La temporada pasada fue la abundancia de talento y las dos anteriores, Butler. ¿Y en 2013?
El deporte universitario estadounidense, sometido a un escrutinio permanente, hace mucho que no es noticia por algo positivo. La cuestión es si este año no explotará todo el sistema de una vez.
Mientras, el ‘método Calipari’ sigue su curso. El último campeón nacional afronta la nueva temporada con cuatro freshmen de categoría y, por si fuera poco, ya se ha asegurado la mejor camada de novatos para el año siguiente, con los gemelos Harrison –el mejor backcourt del país– a la cabeza. Todo está listo para que Coach Cal, el odiado Coach Cal, prosiga con su rutina victoriosa: un 88% de partidos ganados en sus tres años en Kentucky.
Otros quieren discutirlo, han trabajado duro, han crecido, han reclutado talento, pero… ¿les dejarán jugar? Y, sobre todo, ¿quedará limpia de sospechas la competición? A apenas un par de semanas del comienzo de la temporada universitaria (el próximo 9 de noviembre) si uno se da una vuelta por las principales webs americanas que dan cobertura a la NCAA se encuentra con los siguientes titulares. ‘Continúa la investigación sobre los novatos de UCLA’. ‘Nerlens Noel espera jugar esta temporada con Kentucky’. ‘El agente de LeBron, investigado por su relación con Myck Kabongo’. ‘Duke cooperará con la NCAA en el caso Lance Thomas’. Y podríamos seguir.
Nerlens Noel, sucesor de Anthony Davis, realizó visitas no oficiales a Kentucky que no se sabe cómo pagó. A Shabazz Muhammad -el mejor jugador salido de instituto- nuevo Bruin de UCLA, le investigan, entre otras muchas cosas –a Muhammad, recién salido del ‘insti’, se la ha visto conduciendo un Cadillac Escalade–, por supuestos ‘beneficios impropios’, dinero recibido de vaya usted a saber quién. Su compañero Kyle Anderson, por su parte, debe explicar su conexión con un agente NBA. A Lance Thomas, porque a finales de 2009 compró joyas por valor de 100.000 dólares mientras jugaba con los Blue Devils. A Kabongo, porque alguien (su amigo y compatriota Tristan Thompson ha asegurado que fue él) le financió un viaje a Cleveland para trabajar con un entrenador… Ni que decir tiene que si algo de esto se prueba los citados jugadores no podrán competir este año en la NCAA. En el caso de Thomas, que ya es profesional, la gran damnificada sería la Universidad de Duke, que podría ser sancionada si se demuestra que su entonces alero titular no era amateur. Duke ganó el título nacional esa misma temporada, así que es normal que se muestren tan dispuestos a cooperar.
Respetando la presunción de inocencia de todos, claro está, uno no puede darle la espalda a la realidad del deporte universitario norteamericano, y en ella no solo hay estudiantes-atletas, entrenadores y los aficionados más fanáticos de Estados Unidos. También ‘boosters’, mecenas que hacen (y dan) lo necesario para que su alma mater gane. Y ‘runners’, buscavidas que peinan las canchas intentando ganarse la confianza de jóvenes prodigios y sus familiares para que, a la hora de contratar agente, elijan al que ellos señalen con el dedo. Y entrenadores de AAU, el circuito de torneos de verano, que acaban teniendo más influencia que los propios padres. Y amigos que ven en la estrella de turno su pasaporte para salir del gueto. Y la misma NCAA, una entidad definida como ‘sin ánimo de lucro’ que se llena los bolsillos con los astronómicos ingresos que recibe del March Madness.
Puede (ojalá) que Noel, Muhammad, Anderson y Kabongo jueguen sin problemas esta temporada, y que todos estos asuntos turbios se terminen olvidando, como parece haberse olvidado que alguien se hizo pasar por Derrick Rose para hacer su examen de acceso a la universidad. Puede que se olvide, pero harán falta buenos argumentos, deportivos, para ello. Los espero con ganas.