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Hemeroteca :: 03/02/2009
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Personaje

La aventura Americana

Última actualización 03/02/2009@13:17:47 GMT+1
Hace cuatro años tomó una decisión valiente y arriesgada. Dejó Valencia, el Pamesa y todo lo que conocía por jugar al baloncesto y estudiar una carrera en Philadelphia. Ahora, en su última temporada en la Universidad de Temple, completa su formación antes de, muy previsiblemente, volver a España… para jugar.

[Por Fernando Martín
Fotos: Getty Images]
En unos cuatro meses Sergio Olmos terminará Matemáticas, la que según un estudio reciente es la carrera con más futuro y salidas en Estados Unidos. Unas semanas antes el pívot español de 2.13 y 22 años habrá concluido también su etapa como jugador universitario en los Temple Owls. Si las cosas salen bien intervendrá en la March Madness de nuevo. En 2008 ya lo hizo; sólo un partido ante Michigan State, pero bastó para deslumbrarle. «Fue increíble. Es un acontecimiento que se sigue tanto en el país que la prensa te rodea constantemente. Sientes que todo el mundo te está mirando. Es una de las experiencias más significativas que he tenido; incluso perdiendo en primera ronda». No le faltan historias que contar, aunque, como reconoce al empezar a hablar con él, le sea más fácil relatarlas en inglés que en español: «me cuesta cambiar el chip», dice. Tras cuatro años allí, se ha adaptado por completo al entorno.

Vive en un edificio del campus donde comparte planta con todos sus compañeros de equipo. Él tiene habitación individual; privilegio exclusivo de los seniors. Promedia 8.3 puntos, 3.6 rebotes y 1.4 tapones, topes de su carrera, aunque en las últimas dos semanas ha perdido la titularidad después de hacer sus mejores partidos desde que está en los Owls. «Estoy pasando un pequeño mal momento. Juego bastante menos que antes y no me están saliendo las cosas. Lo veo como un toque del entrenador, que quiere más de mí. Me lo tomé un poco mal al principio, pero ahora lo llevo mejor. Así es el deporte», explica serenamente.

Medalla de bronce en el Torneo de Mannheim de 2004 y antiguo junior del Pamesa –donde coincidió con Víctor Claver–, no ha tenido un camino de rosas hasta donde está hoy. «He sacrificado bastante por esto. Es muy difícil venir aquí tan joven, sin saber más inglés que lo básico, sin conocer a nadie, sin familia… Es muy duro, sí. Ha habido momentos en que casi hago las maletas, pero ahora miro atrás y no me arrepiento porque es una experiencia que merece la pena».

Año crucial
El año senior de un jugador que ha decidido completar el ciclo universitario es vital para su carrera como baloncestista. Olmos se perdió los primeros cuatro partidos de la temporada por una lesión leve, pero cuando volvió a estar activo hizo sus mejores minutos desde que está en Temple, incluido un partido de 19 puntos, 7 rebotes y 5 tapones en una victoria ante Tennessee –entonces equipo nº 8 en el ranking nacional– que dio la vuelta al país. «Fue un partido importantísimo; mi mejor encuentro desde que estoy aquí», reconoce. Tras la hazaña su equipo perdió tres seguidos: «es hasta normal cuando te vienes tan arriba…». Luego, su entrenador Fran Dunphy le relegó al banquillo tras promediar 27.2 minutos en siete partidos como titular. «Yo sólo puedo seguir trabajando como hasta ahora», reflexiona Sergio, confiado en volver a recuperar el puesto en el quinteto inicial que ya tuvo toda la pasada campaña. «Es un año muy importante para mi futuro y yo me encuentro bien».

Los 2.13 que atrajeron la atención del anterior técnico de Temple, el longevo John Chaney –que les programaba entrenamientos a las 5:30 de la mañana–, ahora vienen acompañados de otra constitución. Ha tenido una gran evolución física, aunque el pívot nacido en Alicante sabe que tiene que seguir trabajando. «He mejorado mucho mi físico, pero aún debo seguir y conseguir jugar más agresivo e intenso. Aquí se juega a mil por hora y te enfrentas a tiparracos muy duros».

Inviernos a 10 bajo cero y libros
Temple está ubicada dentro del casco urbano de Philadelphia, la llamada por los yanquis ‘ciudad del amor fraterno’. Sergio se ha acostumbrado a ella y a las temperaturas extremas que se registran en invierno. «Me gusta Philly, es diferente a todas las ciudades de Estados Unidos… aunque prefiero la vida en España», puntualiza. Y también expresarse en español, algo que desde hace unas semanas puede volver a hacer con su nuevo compañero, el base argentino de 18 años Juan Manuel Fernández, que sigue los pasos de su compatriota Pepe Sánchez, ex jugador de Temple.
«El otro día miré y hacía 10 bajo cero en la calle. El invierno es duro, pero yo ya llevo cuatro aquí; te acostumbras». También a los duros horarios, que llenan sus días de actividades. «Tengo muy poco tiempo libre durante la temporada de basket. A veces hay pesas a las 7 de la mañana. Luego clases toda la mañana y por la tarde tres o cuatro horas de entreno. Y cuando llegas a casa… tienes que estudiar». La vida del estudiante-atleta no es fácil, aunque él la está llevando a buen puerto.

En el semestre pasado obtuvo las mejores notas desde que estudia Matemáticas, carrera vedada para el común de los mortales. Él la podrá terminar –si no hay problemas– allá por mayo. «Yo quería hacer Arquitectura, pero aquí era demasiado difícil; aunque Matemáticas no es nada fácil». Con dos partidos por semana, viajes por todo el país y entrenamientos leoninos, es una heroicidad. «No estudio esto por trabajo; es una meta personal. Yo quiero jugar al baloncesto y cuando acabe, lo intentaré de nuevo con arquitectura. Creo que me llenaría mucho».

Repetir la ‘locura’
Lo que le queda desde aquí hasta marzo es la parte fundamental de la temporada. Su equipo está maduro y el objetivo es volver a jugar en el ‘Gran Baile’, el Torneo de la NCAA, para lo que seguramente tendrán que quedar campeones de su conferencia, la Atlantic 10, logro que ya consiguieron el año pasado ante Saint Joseph’s. «Tenemos posibilidades de entrar. El año pasado empezamos peor que en éste y ahora somos mejor equipo. Sería una buena despedida para mí; voy a hacer todo lo posible por volver a jugar allí».

Del camino que en su día recorrieron Íker Iturbe, Rodrigo De la Fuente o Roberto Morentín, Olmos se llevará un bagaje importante de Philadelphia, deportivo y humano. Podrá recordar la histórica cancha de Kansas, con 18.000 gargantas en su contra, o el partido contra Duke con 23.000 espectadores en el Wachovia Center de los Sixers. El ambiente irrepetible de los partidos universitarios. Pero, y lo deja claro, él quiere volver a España «para jugar. El nivel ya se determinará». Ésa será otra batalla que está dispuesto a librar.
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