Brasil soñaba con el cambio de hegemonía en Sudamérica. Tenía motivos para hacerlo. Volvían a unos Juegos Olímpicos 16 años después, lo hacían con todo su potencial y la confianza de haber tuteado a Estados Unidos en un amistoso, ganado a España (ejem.) y casi a Rusia. Además, el quinteto base de Argentina suma un siglo y medio, carece de un ‘cinco’, casi no rota y encima Prigioni anda con piedras en el riñón. Pero el resultado fue el mismo de siempre (77-82).
Porque a Brasil le pasa con Argentina lo mismo que a Francia contra España. Una pared invisible les impide ganar. Como en 2010, campeonato al que también llegaron mejor que la albiceleste, se van a casa con la derrota que más duele.
Los de Julio Lamas, que por tercera vez consecutiva jugarán unas semifinales olímpicas, que se dice pronto, templaron los nervios, fueron más intensos, más equipo –cinco jugadores por encima de la decena de puntos– y demostraron más convicción en lo que hacían. Mientras, Brasil seguía errando tiros cómodos.
El 7 de 23 de los brasileños en triples es engañoso; anotaron tres con el partido perdido.
Les llegó su oportunidad, es cierto. De ir 15 abajo (46-61) a tener un triple a la pota coja de Marcelinho para empatar (con 71-74). El último tren.
Brasil se marcha cabizbaja y quinta, pues ya no se juega para decidir el orden final sino que se establece atendiendo a los registros de la primera fase.
Argentina está de nuevo a un partido de la medalla. Contra Estados Unidos, primero. ¿Cómo saldrá esta vez ese duelo, el tercero en lo que va de verano?
Rusia aprende a ganar sufriendo
Antes, en plena sobremesa española, Rusia cumplió los pronósticos contra Lituania (83-74), pero le costó mucho más de lo esperado. Y es que a los rusos, por primera vez en este verano, les afectó la presión. No metieron los tiros abiertos, perdieron muchos balones estúpidos y en varias ocasiones dieron vida a su rival por no saber romper el partido.
Mención aparte para Alexey Shved, a quien no le recuerdo una actuación tan mala. David Blatt había sido bastante duro con él en los partidos anteriores, sentándole en momentos clave (contra España) y regañándole en público (contra Brasil y Australia), pero en el de cuartos le dio todas las oportunidades que podía necesitar para enchufarse y más. No las aprovechó.
Su 2 de 12 en tiros y esas 4 pérdidas son una de las peores estadísticas de una estrella en estos JJ.OO.
Si Rusia ganó fue porque es un verdadero equipo en el que todo el mundo cuenta –esta vez decidió Monya, que promediaba 3 puntos por partido y metió 8 solo en el último cuarto–, por todo lo que hace Kirilenko (19 puntos, 13 rebotes) en una cancha de basket… y porque Lituania no daba para más.
La selección báltica siempre había jugado las semifinales olímpicas desde Barcelona’92, desde aquel verano memorable en el que le ganaron el bronce a la CEI, primer gran éxito como país independiente. Ahora les toca reflexión, porque el equipo actual parece agotado.
Sus jugadores más centrados todo el verano han sido Songaila, Jasikevicius y Kaukenas; 105 años suman. Sus NBA, Kleiza y Valanciunas, decepcionantes. Señal de que algo no va como debería. El cambio más obvio parece que llegará en el banquillo. Kestutis Kemzura por Rimas Kurtinaitis contentaría a los aficionados. Tampoco vendría mal sangre nueva, ni un tirador puro que enmudezca a los rivales. Es Lituania, no debería ser tan difícil encontrarlo.
Estados Unidos juega con Australia
Con el 56-53 en el minuto 22 alguien pudo pensar que Estados Unidos estaba teniendo problemas de nuevo. Nada más lejos de la realidad. Australia, que había ganado los tres partidos anteriores, peleó y fue honesta en el esfuerzo. Dejó una buena imagen… pero acabó perdiendo por 33 puntos (119-86). Una barbaridad entre equipos de alto nivel.
Los yanquis volvieron a conceder facilidades defensivas, y mientras duró el acierto de los Boomers el marcador se mantuvo parejo. Pero en el momento de la verdad decidieron. Cuando quisieron.
Kobe, posiblemente el jugador más gris del Team USA en estos Juegos, apareció por fin para clavar cuatro triples seguidos en el último cuarto que abrieron el abismo definitivo.
LeBron terminó con triple doble (11 puntos, 14 rebotes y 12 asistencias) otra actuación colosal y Durant hizo 14 sin darse importancia.
Estados Unidos se planta en semifinales con un brutal 45% en triples.
En el grupo oceánico, enormes de nuevo Joe Ingles (19 puntos) y Patty Mills (26 ptos.), que tiene muchas papeletas para acabar como máximo anotador de estos Juegos Olímpicos. Ha promediado 21.5 tantos por partido, así que mucho van a tener que sumar los Scola, Ginóbili, Pau y Durant si le quieren desbancar. Sería un gran honor para un jugador de, recordemos, 24 años.