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Habemus seleccionador. Sergio Scariolo se ha comprometido con la FEB –una vez que el presidente José Luis Sáez llegó al acuerdo con los directivos del Khimki– hasta los Juegos Olímpicos de 2012. Es de esperar que éste sí –a diferencia de sus cinco antecesores en el cargo– cumpla lo ahora pactado. Sería una buena señal para nuestro baloncesto. Resuelto esto podrán ponerse a trabajar todos los implicados en la labor de hacer que la selección española llegue al Eurobasket de Polonia en las mejores condiciones para optar a esa medalla de oro europea que tanto ansía el baloncesto español. Tiempo habrá para que hablemos de los jugadores que allí estén y que afortunadamente conforman una amplia lista de más veinticuatro jugadores. A los once que fueron a los Juegos –el capitán Carlos Jiménez ya se despidió tras Pekín, aunque está para seguir, eso es indudable y mejor que nadie lo sabe su ex entrenador Scariolo–, más los que mencioné la pasada semana en esta misma columna –Llull, Vázquez, Claver, Cabezas, Sada y Blanco– podría añadir a Sergio Rodríguez, Ribas, Sonseca, Vidal, Gabriel, Suárez, Mario Fernández y Triguero, quien habría sido el decimosegundo hombre de Aíto en Pekín de no haber podido acudir Garbajosa. Un lujo que a buen seguro Sergio Scariolo sabrá administrar. Un Scariolo que tendrá ahora que trabajar duramente en el Khimki, que ha iniciado la segunda fase de la Eurocopa con dos dolorosas derrotas, una de ellas –vista en directo por Sáez– a manos de su más encarnizado rival para alcanzar al CSKA, el Dynamo de David Blatt.
Así que, con todo en orden en la FEB y en Moscú, sin perder de vista la cada vez más caliente ACB, donde siguen echando entrenadores y buscando ungüentos mágicos en otras pizarras –Javier Imbroda por Ricard Casas en el ViveMenorca– sin dejar de mirar a la –ahora sí– impactante Euroliga, en la que cada jornada es decisiva, es el momento de tomarnos un respiro y disfrutar del baloncesto como pasión lúdica. El All Star de la NBA es la mejor terapia para ello. O debería serlo. Mirar para disfrutar sin importar resultados. Pero me parece que no va a ser posible descargarnos de toda la tensión. En España vamos a ver el Fin de Semana de las Estrellas con más ardor que nunca. Llamarlo como queráis, pero el que más y el que menos quiere ver a Rudy compitiendo –que no es lo mismo que participando– en el concurso de mates del sábado. También querremos ver cómo el mismo Rudy y también Marc Gasol demuestran por qué están triunfando en su primera temporada en la NBA. El estilo del escolta, sobre todo si tiene bases generosos en su equipo que le sirvan balones para sus estratosféricos alley hoops, debe moverse como pez en el agua en ese tipo de partidos. Más complicado para brillar lo va a tener el estilo sobrio de Marc; fajarse no es lo que más se estile en el partido entre rookies y sophomores, pero todos disfrutaríamos si termina como máximo reboteador.
Pau Gasol vuelve al partido de las estrellas tres años después de jugar el primero; vuelve, no lo olvidemos, porque está en los Lakers donde por fin –y ya lejos del influjo negativo de Memphis que ahora padece su hermano– se le puede ver en la verdadera dimensión como jugador, un jugador importante dentro del engranaje de un equipo importante. A Pau ya le estamos pidiendo –lo he leído y escuchado– que esta vez meta puntos; si en Houston’06 fue el máximo reboteador del equipo de Oeste (¡12 rebotes en 14 minutos!) en Phoenix queremos que meta puntos y, a ser posible, por encima de la decena. Ya veremos cómo se decanta la cosa porque en este tipo de partidos en los que todo parece risueño y amistoso, subyacen no pocas inquinas y afloran de manera más o menos solapada, los grandes odios que genera el día a día de una competición tan exigente. Tras los besos de Thomas y Magic antes de salto inicial salían a relucir las dagas. El mismo Thomas pasó factura a Jordan negándole balones en algún que otro partido; en las manos (y el cerebro) de los bases y escoltas está muchas veces la decisión que a quién ‘hacen’ MVP. En Phoenix, tras la exultante temporada que están firmando LeBron James y Kobe Bryant y más después de los 61 puntos del de los Lakers en el Madison, ¿alguien duda de que vamos a ver una lucha a muerte por llevar a sus respectivos equipos al triunfo y de paso obtener el MVP como ensayo general para levantar luego el trofeo de jugador más valioso de la temporada? Así que disfrutemos de los saltos y pases mirando a la grada pero no perdamos de vista las pasiones; que en el All Star también existen.