En la primera parte hubo demostración de contundencia y eficacia cerca del aro de Kaman, hubo interesante choque de trenes cuando el pivot alemán se las vio con Jawai. Hubo calidad de ese veterano llamado Brand, número uno en el Draft del 99, quien debía uno de los mejores pivots de la historia pero las lesiones se lo impidieron. Hubo sueño convertido en realidad en la figura del joven Abrines cuya vida ha cogido una velocidad de vértigo pasando en un abrir y cerrar de ojos de jugar con sus amigos en La Salle Mallorca a estar frente unos campeones de la NBA. Todo eso iba llenando un partido dominado inicialmente por los Mavs pero que cambió de guión en el momento en que Pascual juntó en pista a Navarro y Jasikevicius, una pareja a la que recurrirá muchas veces en partidos trascendentes porque más allá de las piernas, poseen ese conocimiento del juego y esa calidad de ejecución diferencial. El Sant Jordi necesitaba de mitos, necesitaba de estrellas, de jugadores como Vince Carter, uno de los mejores matadores de la historia de la NBA y al cual el público recibió con el cariño de quien agradece esos instantes inolvidables. Entre recuerdos, entre jugadores con más pasado que futuro el partido transcurrió en los primeros dos cuartos con Mickeal reivindicando su talento lejos de esa NBA que nunca le quiso. Al descanso se llegó con una mínima ventaja azulgrana (42-40).
PROTAGONISMO DE NAVARRO Y MICKEAL
Pero tras el descanso apareció Navarro y con él llegó por fin la fiesta al Sant Jordi. El capitán se olvidó de sus molestias en los pies, de su falta de entrenamientos y partidos y en unos minutos extraordinarios les envió un claro mensaje a los de la NBA que no valoraron su talento. Ofreció un recital de asistencias, de lecturas de juego, de acciones de estrella que dejó boquiabiertos a sus rivales para acabar matándolos desde la línea de tres (cinco triples). Nowitzki había avisado en la previa: “es uno de los mejores jugadores de Europa” y no se equivocó en su vaticinio. En ese tercer cuarto el Barcelona pareció sentienciar el partido haciendo Navarro más buenos a sus compañeros y a su entrenador. El Barcelona, jugadores y cuerpo técnico, le necesita como el aire que respira. Sentado Navarro apareció entonces Jasikevius, fugaz pero brillante presencia y el espectáculo prosiguió. Los que subieron a Montjuic para ver estrellas de la NBA disfrutando con esos dos cracks del Barcelona, uno medio lesionado, otro decían que medio retirado, que se encargaron de superar el músculo y calidad de los jugadores de Dallas, huérfanos de su estrella y sin capacidad para cambiar el rumbo de un partido que situaba el luminoso en un contundente 74-56 tras un parcial del tercer cuarto de 32-16.
ORGULLO NBA, ORGULLO MICKEAL
Y en el último cuarto llegó esa reacción de orgullo NBA presionando como universitarios, forzando pérdidas azulgranas y reduciendo ventajas provocando que Pascual pusiera de nuevo en pista primero a Mickeal quien se sumó a la exhibición de los veteranos y anotó puntos decisivos – máximo anotador del partido - y después, cuando el sudor frío recorría ya la espalda de alguno, surgió de nuevo Navarro quien, en su cuarto y quinto triple, mató el partido a dos minutos del final abortando las esperanzas americanas. Siempre es la estrella, siempre aparece, siempre muestra tu talento y, cuando no lo hace, sus compañeros y entrenadores no encuentran demasiadas soluciones. Suerte tuvieron todos, incluidos los 15.000 aficionados que subieron a Montjuic de que esa noche mágica la ausencia de Nowitzki la llenara Navarro.
BARCELONA: Huertas 10, Ingles 6, Mickeal 19, Lorbek 0, Tomic 12, Jasikevius 3, Navarro 17, Wallace 7, Jawai 13, Todorovic 2, Abrines 5, Rabaseda 1.
DALLAS: Brand 10, Mayo 3, Kaman 15, Collison 14, Marion 9, West 6, Wright 4, Carter 5, Jones 12, Cunningam 6, Akronion 3.