David Howman, director general de la Agencia Mundial Antidopaje declaró a la ESPN que los sistemas de control de dopaje en la NBA no solo están lejos de sus recomendaciones, sino que no tiene constancia de que se estén acercando. “(La NBA) tiene agujeros en su programa de detección de drogas; un punto medio entre lo que ellos hacen y lo que nosotros sugerimos sería mejor”, afirmó el dirigente.
“La NBA, a diferencia de otras grandes ligas, piensa que no tiene un problema con el dopaje, y por lo tanto no lo está tratando de la misma manera”, continuó. “Hay que ser muy cuidadoso cuando se dice que las drogas que mejoran el rendimiento no son beneficiosas para tu deporte, porque un día te demostrarán que estás equivocado, y será en el momento menos oportuno”.
Howman se refirió en concreto a la paradoja que supone que en la NBA no se realicen controles de sangre efectivos para detectar la hormona del crecimiento, aunque es una sustancia prohibida por la propia liga.
Hay que aclarar que el programa antidopaje de la NBA está incluido en el convenio colectivo (CBA), por lo tanto la liga no puede tomar decisiones al respecto por sí misma sin llegar a un acuerdo con el sindicato de jugadores.
El último jugador de la NBA sancionado por dar positivo por una sustancia que mejora el rendimiento (‘performance enhancing drugs’, PED) fue OJ Mayo en enero de 2011. El jugador fue sancionado con 10 partidos al serle detectada la sustancia DHEA en la sangre.
Poco tiempo después Derrick Rose concedió una entrevista a la revista de la ESPN en la que, a la pregunta de ‘De 1 a 10, ¿cómo de serio es el problema de los esteroides en la NBA?’, contestó que un 7. Rose negó después mediante un comunicado oficial haber dicho eso; negó incluso que le hubieran formulado tal pregunta.