Viendo el rostro desafiante de Navarro, escuchando el discurso preparado de Xavi Pascual y leyendo las serenas reflexiones de Joan Creus mal harían los rivales azulgranas de menospreciarles precipitadamente. Siete derrotas son muchas, excesivas para un equipo acostumbrado en los últimos años a vivir instalado en la frontera del éxito y que se enfrenta, con experiencia y respaldo del club, a una situación mucho más complicada de lo esperado.
Creus recuerda que un club como el Barcelona “nunca está en transición y que existe la confianza en tirar adelante”. Pascual, que la situación a estas alturas, teniendo en cuenta los muchos cambios en la plantilla “podía ser previsible excepto por dos derrotas en casa (Valladolid y Obradoiro)”. Pero lo más importante de las últimas horas se produjo en el vestuario, reunidos solamente los jugadores, mirándose a los ojos y conjurándose para salir de la crisis en base a unos argumentos que el capitán azulgrana domina perfectamente tras quince años de profesional. Sabe Navarro que ese plus de eficacia que se necesitan en situaciones límite siempre depende de los jugadores muchos más que de los entrenadores y, por lo tanto, sabe que ha llegado el momento de expresar sobre la pista el talento que, indiscutiblemente, tiene el equipo. “Los jugadores nos hemos reunido y hemos hablado” confesó La Bomba y de esa conversación salió una declaración declaración de intenciones focalizada en los dos próximos retos: “Es imprescindible ganar al Fenerbahce para recuperar sensaciones” de cara al siguiente partido frente al Real Madrid.
Navarro ha acelerado la recuperación de sus molestias musculares y Jawai ya entrena con casi total normalidad. Los dos estarán – si no recaen los próximos días - ante el Real Madrid el día 30 en un clásico que se convertirá en la oportunidad ideal para acabar el año cambiando la dinámica. De lo contrario, las uvas azulgranas, tendrán un sabor demasiado amargo.