Reportajes
NBA
Sacrificio ilimitado
Última actualización 05/01/2009@16:16:02 GMT+1
¿Puede un chico blanco, pelirrojo, de 2.06 y no especialmente musculado ser un ‘cinco’ determinante en la NBA?
Sí, pero sólo si te llamas David Lee.
[Por Fernando Martín
Fotos: Getty Images]
Llevar un ojo morado y levantarse con dolores en todo el cuerpo después de defender a los
más grandes pivots de la NBA es algo con lo que David Lee (St. Louis, 1983) convive
casi a diario desde hace años. Es una sensación tan familiar para él como para los demás
ver su nombre entre los máximos reboteadores de la mejor liga del mundo… siendo más
bajo y jugando muchos menos minutos que el resto. La última vez que un blanco acabó
una temporada como líder de rebotes fue en 1986: Billy Laimbeer. Lee, favorito de la grada del Madison
Square Garden, es ahora mismo el único jugador en la liga que podría repetirlo. Con 14.4 puntos y 10.6 rebotes, además, es sólo uno de los
diez jugadores de toda la NBA que promedian un
doble-doble por noche; sin embargo, el antiguo alapívot
de la Universidad de Florida no está ni entre
los treinta más votados del Este para el próximo All
Star. Los prejuicios mandan… Injusticia clara.
De abucheado a idolatrado
«Yo siempre intentaré jugar más duro que el tío
que tengo delante; así es como he entendido este
deporte siempre. Es como salgo a jugar cada partido
», explicaba en una ocasión David Lee, que en
las cuatro temporadas que lleva en la ‘Gran Manzana’
ha pasado por todas las situaciones posibles.
Desde que su entrenador le buscara acomodo como
segundo alero a convertirse en uno de los mejores
sextos hombres de la NBA. Y ahora, la recompensa
de Mike D’Antoni: nada menos que ser el ‘cinco
titular’ de los New York Knicks –al menos hasta
que se recupere Eddy Curry o se lleve a cabo algún
traspaso–. Harto inverosímil para un blanco de
2.06 y poco más de 100 kilos, aunque el trabajo en
el gimnasio de este verano se deja notar.
Su camiseta con el número 42 ocupa un lugar
privilegiado en la tienda de su equipo. «Adoro
Nueva York y adoro jugar aquí», dice. Pero ese cariño
del público no ha sido siempre así. En 2005 el
Garden recibió con abucheos su elección en el
draft, en la posición 30º de la primera ronda. El
chico blanco que venía de jugar en Florida con
Billy Donovan, ni demasiado alto para ser un pívot,
ni demasiado buen tirador para ser un alero,
no era lo que la exigente afición neoyorquina quería
–no lo es nunca–. Pero Lee cambió todas las
opiniones muy rápido. «Vine para probar que estaban
equivocados. Si hay algo que he aprendido de
Nueva York es que todo puede cambiar en un periodo
de cinco partidos».
El método D’Antoni
Aunque sus anteriores entrenadores no han escatimado
elogios, ha sido Mike D’Antoni el primero que ha depositado
su confianza total en Lee, otorgándole la titularidad en
el centro de la pintura; una apuesta arriesgada aún conociendo
la característica intensidad y pasión competitiva del jugador.
Al cierre de estas líneas, el jugador de Missouri había sido titular
en 20 de los 27 partidos de los Knicks, la mayoría como
‘cinco’; nunca había sido de la partida con tanta frecuencia. Y
es curioso que sea con D’Antoni, pues él no quiso elegirlo para
Phoenix en el draft de 2005 al dudar de sus capacidades ofensivas,
la primera virtud que el italo-americano valora de sus jugadores.
Probablemente cambiaría de opinión poco después: en
el mes de enero siguiente sus Suns perdieron en Nueva York entre otras cosas por los 23 puntos (10/11 en tiros de dos) y 15
rebotes del entonces alero rookie de los Knicks.
«Adoro a David Lee. Leí en algún sitio que no encaja en mi
estilo de juego. Vamos a ver, él asegura 10 rebotes y 10 rebotes:
¡encaja en el estilo de cualquiera!», afirmaba poco después
de ser nombrado técnico jefe. Los 37 puntos y 21 rebotes del
pasado 29 de noviembre ante Golden State, el primer partido
de 30+20 que lograba un jugador de los Knicks desde 1997,
son una prueba suficiente de que, en efecto, encaja.
Energía sin fin
«David Lee es un jugador que se sacrifica totalmente por el
equipo. A veces es demasiado poco egoísta, pero creo que eso es
bueno; desde luego mejor que tener un tío que lance 25 ó 30
tiros». La descripción de Billy Donovan, que contó con él en
Florida durante cuatro años, es suficientemente elocuente. De
hecho el doble campeón de la NCAA fue de los primeros en
apreciar sus capacidades; en pleno proceso de reclutamiento
viajó en avión a St. Louis exclusivamente para saludarle tras un
entrenamiento… y quince minutos después se volvió a Florida.
Donovan fue de los primeros en comprobar que Lee es
siempre el ‘primero en llegar y último en irse’ de los entrenamientos,
filosofía que se extiende al trato con los aficionados.
«Mi teoría es que si vives de manera adecuada fuera de la cancha,
haces las cosas correctas y tratas a la gente como debes, todo
eso se acabará trasladando a la pista», enunciaba el jugador.
Hasta que le llegue el reconocimiento merecido, seguiremos
disfrutando con su juego total y su continuo desafío a la lógica.