Xavi Pascual, entrenador formado en ligas menores y por lo tanto con experiencia en el baloncesto de los “desaciertos” no se siente del todo incómodo en ese marco de juego donde el control de los errores y la provocación de los errores del contrario adquieren un mayor protagonismo. Evidentemente aspira - ¿y quién no? – a un baloncesto brillante, de velocidad, puntos, de acciones espectaculares que entusiasme tanto por la forma como por el resultado y de hecho algo parecido logró en su primera temporada como técnico azulgrana pero la realidad es que esa vistosidad lleva tiempo aparcada sin que ello le impida seguir siendo eficaz.
“Saber jugar mal”, saber sobrevivir a partidos trabados, a partidos marcados por los errores más que por los aciertos, es una de las virtudes que poseen algunos grandes entrenadores y Pascual está en ese grupo. Pesic, en su primera temporada en el Barcelona fue capaz de conseguir el triplete proponiendo un baloncesto poco atractivo pero tremendamente eficaz. Obradovic, en el real Madrid de los Antúnez, García Coll, Santos y también por supuesto Sabonis y Arlauckas, consiguió ganar una Copa de Europa “andando”. Maljkovic hizo lo propio con aquel famoso Limoge. O sea que ejemplo de grandes entrenadores consiguiendo grandes resultados desde un baloncesto de pocos puntos, obtenidos y recibidos, existen.
En los dos últimos partidos el Barcelona no ha recibido más de 50 puntos. 49 en Lituania, 50 en Zaragoza anotando en ambos respectivamente 65 y 67 puntos. Dos partidos con marcadores bajos y casi calcados que han evidenciado un control de la situación óptimo por parte del equipo de Xavi Pascual. Óptimo para el resultado aunque evidentemente no tanto para el aficionado en general necesitado de más fantasía aunque esa fantasía vaya acompañada de mayor imprevisión.