Llevar muchos años viendo baloncesto me permite tener la perspectiva de analizar actitudes de entrenadores, no sólo ante la prensa, sino durante los partidos. Dentro de los diferentes perfiles siempre me ha chocado el de los que se escudan en el desacierto de los jugadores para justificar el bajo rendimiento del equipo en determinados momentos. Gestos de desaprobación, rostro de indignación, broncas desmedidas, cambios de castigo y todo ello expresando culpabilidad unidireccional. “Con lo buen entrenador que soy yo, si el equipo no juega bien es porque tú eres un inútil, porque tú no te esfuerzas, porque tú no haces lo que yo te he dicho que hagas”… parecen reflejar algunos “grandes” entrenadores, no todos obviamente, durante muchos partidos. Aunque en algunos casos este tipo de reacciones puedan estar justificadas pienso que, en la mayoría, esa forma de expresar es un - inconsciente o no - mecanismo de autodefensa ante el entorno o simplemente una vulgar reacción ante el miedo por la derrota.
Que haya cámaras de televisión en los tiempos muertos o siguiendo los gestos del entrenador en el banquillo desvela todavía más los reproches que, en muchos casos, dan la sensación de ser justificaciones ante los aficionados que realmente estrategias pero reactivar al equipo. Porque esos mismos entrenadores que censuran sin reparos a su equipo cuando el rival les supera son los mismos que reprimen la sensación de alivio que les provoca que el acierto individual de esos mismos jugadores que solucionan con talento colapsos tácticos y se convierten en los artífices de la victoria y, por lo tanto, del éxito del equipo, entrenador incluido. Si un entrenador no es capaz de disimular su decepción cuando el jugador hierra sería lógico pensar que tampoco lo hiciera cuando acierta. Y sin embargo ahí sí, con ese triple inventado por el jugador, el gesto se convierte en estoico. Gestionar con naturalidad y a la vez serenidad el resultado del rendimiento de un equipo parece una virtud que la poseen muy pocos. Quizás para ser de verdad “gran” entrenador hace falta esa cualidad.