David Vanterpool no debutó en la Euroliga hasta la treintena (con el Montepaschi), pero incluso así le dio tiempo a ganarla una vez (2006) formando parte de uno de los mejores equipos europeos de los últimos tiempos. En el CSKA de Moscú, su último equipo como profesional, desarrolló, además, una relación especial con Ettore Messina, quien contó con él también en sus primeros pasos como técnico.
En la temporada 2008-09 Vanterpool pasó a ser un asistente con funciones muy determinadas: hacer de mediador entre la plantilla y el técnico siciliano. Como había sido compañero de muchos de aquellos jugadores (Holden, Langdon, Smodis…), no había nadie mejor para el cargo; entendía las necesidades de los atletas y a la vez sintonizaba con lo que pedía su jefe. Esa misma temporada el CSKA llegaría a la final de la Euroliga.
Aquella experiencia fue decisiva en su reconversión a entrenador. Después de esa etapa fue contratado por Oklahoma City para realizar tareas de scouting y ayudar al GM Sam Presti. El pasado verano, cuando se especulaba con un incremento de funciones en los Thunder, Vanterpool, de 39 años, daba un paso adelante más al ser fichado por los Blazers como entrenador asistente de Terry Stotts.
Su tarea inicial en la franquicia de Oregon era tan importante como ilusionante: guiar los primeros pasos como profesional de Damian Lillard, la elección más alta de los Blazers en el draft (nº 5) y el hombre designado por muchos como futuro base-franquicia. Convertirse en su técnico de confianza. Analizar y corregir. Y los resultados cantan.
Lillard es líder entre los rookies en minutos (37), puntos (18.8), asistencias (6.2), robos (1.4) y tiros libres, de dos y de tres convertidos. En su primer partido en la NBA, ante los Lakers (ante Nash), hizo historia uniéndose a Isiah Thomas y ‘Big O’ Oscar Robertson como los únicos en hacer un partido de 20+10 en su estreno en la Liga (Lillard hizo 23 puntos, 11 asistencias). En once de sus veinte primeros partidos anotó al menos 20 puntos. Con él las opiniones de compañeros y rivales son unánimes: es una futura estrella de la NBA. Y si las lesiones siguen sin dejar tranquilo a Anthony Davis, será Rookie del año.
Lillard no ha dudado en hablar de su trabajo con Vanterpool como una de las claves de su adaptación. “Creo que estamos construyendo una relación sólida. Realmente conectamos desde el primer momento en que llegué a Portland”, explicaba el base al blog blazersedge.com.
Vanterpool acompañó a Lillard en todos sus entrenamientos de pretemporada, tanto en la pista como en el gimnasio o incluso haciendo carrera continua a su lado. “Dicen que a los jugadores les gustan los entrenadores que sudan con ellos. Pues David ha estado ahí siempre conmigo, trabajando duro. Él nos conoce [a los jugadores]. Sabe cómo es todo, qué nos gusta hacer, qué nos interesa”.
"Damian y yo hemos encajado perfectamente”, explicó Vanterpool al mismo blog. “Hemos pasado muchas horas juntos en el gimnasio, desde muy temprano. Trabajar así creo que ayuda a crear un vínculo con los jugadores”.
“Tener alguien como él cerca, un entrenador que no duda en decirte lo que necesitas oír en vez de lo que quieres oír, siempre es algo muy positivo”, añadió Lillard.
En el citado artículo Vanterpool, que compara a Lillard con Terrell Brandon, no escatimaba elogios para Messina, su anterior jefe. “Me enseñó mucho, los matices del juego. Cuánto de importante es ser un jugador que piensa, probablemente mucho más que ser un jugador físico, porque en algún momento de tu carrera vas a perder esas habilidades físicas en las que ahora confías. Si en ese momento puedes seguir usando tu cerebro, todavía podrás seguir teniendo éxito”. Es precisamente esto lo que intenta inculcar en su discípulo. “Tiene una capacidad atlética natural para hacer cosas especiales. Esa es la parte que te da dios, lo que no se puede enseñar. En la otra parte del juego, la cerebral, que está aprendiendo ahora, está siendo muy receptivo. Cuanto más rápido lo haga, mejor jugador será”.