Esta película ya la hemos visto varias veces este verano. Estados Unidos parece pasar apurillos para hacer hincar la rodilla a uno de sus rivales pero al final acaba ganando por veinte, treinta o cuarenta puntos. Los que quieran. Argentina, la eterna Argentina, la Argentina campeona, tampoco pudo evitarlo.
En un guión de partido muy similar al de cuartos de final contra Australia, o al de la primera fase ante el mismo rival, Argentina arrancó el segundo tiempo a 4 puntos (43-47). Su zona funcionaba y en ataque Ginóbili, Scola y Delfino conseguían intercambiar canastas con los yanquis, prolongando sus esperanzas de consumar la machada.
Duraron poco más.
Estados Unidos, que hasta entonces estaba lanzando por debajo del 25% en triples, empezó a enchufar uno detrás de otro. Y cuando el tiro de lejos no les entraba, lograban segundas opciones (15 rebotes ofensivos) que destrozaban a la defensa argentina.
Durant desde lejos –cuatro triples seguidos en el tercer cuarto– y LeBron desde todas las distancias, abrieron brecha (53-72 tras un parcial 2-13).
Una vez abierta la lata, Estados Unidos convirtió el último cuarto en festival (64-93 de máxima ventaja) y, viendo que la victoria estaba fuera de alcance, Argentina sentó a sus titulares pensando ya en el partido por el bronce.
Al final, LeBron James se volvió a acercar al triple doble (18 puntos, 7 rebotes y 7 asistencias) y su equipo acabó con un extraordinario 18 de 42 en triples (42%; firmaban un sobrenatural 45% antes de este partido).
Así, como se anticipaba desde hace meses, Estados Unidos y España se disputarán el domingo el oro olímpico. Como en Pekín’08. Es la primera vez que se repite final olímpica de basket desde los míticos duelos EEUU-URSS de los sesenta.