía tras el tercer encuentro, forzando así un 5º partido que se disputará en el Palau el próximo sábado.
Fueron Lorbek (24 puntos, 4 rebotes y 4 asistencias) y Wallace (16 y 6 rebotes) los mayores protagonistas de un encuentro justo el día en el que peor lo tenían los azulgranas para lucirse por dentro, habida cuenta la sensible baja de Ndong. Ellos aplastaron a sus rivales blancos, uniéndose también a la fiesta un oportunísimo Huertas (15, 3/5 en triples) que anotó cuando más daño hacía al rival; no necesitó el Barça del mejor Navarro, aunque llegara a los 12 puntos el día que cumplía 32 años. Mirotic, quizá demasiado tiempo sentado, fue el que metió al Madrid en la pelea al anotar 6 de sus 14 puntos en los últimos minutos, aunque fue algo así como morir en la orilla. Pero la travesía no acaba aquí. El último puerto es el Palau.
Conocida la ausencia de Ndong no era el mejor día para hacer faltas tontas; alguien se lo tendría que haber recordado a Fran Vázquez, que antes del tercer minuto ya se había cargado con dos personales, ambas gratuitas; de ello se aprovechó Tomic antes de que mandaran al banco al pívot gallego. Claro que con Lorbek no se echó en falta su ausencia; entre él y Huertas permitieron al equipo azulgrana llegar por delante (15-17) en el primer cuarto ante un Madrid demasiado ansioso de coger ventaja, a lo que colaboró un atropellado Llull.
Las cosas no se tranquilizaron para los blancos en el segundo periodo; muy al contrario; Navarro, el gran agitador, llevó el marcador a un inquietante 25-31 para los azulgranas que entonces tomaron la delantera también en defensa al hacer un “caja y uno”, con Sada sobre Carroll, que complicó aún más la vida a un Real Madrid que quizá no estaba mentalmente preparado -¡vaya torpeza!- para que el arrollado Barça de 48 horas antes fuera arriba pasado ya el ecuador del segundo cuarto. Cuando se sentó Carroll el Barça defendió alternativamente en zonas e individual, llevando más confusión a los de Laso que no fueron capaces siquiera de lanzar en su última posesión antes que irse al vestuario, al que se retiraron con una desventaja de 5 puntos (34-39), con Wallace como mejor –y sorpresivo- elemento azulgrana.
A 9 puntos (44-53) se escapó el Barça antes de cumplirse el minuto 25, lo que llevaba a una lectura: el Madrid no había solucionado nada en el vestuario y en cambio el Barça se había reafirmado en que estaba haciendo bien las cosas. Las defensas alternativas estaban dando grandes réditos a los azulgranas y enmarañando a los blancos. Entonces Laso optó por opción de jugar con los dos bases, algo que se suele hacer o bien para conservar algo, que no era el caso, o ir a la desesperada. ¡Agua! El Barça sólo tenía a Huertas… que justo en esa fase jugó sus mejores minutos antes de llegar al final de tercer cuarto con un (relativamente) cómodo colchón, pese al regalo de Rabaseda a Llull en forma de falta innecesaria a un segundo: 55-62. Para entonces quedaban claras un par de circunstancias: el Barça paraba la mejor arma local, el contraataque, a base de cargar el rebote ofensivo, al tiempo que jugaba -¡sorpresa, sorpresa!- con mucha más velocidad de la habitual.
El colchón se mantuvo e incluso aumentó mientras Laso deshacía la pareja exterior para meter a Carroll por Llull a falta de 7 minutos. Otro intento. Otro desespero; si uno iba acelerado, el otro más. Y entre tanto, el Barça a lo suyo: a emboscar atrás y a atacar muy fuerte el aro rival, con Wallace pescando casi todos los balones que no acertaba a coger la revuelta defensa blanca: 60-73 a poco menos de 5 minutos. Luego llegó el arreón de Mirotic -¿por qué tanto tiempo sentado?- para dejar el cuatro partido en 75-81 final y que lleva la serie hasta su último aliento.