Su situación se resume en apenas un párrafo y se explica en muchos renglones. El base/escolta/alero/ala-pívot de 18 años disputa su último encuentro con un club en noviembre de 2011. El KK Zagreb entonces es su conjunto y movido por su entorno decide desvincularse al comprobar que no había una apuesta ajustada a sus requerimientos y durante noviembre llega a no jugar ni un minuto. Desde entonces, le llueven ofertas europeas y la NBA conoce que saldrá en el draft más pronto que tarde. En verano sobresale otra vez más en el Europeo U18 con Croacia (MVP) y en agosto el Bilbao anuncia que ha logrado un preacuerdo de cinco temporadas con Saric y el Split le acogerá durante una temporada de cesión para que finalice sus estudios. Sin embargo, nada es tan sencillo. Como el KK Zagreb había protestado formalmente por la operación ante la FIBA (solicita un millón de euros), él no puede jugar en el Split y a finales de octubre el organismo internacional dictamina que la libertad queda en 550.000 euros. A principios de noviembre, el Bilbao desestima la contratación ya que su tope era unos 200.000 euros (“es un acto de responsabilidad; nunca había habido una resolución con tanto montante económico y el club ha decidido no hacer esa operación”, explicación oficial) y el Unicaja, el Efes, el CSKA y el Maccabi pujan mientras que el club de su Sibenik natal se mete en medio. En los últimos días antes de esta publicación (desestimados ya los anteriores clubes) viaja a Turquía para probar con el Fenerbahçe pero la letra pequeña del contrato no le convence (ir desde ya a ese equipo) y el Cibona de su país le ata el 28 de noviembre con un contrato de 4 años y un proyecto para permanecer ahí durante dos-tres años gracias a una salida segura hacia la NBA (¿para 2014?).
Todo muy enrevesado, ¿no?
Hasta ayer, intentar escribir algo definitivo sobre el culebrón de Dario Saric se antojó muy complicado. No hay más que acordarse de sus continuas idas y vueltas hacia ningún lugar. Numerosos clubes de Europa (desde la Liga Endesa hasta Turquía) preguntaron por él y lo que ha quedado claro es que su decisión unilateral de abandonar el KK Zagreb le trajo demasiada incertidumbre.
Sin embargo, hay un detalle importante en toda esta situación: el entorno del jugador no quiso un contrato que le atase de por vida. Y el Cibona facilitó todo con el pago del traspaso al KK Zagreb ayer. Además, es bien sabido que quiere una vía rápida y sencilla de escape a la NBA y esta temporada le han confeccionado un plan para finalizar sus estudios.
Sea como fuere, Saric tiene un don que la mayoría de los jugadores no se podría permitir: el de la paciencia, el de la espera. Sus cualidades son impresionantes y a él no se le va a olvidar jugar. Cuando regrese en unas horas a una pista con árbitros de por medio probablemente no tendrá el ritmo de competición necesario, pero su clase seguirá ahí. Realmente su talento ha estado secuestrado por un contrato que pretendió romperlo antes de tiempo. Llevar un año sin disputar un encuentro no le ha beneficiado, pero tampoco le ha inoportunado demasiado. Es un genio de 2.09 metros y el futuro es suyo. No está haciendo demasiado ruido para nada. Es un “jugador total” al que sólo se le puede defender atacándole y obligándole a cometer faltas. Si tiene el balón en sus manos, es casi indefendible y sus rivales en la Eurocopa y en la Adriática lo verán desde bien pronto.