La NCAA como organización hace muy poco por ser querida… O entendida.
Shabazz Muhammad, unánimemente reconocido como el mejor jugador de su promoción y presumible Top3 del próximo draft, jugará hoy su primer partido con UCLA después de un turbio proceso de investigación que a punto estuvo de dejar al baloncesto universitario huérfano de una de sus más rutilantes estrellas.
Tras un año de investigación (digna de la KGB), la NCAA declaró ‘inelegible’ a Shabazz Muhammad el pasado 9 de noviembre, lo que le imposibilitaría jugar esta campaña en el basket universitario. La NCAA consideró demostrado que Muhammad, en su proceso de reclutamiento hace dos años, recibió dinero de un asesor financiero para realizar tres visitas no oficiales (en las oficiales es el centro el que corre con los gastos; en las no oficiales tiene que ser el jugador) a Duke y North Carolina.
Pero tras el recurso de UCLA la NCAA ha ‘liberado’ a Muhammad, quien podrá debutar esta misma noche ante Georgetown en las semifinales del torneo Legends Classic de Brooklyn.
El veredicto definitivo castiga a Muhammad con un sanción correspondiente al 10% de la temporada (tres partidos, que ya había cumplido) y le obliga a devolver los 1.600 dólares que recibió para realizar las citadas visitas no oficiales.
El libro de normas de la NCAA estipula que si un jugador recibe beneficios impropios por más de 1.000 dólares tiene que ser suspendido por un 30% de la temporada (nueve partidos). Entonces, ¿cómo se sostiene este castigo de tres partidos? No lo hace. Es otra muestra de arbitrariedad.
Tampoco se sostiene que después de una investigación de un año la NCAA emitiera su dictamen precisamente el mismo día en que arrancaba la temporada de UCLA.
La historia adquirió tintes de novela negra la semana pasada cuando un abogado contaba en Los Angeles Times que durante un viaje en avión hace meses escuchó a un hombre, identificado como marido de la abogada de la NCAA al frente del caso, decir que Muhammad estaba condenado de antemano.
No hay que darle más vueltas. Sea o no veraz este testimonio, la realidad es que la NCAA quiso dar ejemplo con Muhammad, igual que con su compañero Kyle Anderson y Nerlens Noel. Demostrar que están atentos y que no se les escapa nada. Y que los jugadores son los culpables. “Hay jugadores que se meten en problemas por aceptar dinero de terceros, pero no creo que eso les convierta en malas personas”, nos explicaba Nik Caner-Medley en un artículo sobre las grietas de la NCAA publicado en el número 1.358 de Gigantes.
La realidad es que se les escapa casi todo, y que el dinero que reciben bajo la mesa muchos jugadores que vienen de entornos complicados (no es el caso de Muhammad) es simplemente para subsistir, pero lo que realmente importa es que el maravilloso sistema NCAA permanezca intacto. De momento, lo hace.
El 90% de los ingresos de la NCAA llegan del basket, que involuntariamente subvenciona al resto de deportes universitarios (salvo el fútbol americano, todos son deficitarios) y al propio ente atlético, autodefinido como ‘sin ánimo de lucro’.
Después de pagar 1.600 dólares en concepto de multa a partir de hoy Shabazz Muhammad empezará a llenar los bolsillos de su universidad, en concepto de entradas y camisetas vendidas, y de la NCAA, con elevados índices de audiencia en televisión.
Si UCLA gana hoy es muy posible que mañana se mida en la final del torneo al favorito al título nacional, los Hoosiers de Indiana, que no pueden contar con dos jugadores (Peter Jurkin y Hanner Perea) precisamente por la misma falta cometida por Shabazz Muhammad… Solo que a ellos sí les sancionaron con nueve partidos.